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Homosexualismo: Lo que no se debe ocultar
Tres artículos de Lluís Pifarré en los que breve y claro dice lo que no se debe ocultar sobre el homosexualismo.


Por: LLuís Pifarré | Fuente: .



La responsabilidad de las autoridades civiles y sanitarias es extraordinaria en este punto. No debieran cargar sobre su conciencia tanta mentira, disolvente para la dignidad y la salud de tantos individuos y colectivos. No hace falta ser superinteligente para comprenderlo. Basta afrontar la biología antropológica elemental al alcance de cualquier fortuna.



Introducción
I. Consideraciones biológicas
II. Consecuencias médicas
III. La presión social y mediática




Introducción

El lobby Gay, intenta imponer sus supuestos derechos, a base de ocultar los negativos efectos en todos los órdenes que supone el comportamiento homosexual para el individuo y la sociedad.

Estos tres artículos pretenden mostrar sin falsos complejos, algunos de estos negativos aspectos, que de forma llamativa, están prácticamente silenciados en los medios de comunicación y en amplios sectores de la vida social.

Hay que afirmar como preámbulo, para evitar falsas interpretaciones, que los derechos que se reclaman, no derivan, sin más, de las tendencias sexuales (ello fundamentaría jurídicamente las más aberrantes uniones), sino del hecho de ser persona, de la dignidad de su naturaleza, que es el verdadero fundamento del cual dimanan el conjunto de los derechos humanos.
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I.- Consideraciones biológicas
 

  • Se alega que la tendencia sexual es “innata”, deduciendo de ahí, que la actividad homosexual es un “derecho” (1). Los amplios estudios científicos realizados hasta la actualidad, no demuestran que la homosexualidad tenga un origen genético, hormonal, neurológico o cerebral. Ningún científico serio establece que exista en los mecanismos hormonales una simple relación de causa y efecto (2). Los conocidos terapeutas Masters y Johnson afirman que “la teoría genética de la homosexualidad actualmente ya ha sido descartada” (3)
     
  • Se puede establecer, por tanto, que la homosexualidad no es el resultado directo de causas biológicas, genéticas o neurohormonales. Lo más que puede decirse, es que pudiera existir alguna base de estas causas que “predispusieran” a la homosexualidad.
     
  • Esta predisposición, inclinaría a unas personas más que a otras al homosexualismo, pero ello no supone que estén inevitablemente obligadas a practicarlo. Sabemos que el alcoholismo puede tener una base orgánica de predisposición, pero también sabemos que las personas afectadas son libres de buscar ayuda o curarse.
     
  • En el reconocimiento de su homosexualidad, John Schlafly, declaró que “el ser homosexual no se escoge, pero sí que todos tienen la opción de qué hay que hacer con respecto a tal inclinación”.
     
  • A pesar de ello, diversas asociaciones psicológicas, se oponen sistemáticamente a que se apliquen las terapias que pretenden ayudar a cambiar la orientación sexual, argumentando (habiendo pruebas de lo contrario) de que no hay evidencia de que se pueda reorientar cualquier desviación sexual. La Asociación de Psicología del Estado de Washington, declaró cínicamente que no deben aplicarse estas terapias ya que “refuerzan el negativismo social hacia la homosexualidad” (4)
     
  • Es oportuno recordar que en 1973, bajo la presión amenazante de los activistas homosexuales, la Asociación de Psiquiatría de EE.UU, retiró de la lista de desórdenes de su Manual de diagnósticos, al comportamiento homosexual, actitud que ha sido seguida en los manuales de psiquiatría occidentales (5).
     
  • Contraviniendo el mito del 10 % inventado por el lobby gay, la prevalencia de un comportamiento homosexual esporádico es entre la sociedad masculina de menos de un 3 %. La sociedad femenina constituye la mitad de esta prevalencia, siendo de menos del 1, 5 %. (6)
     
  • Debido a los frecuentes problemas emocionales que generan la relaciones homosexuales, sus practicantes están expuestos a una serie de riesgos substancialmente mayores que el resto de las personas: suicidios, depresión grave, ansiedad, desorden de conducta, dependencia de la nicotina, alcoholismo especialmente en las lesbianas, adición a las drogas, violencia doméstica, tanto física como psicológica, y diferentes tipos de patologías. (7)



  •  
  • Notas
    (1).- Trudy Hutchens, “Homosexuality: Born or Bred?”, Family Voice, junio 1993. William A. Henri III, “Born Gay?”, Time, julio 1993.

    (2).- Daniel S. Greenberg, “Spare Us All From the Gene of Homosexuality Search”, The Miami Herald, julio 1993.

    (3).- Análisis de estas cuestiones en “Human Sexualit”, en Master y Johnson.

    (4).- John F. Harvey, O.S.F.S. En The Homosexual Person. New Thinking in Pastoral Care (San Francisco: Ignatius Press, 1987.

    (5). Cal Thomas, “Gays” Root Cause: Genetics or Choice?, The Miami Herald, octubre 1992.

    (6).- Robert Knight, “Sexual Disorientation, Faulty Research in the Homosexual Debate”, Family Policy. A Publication on the Family Research Council (junio 1992). Esta exagerada cifra la estableció el investigador Kinsey, cuyos estudios han sido debidamente refutados por diversos científicos.

    (7).- Whitehead, N. “Homosexuality and Mental health Problems”. Comentarios en la prestigiosa revista médica: Archives of General Psychiatry. Diferentes médicos y psiquiatras han tratado de estas cuestiones: Dr. Jerome Lejeune, “Engaño sobre el amor”, en “Escoge la Vida”, noviembre-diciembre 1989, CDC, HIV/AIDS Surveillance, abril 1992., Diamond, E., Delaney, R., Daimond, S., Fitzgibbons, R, Homosexuality and hope, Catholic Mecdical Association, 2004., Satinover, J (2003), Homosexuality and the Politics of Truth. Grand Rapids, Michigan: Hamewith Books., Traditional Values Coalition, 2002. “Domestic Battering”, etc.
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    II.- Consecuencias médicas


    La fisiología humana muestra con claridad que el cuerpo humano no está diseñado para acomodar la actividad homosexual. En el ámbito médico se señala lo antinatural de un determinado comportamiento, cuando se constata las consecuencias negativas que tiene para la salud física o mental, como es el caso de las relaciones sexuales anales. Con los datos médicos y estadísticos que hoy conocemos, se puede afirmar que las relaciones sexuales anales no son fisiológicas, y es de una gran irresponsabilidad decir que la actividad homosexual no daña a la sociedad ni a los individuos.



  •  
  • En las relaciones homosexuales, la posibilidad de lesiones e infecciones en el recto y el ano es muy alta. Estas relaciones no son correctamente fisiológicas porque la mucosa rectal no está preparada para el acceso del pene, el cual al producir fricciones sobre la misma, puede lesionarla con relativa facilidad. Además, los espermatozoides no tienen ninguna función en esa estructura (1)
     
  • El recto tiene una sola célula de espesor, con lo que el esperma penetra fácilmente su pared, rompiéndola o magullándola, produciendo daños inmunológicos.
     
  • En cambio, las relaciones heterosexuales son naturalmente fisiológicas, dado que la anatomía de sus órganos genitales, trompas, ovarios, etc., están perfectamente dotados y configurados anatómicamente para realizar estas funciones.
     
  • En estas relaciones heterosexuales, el esperma normalmente no puede penetrar en las paredes interiores de la vagina, ya que está protegida por múltiples capas y por una mucosa especial que impide la penetración de los virus. En cualquier caso, el depósito de semen tiene la función de dirigir los espermatozoides móviles hasta la trompa de Falopio para fecundar el óvulo que se ha originado en el ovario.
     
  • El esfinter anal es un músculo cuya función está relacionada con la defecación, relajándose para que puedan expulsarse las heces. No es funcional la introducción del órgano masculino a su través, dadas las posibilidades de lesión de dicho esfinter con los trastornos que conllevarían en el mecanismo de expulsión del material fecal
     
  • El recto está destinado a asimilar los últimos alimentos útiles, para ello contiene unos vasos linfáticos muy desarrollados, que reabsorben casi todo. , y su conducto normalmente no se abre, excepto para descargar estos contenidos y detritus. La frecuente penetración anal conduce al escape de material fecal que fácilmente puede llegar a ser crónico.
     
  • Junto con los traumas en el recto, la práctica homosexual produce un gran intercambio de fluidos en el cuerpo permitiendo el acceso directo de sustancias infecciosas al torrente sanguíneo, originando contagios de ciertos tipos de hepatitis, sífilis y toda una serie de enfermedades que se transmiten a través de la sangre.
     
  • El semen depositado en el recto tiene un efecto inmunosupresor, aumentando el riesgo de contagio de enfermedades venéreas y de otras como la infección por el virus de la inmunodeficiencia adquirida.
     
  • La lista de enfermedades más frecuentes entre varones que practican la homosexualidad es alarmante: cáncer anal, herpes simples virus, el VIH, el virus de papiloma, isospora belli, microsporidia, gonorrea, hepatitis viral tipo B y C, sífilis, etc. (2)
     
  • Estas prácticas dan como resultado un promedio de longevidad bastante más bajo que el resto de la población. Estudios recientes muestran que menos del 2 % de homosexuales alcanzan los 65 años de edad.




  •  
  • El análisis de la relación entre salud y homosexualidad, nos muestra que la actividad homosexual tiene unos costes humanos y económicos que paga toda la sociedad. Aunque en el actual estado de cosas suene a utopía, habría que exigir al Estado, que en vez de silenciar estos hechos, publicara en su afán de transparencia, los costes sociales y económicos que suponen para el erario público, las relaciones homosexuales

    Notas

    (1).- Corey, L. y K.K. Holmes, “Sexual Transmission of Hepatitis A in Homosexual Menb”, New England Journal of Medecine, 1980.



    (2).- May, W. (2004). “On the Impossibility of Same-Sex Marriage: A Rewiew of Catholic Teaching”. The National Catholic Bioethics Quartely Summer 2004.



    (3).- Adolfo Castañeda en “Escoge la Vida", julio-agosto 1993

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    III.- La presión social y mediática

    El lobby gay realiza intensas y constantes campañas mediáticas, para influir en el gobierno, en las leyes y en los sistemas educativos. Esta actividad informativa la realizan mediante los millones de dólares que reciben por sus actividades políticas, por la financiación procedente de determinadas familias, empresas, grupos e instituciones sociales y especialmente por el apoyo de los medios de comunicación (1).

    Entre la década de los 80 y 90, el movimiento homosexual inició en los EEUU, todo un conjunto de reclamaciones, que en la actualidad ya se han extendido por todo occidente. Muchas de estas demandas ya han sido puestas en práctica, gracias a la ayuda y complacencia de diversos poderes públicos. El fundamental objetivo de estas exigencias, es la aspiración de alterar la naturaleza humana mediante el principio de la indeterminación del sexo, rechazando el que sólo haya dos sexos (2), y en consecuencia, el que se acepte al homosexualismo como un fenómeno natural más y como un “derecho humano”, que debe ser protegido por los diversos estados. Es lo que algunos autores lo interpretan como una “ruptura antropológica” (3).

    De esta serie de demandas específicas, destacaremos algunas de las más representativas de este movimiento:

    a).- Derogar las leyes que prohiben la sodomía y que se legalice cualquier tipo de relación sexual.

    b).- Poder exhibir la sexualidad en público y modificar las leyes sobre el consentimiento, para permitir las relaciones con menores de edad

    c).- Derogar las leyes sobre la forma de vestir, para que se permita todo tipo de vestimenta e incluso la ausencia de ella.

    d).- Destinar el dinero de los impuestos públicos para realizar las operaciones de cambio de sexo, y para la inseminación artificial de lesbianas y bisexuales

    e).- Exigir la legalización de matrimonios del mismo sexo y la adopción de niños por parte de las parejas homosexuales.

    f).- Establecer como consejeros sexuales en programas de educación a los homosexuales, lesbianas, bisexuales y transexuales, para las guarderías infantiles, escuelas de primaria y secundaria, con el fin de ayudarles a entender que todas las tendencias sexuales son válidas. (En algunas escuelas de EE.UU., se aplican programas en los que se enseña a los niños a “combatir” el prejuicio “anti-gay”, la “homofobia”, la “transfobia” y el “heterosexismo”, para contrarrestar lo que se les enseña en sus hogares familiares) (4).

    g).- Introducción de cursos y congresos en las Universidades. Creación de bibliotecas y centros de estudio sobre homosexualismo, lesbianismo y transexualismo.

    h).- El aborto y los anticonceptivos de cualquier clase, deben estar a la disposición de toda persona sin discriminación de edad.

    i).- Prohibir que se expresen inquietudes y preocupaciones morales acerca de la homosexualidad que estén basadas en la religión.

    j).- Confeccionar leyes que cataloguen como delito a los homófobos que se opongan a estas exigencias, y se les aplique los castigos convenientes (5).

    Hay que decir al respecto, que si cualquier preferencia sexual debe aceptarse en sus diversas manifestaciones (ignorando el más elemental sentido lógico de la realidad y de la naturaleza humana), se desemboca en auténticas aberraciones prácticas. Al legalizarse el estilo de vida homosexual (basado en el hecho de que dos o más seres se “quieren” al sentirse sexualmente atraídos), por implicación, no habrá ningún elemento ni justificación jurídica, para evitar legalizar a la sodomía, la pedofília, el sadomasoquismo, el incesto, y toda clase de absurdos sexuales. Una vez aceptada como “normal” la desviación del homosexualismo, todas las demás desviaciones sexuales se convierten en justificables y, por tanto, en admisibles.

    (1).- “Captives of the Homosexual Lobby”, Biblical Scoreboard, otoño 1988

    (2).- Video Gay Rights: Special Rigths, producido por Jeremiah Films.

    (3).- J. Miró y Ardévol; “El desafío cristiano”, Ed. Planeta, Barna 2005.

    (4).- Boletín “Mujer Nueva”, julio 2002.

    (5).- Lesley S. Bateman, Clint Cline y Patrick Poff, “Are Gay Rights?”; Florida Family Council. Citizen, junio 1993. Diversos médicos y psiquiatras han tratado la cuestión.



     
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