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Jesús el Peregrino
Las huellas de Jesús, el peregrino del comienzo de la cuenta de los tiempos, siguen vivas en Tierra Santa


Por: Oficina Nacional Israelí de Turismo | Fuente: www.turisrael.com



La Biblia, en el Capítulo 16, Versículo 16 del libro de Deuteronomio, estipula que todo varón judío deberá subir a la Casa de Dios en Jerusalén tres veces por año: en la fiesta de Pascua, la de las Semanas y la de Tabernáculos. Y así lo hicieron los judíos durante siglos, hasta la destrucción del Templo por los romanos.

Jesús era un judío observante, y fue muchas veces a Jerusalén como peregrino, tal como se ordenaba en el Deuteronomio. Sabemos que lo hizo por vez primera a la edad de 12 años, con su familia. Así está escrito en Lucas, Capítulo 2. Peregrinó para cada fiesta como prescrito, y los Evangelios relatan que muchas veces, sus peregrinaciones a Jerusalén estuvieron marcadas por enseñanzas y curaciones milagrosas.

Su última peregrinación fue para la Pascua judía. La celebró con la tradicional cena festiva, y esta ocasión especial se conoce como la Última Cena, en la que instauró la Eucaristía.

Cada detalle de esta última peregrinación de Jesús se relata en el Evangelio de San Juan, Capítulos 11 y 12. La Última Cena, la aflicción in el jardín de Getsemaní, el arresto, el juicio, la crucifixión en vísperas de la segunda cena Pascual.

Los judíos continuaron viniendo a la Tierra Santa desde todos sus exilios, aún cuando la ciudad estaba en ruinas y el Templo ya no existía más.

Paralelamente a este peregrinaje judío y siguiendo los pasos de Jesús, cientos de miles de peregrinos cristianos han ascendido a Jerusalén durante generaciones. Reyes y gente humilde, bellezas y los deformes, los santos y los pecadores, todos siguiendo el más íntimo dictado: el dictado de su corazón.

Así resulta que la gente que viene a Tierra Santa, está en realidad siguiendo una larga tradición de peregrinación iniciada por Jesús mismo, e ininterrumpida durante siglos.

Jesús pasó sus últimas horas de libertad en el Huerto de Getsemaní en Jerusalén. Hoy, las pruebas cronológicas por carbono 14 revelan que muchos de los olivos de este huerto pueden ser en realidad de la época de Jesús. Los olivos crecen hoy como entonces.

Los Católicos de todo el mundo vienen a Getsemaní para evocar su historia y empaparse del espíritu de este lugar. No hay nada más emotivo que asistir a una misa en la Iglesia de las Naciones, a la sombra del Huerto. Muy cerca, se puede visitar la gruta donde, según se asegura, los discípulos durmieron esa noche.

¿En qué otro lugar podría alguien ver, sentir y vivir los relatos del Evangelio escuchados en la misa dominical durante toda su vida?

Galilea es el escenario de los capítulos más hermosos del Evangelio. Jesús se crió en Nazaret, que actualmente es una ciudad que combina lo antiguo y lo moderno, con excelentes hoteles y restaurantes y concurridos mercados. Desde Nazaret, se puede visitar fácilmente Caná, donde según el Evangelio, Jesús convirtió el agua en vino. Después de ello, visite Cafarnaum, a orillas del Mar de la Galilea, donde tenía su hogar San Pedro, y donde Jesús dio a sus discípulos la misión de ser "pescadores de hombres".

Por el camino, surgen los paisajes que vio Jesús. La naturaleza descrita en las historias de la Biblia siguen allí, con sus hermosas colinas y exuberantes valles de olivares, higueras, granados y palmas datileras. A orillas del Mar de Galilea, se puede saborear un almuerzo con el llamado pescado de San Pedro, la misma especie de pez que capturaban los discípulos en estas aguas.

En Jerusalén, cuyas piedras rosáceas han reflejado los mismos hermosos amaneceres y atardeceres dorados desde tiempos inmemoriales, cada viernes a las 3 de la tarde, los Franciscanos comienzan su procesión a lo largo de la Vía Dolorosa, donde las capillas de cada Estación de la Cruz están abiertas para la plegaria y la reflexión. Por supuesto, los turistas caminan por esta vía en cualquier momento. Quien haya recorrido las Estaciones de la Cruz en su propia iglesia, sin duda ha observado que están identificadas a lo largo de los pasillos, y puede imaginar lo emocionante que sería recorrer el camino original en Jerusalén.

Las huellas de Jesús, el peregrino del comienzo de esa cuenta de los tiempos, siguen vivas en Tierra Santa, que siendo un país moderno, tecnológico y computarizado, conserva la memoria del pasado, como base del porvenir.



 





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