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De corazón a corazón
No has dejado de hablarme a mi corazón con tu bello ejemplo de ser mi madre


Por: Ignacio León | Fuente: Catholic.net



¡Te lo mereces todo! ¿Cómo poderte festejar? ¡Busco algo original para ti! Mariachis… con un pastel… organizarte una comida… una serenata… ¡Con todo lo que has hecho por mí, todo queda corto! Así que opté por lo más sencillo y lo que más te gusta. “Hacerme niño”. Hablarte como tu niño. Hablarte de corazón a corazón.

¡Mamita, muchas gracias! Porque supiste aguantarte durante nueve meses en medio de dolores y sufrimientos, con tal de darme a luz y brindarme el calor eterno de tu primer abrazo.

¡Gracias mami! Porque me mostraste como dar mi “primer pasito”, sabiendo de antemano que un buen día usaría tus enseñanzas para alejarme de tu lado y tomar mi propio camino.

¡Gracias mamá! Por toda la cantidad de horas que pasaste a mi lado en mi mesa de estudio. Sacrificando fiestas y salidas en compañía de papá. Tu afán fue siempre convertirme en un hombre capaz y de mucho bien.

Especialmente por dirigir mi manita durante mis “primeras planas”, trazando palitos y letritas. Jamás lo planeaste y así me diste tu tiempo, sin pensar que me convertiría en escritor y dedicaría estas líneas de amor. ¡Entrega desinteresada la tuya!

¡Discúlpame si en algún momento te causé dolor y lágrimas con mis travesuras de niño y las no tan inocentes de mayor! Solo un corazón de madre, como el tuyo, es capaz de transformar esos tragos amargos en una dulce caricia de educación.

¡Gracias mamá! Por enseñarme a conocer y querer a Dios. ¡Qué precioso momento aquél cuando dirigiste mi mano para persignarme! ¡Por qué nunca me dejaste salir de casa sin darme la bendición! En esos momentos no lo entendía y hasta buscaba escabullirme. ¡Con la gracia de Dios, permíteme agradecerte con mi bendición en el día de mi ordenación sacerdotal!

Gracias a ti conocí el calor de un abrazo maternal y el deseo de sentirme siempre protegido por tus brazos. Esos abrazos fueron la cuna de lo que ahora es mi filial relación con Nuestra Madrecita del cielo. A ella le hablo como a ti, a ella le pido su bendición como tú siempre me la has procurado.

Yo nunca sabré todos los sinsabores y las horas gastadas por mí durante mi vida. Nunca seré madre para experimentar lo que tú ya has vivido. Pero me alegro mucho de poder ser hijo y saber lo hermoso que es tener una madre.

¡Bien lo sabías! Que tenerme en tu seno significaría vivir de Amor y de dolor. Más amor que dolor, por que tus sufrimientos los has convertido en escalones hacia un tierno amor. No te importó y así levantaste con orgullo tu bandera de Madre.

Lo sé mamá. Comencé este artículo procurando que se convirtiera en un diálogo de corazón a corazón y tú no has dicho ni una palabra. No te preocupes. Te adoro, por que no has interrumpido tus palabras desde hace veinticuatro años. No has dejado de hablarme a mi corazón con tu bello ejemplo de ser mi madre.

¡Gracias mamá! ¡Muchas felicidades!

ileon@arcol.org

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