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Riesgo Total
Esta cuaresma el Papa nos invita a los jóvenes a vivir un deporte de alto riesgo


Por: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net



¿Te gustan los deportes de alto riesgo? ¿Sentir el vértigo de la altura, el aire zumbar cerca de los oídos, disfrutar de los paisajes en todo su esplendor? Entonces puedes seguir leyendo...

Todos los días repites la misma rutina, día tras día, minuto tras minuto. Por eso es justo que alguna parte de tu tiempo la dediques a lo que más te gusta. Los deportes de alto riego, los deportes en equipo o sencillamente quedarte en tu cuarto y escuchar un poco de buena música, acompañado quizás de amigos o amigas. En esos momentos eres tú mismo. Dejas de perderte en el anonimato de todos los días y recobras algo de tu personalidad que se ha ido diluyendo en las actividades cotidianas.

En los deportes lo arriesgas todo. No te reservas un minuto para ti, estás atento a lo que sucede a tu alrededor. Sabes que una mínima distracción puede ser fatal o costarle al equipo una durísima derrota. No se admiten los espíritus débiles o pusilánimes. Lo sabes muy bien.

Esta cuaresma el Papa nos invita a los jóvenes a vivir un deporte de alto riesgo: “Cambiar la manera de pensar y de actuar”. Vamos recorriendo la vida de todos los días y a veces como que perdemos el rumbo. Nos automatizamos un poco. El Papa, en este miércoles de ceniza nos lo ha recordado: “En la vida de todos los días se corre el riesgo de ser absorbido por las ocupaciones y los intereses materiales. La Cuaresma es una ocasión favorable para vivir un despertar a la fe auténtica, para recuperar la relación con Dios y para vivir un compromiso evangélico más generoso.”

Esta Cuaresma es una invitación para cambiar. El miércoles de ceniza comenzó con un rito que podría parecer un tanto extraño: el sacerdote puso en nuestras frentes un poco de ceniza y nos dijo. “Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”. Lo sabemos muy bien: todo pasas y todo está destinado a morir. Pero en nuestra juventud, con nuestras ganas de vivir la vida cada minuto se nos olvida lo que también nos recuerda el Papa en su mensaje cuaresmal: “somos viandantes en este mundo, viandantes que no tienen que olvidar su auténtica y definitiva meta: el Cielo”.

Hay veces que el Cielo nos parece... demasiado lejano, algo en lo cuál habrá que pensar en un futuro, ya de ancianos. Y esto no porque no creamos en el Cielo, sino porque no lo tenemos como una meta a la que queramos llegar. Queremos sacar buenas calificaciones en la Universidad, estar bien con nuestros padres, tener muchos y buenos amigos, tener una relación ideal con nuestro novio o con nuestra novia, pero eso del Cielo nos suena un poco lejano. Pero puede sucedernos como en los deportes: cuando perdemos de vista la meta que queremos lograr, caemos en el desánimo y el esfuerzo se viene abajo. No tiene ya caso seguir jugando, seguir esforzándonos por el triunfo del equipo o por alcanzar la meta personal que nos hayamos fijado.

Pero el Papa, como buen entrenador de nuestra vida espiritual, nos está fijando la meta para esta Cuaresma: el Cielo. Sí, ni más ni menos. Debemos darnos cuenta que hemos sido creados para eso, para ir al Cielo. Nuestra vida no tiene otro sentido. Lo que sucede es que las cosas de la vida diaria se nos van pegando en el camino y nos impide ver la meta a la que estamos llamados en una forma tan clara. Por eso el Papa es exigente con nosotros. Nos pide que nos atrevamos a ser diferentes en esta Cuaresma para vivir la fe en forma auténtica y no medio adormecida como a veces nos sucede los domingos en misa. Esta Cuaresma es el tiempo ideal para que hagamos un balance en cómo está nuestra fe, nuestra relación con Dios. Puedes darte un tiempo para hacer ese balance. Revísate a ti mismo y piensa: ¿hace cuánto que no dedico un tiempo serio a la oración, a hablar con Dios, de mis cosas, de mis intereses, como hablo con mis amigos? ¿Hace cuánto que no me puedo acercar al sacramento de la comunión porque he roto la amistad con Dios? ¿Hace cuánto tiempo que no me acuesto con la conciencia tranquila de estar en paz con Dios? ¿Hace cuánto que no me atrevo a hablar de Dios, de Cristo con los compañeros de estudios, con mi novio o con mi novia? ¿Hace cuánto que no vivo una misa entendiéndola, disfrutándola, sabiendo que es el mismo Cristo que vuelve a morir por mí en la Cruz, como murió por mí hace dos mil años en el Calvario? ¿Hace cuánto que no siento ganas de llegar al Cielo?

Son algunas preguntas que te pueden ayudar para despertar a la fe auténtica. Porque como dice el Papa: “Aunque somos polvo y estamos destinados a convertirnos en polvo, no todo termina. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, es para la vida eterna. Al morir en la cruz, Jesús ha abierto el acceso a esa vida eterna a todo ser humano.”

¿Quieres quedarte en polvo y ceniza durante toda tu vida? ¿O te atreves a tomar el riego total y ser diferente para entrar a la vida eterna, al Cielo? De ti depende.

 





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