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¿Deben los padres inmiscuirse o inhibirse en la vida de sus hijos, jóvenes o adultos?
Inmiscuirse en la vida de los hijos, sean jóvenes o adultos, para educarlos mejor o para corregir sus errores, no es entrometerse, interferir, injerir, interponerse, mangonear o fisgonear en su vida privada


Por: Francisco Gras | Fuente: http://blog.micumbre.com



Inmiscuirse en la vida de los hijos, sean jóvenes o adultos, para educarlos mejor o para corregir sus errores, no es entrometerse, interferir, injerir, interponerse, mangonear o fisgonear en su vida privada. Esos verbos son sinónimos peyorativos de una actividad que los padres, tienen la obligación irrenunciable de realizar, empleando todos los medios morales y legales que estén a su alcance. Antes de decidir si se deben inmiscuir o inhibir en algo, (acción u omisión) se debe analizar profundamente, el modo de hacerlo o no hacerlo, así como las consecuencias que podría originar esa decisión. Tanto si la decisión es mantener o fomentar un pensamiento, decir unas palabras o realizar unos hechos.

Si, a las críticas constructivas, no a las destructivas. Las críticas realizadas a los hijos, no deben considerarlas como una intromisión en su vida privada, tengan la edad que tengan, pues los padres tienen razón, obligación y autoridad para hacerlo y así, mantener en lo posible la llama sagrada de la educación.

No se puede considerar peyorativo inmiscuirse, sobre todo en cosas graves en las vidas de los hijos jóvenes o adultos, ya que los padres tienen la obligación de velar por ellas y por su mejor futuro. El hacerlo es una obligación realizada, en el mejor beneficio de ellos. El no inmiscuirse en sus vidas por dejadez, miedo, negligencia, por el qué dirán o por no querer enfrentarse, ante los problemas que pudieran acarrearles, supone una dejación de las obligaciones adquiridas, con la paternidad responsable. Dejadez que en muchos casos, puede ser castigada por las leyes civiles y morales.

Es una irresponsabilidad inhibirse de la vida de los hijos, sean jóvenes o adultos, y abandonarlos a su suerte, cuando las obligaciones parentales están bien claras y hay obligación grave de cumplirlas. Estos casos de inhibición se dan con mucha frecuencia, en el caso de divorcios, donde la persona que no tiene la custodia de ellos, los abandona a su suerte o a lo que les pudiera ocurrir, con la nueva pareja de su ex-esposa o ex-esposo. Inhibirse de proporcionarles la manutención obligatoria, legal o extralegal, es un crimen, por muchas peleas que haya habido en el matrimonio. Inhibirse de los graves problemas que pudieran tener los hijos, aunque estén viviendo independientemente, también es faltar al compromiso familiar, que en su día adquirieron. Los hijos, como los padres, son para toda la vida, no como los amigos, que se puede prescindir de ellos, cuando conviene a las partes.

Los padres muchas veces pueden y deben mediar, honradamente, en las disputas que pudieran surgir entre sus hijos adultos y sus familias. No pueden inhibirse y decir, que sus problemas los arreglen ellos, pues para eso se han independizado del hogar familiar. Un buen consejo o acción de los padres, realizada a tiempo, puede solucionar muchos problemas, antes de que lleguen a mayores.

Los padres no pueden inhibirse de la educación de sus hijos, si esa inhibición les podría producir graves daños, tanto en temas escolares, religiosos, familiares o sociales. Los padres no pueden ignorar, cuando es importante, urgente o necesaria su presencia, consejo o apoyo, tanto en su vida privada, como en su vida ante otros colectivos. Ya que incluso cualquier grave inhibición, cuando hubiera sido necesario, podría generar en perjuicio de los propios hijos, otros componentes de la familia, los amigos o la sociedad en general. Los padres siempre tienen que estar pendientes de lo que sus hijos hacen, para intervenir incluso preventivamente, antes de que sea tarde. Los padres no pueden alegar, cuando el tema es importante o grave, que por su comodidad han dejado de inmiscuirse en los problemas de sus hijos, inhibiéndose de determinadas situaciones.

No existe el concepto de inmiscuirse, en las vidas de los hijos menores de edad, que viven en el hogar familiar y bajo su patria potestad o de hijos adultos, que también viven en el mismo hogar. Los padres tienen la irrenunciable obligación, de educar a sus hijos y velar por su bienestar. Para ello, cuando se trata de educar a los hijos, pueden recurrir a todas las herramientas posibles, que sean moral y legalmente aceptables. La obligación decrece, pero no desaparece, cuando los hijos adultos abandonan el hogar familiar, para hacer su propia vida. Inmiscuirse en sus asuntos y no inhibirse, es obligación de los padres, para evitar que haya malos comportamientos o desviacionismos, que posteriormente, si no se corrigen a tiempo, podrían traer graves consecuencias para los hijos, para los padres y para el resto de la familia.

No es inmiscuirse en la vida privada de los hijos, cuando los padres revisan sus mochilas, carteras, teléfonos, computadoras, libros, objetos, ropas, habitaciones, automóviles, etc. para conocer los detalles, del tipo de vida privada que llevan. Tampoco es inmiscuirse, cuando los padres tratan de enterarse de las amistades, noviazgos o sitios que frecuentan. Los objetos o señales que encuentren, les darán la posibilidad de ahondar más en la educación de los hijos, haciendo las correcciones oportunas. Inhibirse de hacerlo es una falta grave, muchas veces con resultados irreversibles.

Si desde que los hijos son pequeños, los padres empiezan a inmiscuirse en las cosas de ellos, más fácil será corregir las posibles desviaciones que tengan, y que suelen quedar reflejadas, en las cosas anormales que los padres encuentran en sus pesquisas. Si esperan a hacerlo, cuando los hijos ya sean púberes o adolescentes, es muy posible que lleguen tarde, a enterarse de lo que ocurre en la vida privada de sus hijos. Especial atención deben darle a los problemas, cuando los hijos ya no son niños, pero todavía no son adultos, por lo que no se sienten parte de los unos, ni aceptado por los otros.

Algunos padres de determinadas sociedades, apoyados por determinados profesionales de la salud mental o de la educación, prefieren que sus hijos se críen en total libertad, de hacer lo que les de la gana, considerando que cualquier comentario o actuación que les lleve la contraria, es inmiscuirse en la vida privada de los hijos y se pueden frustrar. Esta postura de no inmiscuirse en la educación de los hijos y de inhibirse de sus incipientes problemas, suele ser producto de la comodidad, porque “si no hago nada, nada sucede” No suelen tener en cuenta, que si la educación de los hijos no está bien dirigida, estos caerán en manos de los muchos depredadores, que siempre andan a su alrededor. Bastante difícil está la vida, como para no intentar conocer todos los detalles de los hijos, para así poder obrar anticipadamente, en función de los que vean u oigan. Nunca deben ceder ante la obligación irrenunciable de los padres, de educar a sus hijos, en el amplio sentido de la palabra.

Los hijos ya independientes, no deben sentirse inmiscuidos, entremetidos o interferidos en sus vidas privadas, si reciben de sus padres opiniones o puntos de vista diferentes a los suyos. Deben entender que, son únicamente consejos, para continuar ejerciendo su obligación de educar y guiar la forma de sus vidas, aunque tengan una vida independiente. Nunca deben tener la inseguridad o el miedo, a perder su independencia familia, por no saber resolver sus propios problemas, conocidos o desconocidos. Siempre les queda el recurso de que, la última palabra y el poder de decisión, es de ellos. Tontos serian estos hijos adultos, si no aprovecharan el caudal de experiencias, que normalmente tienen los padres y hacen caso omiso o desprecian lo que les dicen, que se supone es siempre en su propio beneficio.

No es inmiscuirse en sus vidas de adultos, cuando los padres opinan con buen criterio, lo que deberían hacer o no hacer, en determinadas cosas, máxime si son graves o ponen en peligro su futuro y el de su familia, debido a que van por un camino equivocado. Los padres tienen el derecho y la obligación irrenunciable, de hablar muy claro a sus hijos y darles los consejos convenientes. El mismo derecho irrenunciable e indiscutible, tienen los hijos independientes, a hacer su propia vida, sin seguir los consejos u observaciones que sus padres les hagan.

Los padres pueden arruinar las relaciones matrimoniales de sus hijos, por lo que tienen que tener mucho cuidado en lo que atañe con sus hijos que viven independientes, si al inmiscuirse en sus cosas, lo hacen de forma inconsciente, improcedente y de mala forma. No es lo mismo inmiscuirse en cuestiones graves o importantes, donde algunas veces es necesario intentar abrir los ojos de los hijos casados o solteros, por muy mayores que sean, en beneficio de ellos mismos, de sus hijos y del bienestar de su familia.

Hay situaciones límites, donde los padres tienen la obligación de inmiscuirse. En esas ocasiones, no pueden inhibirse de tomar el riesgo que sea necesario, con tal de salvarles de algún grave problema, aunque corran el riesgo de que sea mal entendida su buena voluntad, para solucionar un mal mayor. Pudiera ser heroico tener que tomar el riego de inmiscuirse, ya que los padres con su sincera, valiente y decidida actitud, pueden perder situaciones ventajosas, económicas, familiares o sociales. Los hijos bien educados casi siempre les van a escuchar y en muchos casos, a creer las opiniones de sus padres, aunque sientan que se están inmiscuyendo en su vida privada. Tolerarán que les hablen de determinados temas, sobre todo de los que sean más difíciles de escuchar, y que en ningún caso, permitieran que se las dijeran sus amigos u otras personas, aunque fueran verdades irrefutables. Es un equilibrio entre inmiscuirse e inhibirse, que en el caso de los hijos independientes, la elección tiene que ser la de “mejor pasarse, que quedarse corto”.

5 Principales conceptos de lo que se piensa, se dice o se hace, al inmiscuirse en la vida de los hijos:

¿Es la verdad según mi mejor buena fe, desprovista de todo prejuicio y connotación egoísta y según los principios de la religión y cultura que practico?

¿Es equitativo y equilibrado para todos los interesados? ¿Creo firmemente que nadie saldrá dañado, incluso ni con el lastre del “daño menor”? ¿Sabré éticamente renunciar a la fuerza para imponer condiciones y no contentarme con concesiones timoratas?

¿Creará buena voluntad y mejores amistades? ¿Conseguiré un sano y recíproco enriquecimiento afectivo? ¿Manejaré bien el inmiscuirme con un diálogo prudente, juicioso y sabio o inhibirme razonablemente, para obtener la mejor comprensión, tolerancia, saber escuchar, ganar voluntades y amistades, aunque haya intereses, ideologías y creencias diferentes? ¿Sabré poner en duda mis propios pensamientos, en beneficio de lo que piensen los demás? ¿Reconoceré prudente y humildemente, pero con seguridad, mis dudas sobre mi infalibilidad a la hora de dar opiniones, cuidando los sofismas, es decir las verdades a medias?

¿Será beneficioso para todos los interesados? ¿Será una solución ética, que pase por una justicia equilibrada, comprensiva, tolerante y no represiva ni castigadora?
¿Es el momento, lugar y con las circunstancias adecuadas? ¿Podría esperar a mejor ocasión, cuando haya más madurez mental o las heridas no estén tan abiertas? ¿Debería esperar a tener más y mejor información, para poder inmiscuirme con más justicia y mejores resultados?

Los hijos en general, necesitan y muchas veces desean, que sus padres les eduquen, incluso inmiscuyéndose en los puntos más privados de sus vidas. Si tienen una buena educación, se dan cuenta que ellos solos, nunca podrían resolver algunas de sus grandes dudas o problemas, producidos por su crecimiento físico, intelectual, amoroso y social. Algunos piden a gritos o por señas, que no se inhiban de ellos, que les hagan caso y que les den soluciones a sus incomprendidas situaciones. Saben que necesitan, de forma imperiosa, unos puntos de referencia estables y sólidos, para no sufrir inútilmente al convertirse en inseguros, vacilantes e indecisos. Saben que esto solamente será posible, si sus padres se ocupan de ellos y se inmiscuyen en sus vidas, interiores y exteriores. Nada mejorarán los hijos, si los padres se inhiben de su obligatoria educación.

Los padres son los responsable de aportar hijos útiles a la sociedad. Pero también es necesario que los hijos aprendan a tomar sus propias decisiones, siempre bajo la dirección paterna, paso a paso y en función de su edad física y mental. Quien conduzca a su hijo cuidadosamente, hacia este objetivo, podrá acabar dejando en sus manos, con plena y segura confianza, toda la libertad de decisión respecto a sus propios intereses presentes y futuros.

8 Situaciones donde también es obligatorio a los padres inmiscuirse, debido a que les asiste la razón y tiene la obligación y autoridad para hacerlo. En algunos casos, pudiera ser la participación en determinadas actividades.

Los abuelos en la educación o no educación de los nietos, sobre todo cuando los abuelos hacen de primeros padres. Bajo ningún concepto pueden permitir y en su caso dejar de luchar, para que sus nietos reciban la mejor educación y formación posible, en el aspecto familiar, religioso y social. Los abuelos suelen aportar una segunda referencia de educación, aportando virtudes y valores humanos, normas de convivencia, formas de ver la vida de modo diferente a los padres, etc. Así enriquecen el desarrollo de los hijos o de los nietos. Máxime si en esa casa, impera la desobediencia, el alcohol, el sexo y las drogas.
En las relaciones entre verdaderos amigos, cuando existan problemas o discrepancias, para procurar salvar las diferencias y que se reconcilien los interesados.

Los padres en las decisiones y actitudes que tienen los maestros en las escuelas, si estas van en contra de las virtudes y valores humanos, enseñados en la familia o cuando se percaten, de la mala calidad o cantidad, de las enseñanzas que imparten o tendrían que impartir, para que no perjudiquen la educación de sus hijos.

Inscribiéndose y votando en las elecciones democráticas, estudiando con mucha profundidad las ventajas e inconvenientes, de los programas de cada uno de los candidatos, y si fuera posible presentándose, como candidato o ayudando a los mejor calificados.

En las actividades políticas. Participando en profundidad, con todos los medios posibles, en los debates políticos, cuya finalidad sea la de escuchar las ideas, necesidades, inquietudes y propuestas presentes y futuras de los ciudadanos. Ya no es época de por comodidad, no inmiscuirse.

En la vida de los padres mayores, para que mejoren su calidad de vida y no tengan los problemas de soledad y falta de medios.

Dejándoles saber que inmiscuirse en su vida, es con el único fin de que no se encuentren solos y sepan que los hijos, aunque ya no estén conviviendo con ellos, siguen intentando cuidarles.

En los debates públicos de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, para impedir que los hijos sean educados, según el sentir de los gobiernos de turno y no de los principios religiosos y sociales, que los padres quieren, principalmente en los temas del aborto, eutanasia, matrimonios entre homosexuales o lesbianas, etc.

En la salud y alimentación de sus hijos, jóvenes o adultos, sobre todo cuando se vean claros signos de negligencia, o inicio de problemas irreversibles, provenientes de descuidos o forma de atención familiar.

15 Situaciones en las que los hijos se inmiscuyen en la vida de los padres. Los hijos se inmiscuyen en la vida de los padres, ocupando todo su tiempo, aun antes de nacer, desde el momento de la concepción, hasta que abandonan el hogar familiar. Los padres no protestan por que su hijo se haya inmiscuido en sus vidas, al contrario, dan gracias a Dios por el don de la vida que les ha concedido:
Cuando la madre estaba esperando al hijo, se sentía mal, no podía comer, todo lo comido lo devolvía y tenía que guardar reposo. No podía dormir y tampoco dejaba dormir al padre. Los padres tuvieron que añadir a las tareas de sus trabajos y las de su casa, las de la nueva situación.

Los gastos aumentaron increíblemente. Todo lo que tenían los padres, se gastaba en el futuro hijo. En un buen médico que atendiera a la madre, medicamentos, equipo de ropa, utensilios especiales, cuna, coche de niño, etc. para que no te faltara de nada. Incluso tuvieron que adaptar y amueblar una habitación para el solo y cambiar el automóvil por uno más grande, aunque mas viejo.

Desde la primera noche en que nació el hijo, los padres no durmieron seguido. Cada tres horas se despertaban para darle de comer o porque lloraba, sin saber los padres, por qué lloraba.

Cuando el hijo empezó a caminar y cuando creía que ya sabía, los padres siempre tenían que estar detrás de él.

Cuando el hijo fue un poco mayor, consideraba a sus amigos unos conocidos y a los padres unos desconocidos.

Cuando el hijo se burlaba de los padres, porque siempre le estaban llamando la atención, sobre las cosas que no hacia bien o que suponían tomar riesgos innecesarios.

Cuando los hijos salían por las noches y no llegaban a la hora acordada, lo que obligaba a los padres a pasar la noche, pensando en los peligros que estaban afrontando.

Cuando son adolescentes y toman altos riesgos, como el conducir automóviles o motocicletas, bajo los efectos de las drogas, del alcohol o a altas velocidades.

Cuando son adolescentes y consumen alcohol, trafican en drogas o tienen una vida activa sexualmente, sin haber llegado su momento.

Cuando son adolescentes y de sus relaciones sexuales, se producen embarazos irresponsables, con mayores o menores de edad.

Cuando estando en edad escolar no quieren estudiar, repitiendo el curso y los padres tienen que pagarlo o añadirles, costosos profesores particulares.

Cuando aun siendo independientes civilmente, llevan una vida de escándalo social o dan malos tratos a sus propios hijos o a sus cónyuges.

Cuando sus malas acciones producen dolor, pena, vergüenza para los padres y familiares y repercuten en su vida profesional y social.

Cuando solamente buscan a los padres, para pagar sus facturas de roturas, estudios o gastos extraordinarios.

Cuando hacen a los padres responsables subsidiarios de los costos económicos, legales, sociales o de mala fama, incluso cuando ya no tienen la patria potestad sobre los hijos.

Los padres nunca se arrepienten de que los hijos se hayan inmiscuido en sus vidas y se las hayan cambiado para siempre. No importa que haga solamente unos minutos, que hayan tenido que escuchar de los hijos: No te inmiscuyas en mi vida, déjame en paz, no quiero saber nada de lo que me dices. Los padres mientras estén vivos se inmiscuirán en la vida de los hijos, así como los hijos se inmiscuyeron en la de los padres, desde el mismo momento de la concepción. Se inmiscuyen en la vida de los hijos para corregirles, educarles, formarles en las virtudes y valores humanos y enseñarles a que sean capaces de salir adelante en la vida y triunfar como personas de bien.

¿Se inmiscuye WikiLeaks en la vida de la sociedad, al sacar al aire lo que algunos, con tanto interés quieren mantener oculto, para que no se enteren, los que tienen el derecho de estar bien informados? ¿Los padres deben comentar esas noticias con sus hijos, según sus edades? ¿Debería haber más WikiLeaks especializadas en escuelas, hospitales, empresas, organizaciones, etc. para tener bien informados a la sociedad?

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com
 

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