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Libertad de Expresión y respeto a la religión
Documento de Mons. Juan del Río, Presidente de la Comisión de MCS de la CEE y obispo de Asidonia Jerez. En el que señala: el derecho de libertad de expresión no puede implicar el derecho de ofender los sentimientos religiosos de los creyentes.


Por: Mons. Juan del Río, -Presidente de la Comisión de MCS de la CEE y obispo de Asidonia Jerez- | Fuente: Unión Católica de Informadores y Periodistas de España (UCIP)



Los acontecimientos que han venido sucediéndose, como consecuencia de la publicación en un periódico danés de unas caricaturas de Mahoma, han abierto un gran debate sobre la libertad de expresión y el respeto a los sentimientos y creencias religiosas. Se percibe unánimente una manipulación política e ideológica del hecho. Por otra parte, son muchas las voces que reclaman equilibrio, respeto y moderación. Así, el periodista y escritor Juan Manuel de Prada afirma que “del mismo modo que la libertad de prensa no puede amparar la descalificación gratuita y calumniosa de personas e instituciones, tampoco creo que deba proteger a quien agrede las creencias religiosas de una parte de la sociedad, pues dichas creencias forman parte del meollo mismo de la dignidad humana”. Ahora bien, todo tiene sus niveles: una cosa es herir los sentimientos religiosos y mofarse de los signos sagrados de una religión y otra muy distinta es concluir que no se pueda tratar como humor, pero con limpieza de intención, determinados elementos deformantes de una religión o imposturas de sus fieles. La libertad de expresión tiene los límites que marca la ley. También es claro que el nombre de Dios no debe ser utilizado en vano para aplastar, con la violencia, los principios que configuran las sociedades libres.

Teniendo esto presente, comprobamos cómo en España hay dos varas de medir para las religiones. Hemos visto cómo los máximos dirigentes de nuestro país piden “sensibilidad” para comprender al Islam. Ellos mismos callan, o miran a otro lado, cuando hay ultrajes al cristianismo. Por ejemplo, en los últimos meses se han estrenado –con sustanciosas subvenciones públicas- obrasde teatro blasfemas. Se ha mostrado en televisión cómo “se cocina” un Cristo.

En la exposición de arte moderno “Arco” se expone un Corazón de Jesús con un misil, o en la red se representa a la imagen de la Esperanza de Triana con dibujos y motivos obscenos. Y en nuestro Jerez la inoportuna y desafortunada letra sobre el sacramento de la Eucaristía de una chirigota en la gala carnavalesca en el teatro Villamarta el pasado miércoles 22. A todo esto hay que unir la curiosa permisividad ante programas televisivos que pintan a la comunidad católica como un agregado de personas casposas, reprimidas, cavernícolas y otras muchas lindezas. Da la impresión de que todo vale contra el cristianismo, incluso la tibieza en la aplicación de la ley de nuestro Código Penal.

Sin embargo, no todas las religiones son iguales. El cristianismo es lareligión del amor y del perdón, como claramente dice Benedicto XVI en suprimera encíclica. Eso le ha acarreado el ser el grupo humano más perseguidodel mundo en los tiempos modernos, supuestamente civilizados. El teólogo
David Barreto ha documentado cómo en el siglo XX han sido asesinados 45 millones de cristianos por motivos religiosos. Recientemente, el clima de intolerancia contra los cristianos se ha agravado, aún más, en muchos países de mayoría islámica, tras la polémica desatada por las viñetas danesas. El sacerdote jesuita de origen egipcio Salim Kalil Samir dice que “poco importa que los
autores de esas caricaturas estén probablemente lejos de los principios cristianos. Para una minoría de musulmanes intransigentes, Occidente significa cristiandad porque conciben el mundo en términos de lucha entre religiones. Es difícil hacerles entender que muchas leyes occidentales, desde el aborto al divorcio, son seculares”. A pesar de todo, la respuesta de la Iglesia Católica no puede ser otra que la marcada por el Concilio Vaticano II: “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso (…) El sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren sinceramente una mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres”(NE, nº 3).

En conclusión: el derecho de libertad de expresión no puede implicar el derecho de ofender los sentimientos religiosos de los creyentes.

+ Juan del Río Martín
Obispo de Jerez





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