Menu



Cristiano de hoy

Confesiones
En el fondo lo que más nos cuesta es reconocer que somos pecadores y que tenemos que cambiar de vida.


Por: Máximo Alvarez Rodriguez | Fuente: Catholic.net



 


Por estas fechas tienen lugar en las distintas parroquias las confesiones. Es evidente que hay mucha gente que ya no se confiesa. Y, como decía un cura, de entre toda la gente que va apenas hay algún pecado decente. Unos van convencidos, otros un poco por cumpli-miento y muchos dicen que no quieren o no necesitan confesarse. Siempre se buscan disculpas. Aunque en el fondo lo que más nos cuesta es reconocer que somos pecadores y que tenemos que cambiar de vida.

Una de las razones que más se suelen aducir para no ir a confesarse es el "tener que contarle al cura la vida". Pero tampoco se trata de contar la vida a nadie. No obstante puede ser que haya quien sienta reparo o vergüenza en manifestar sus pecados. Pero esto no es más que una disculpa. Porque fuera de la confesión a la gente no le da vergüenza pecar ni siquiera manifestarse como pecadores. Por ejemplo:

 

 

 



  • Son muchos los que abiertamente se manifiestan como agnósticos o ateos, los que manifiestan claramente su desinterés por las cosas de Dios. Y no les da vergüenza ninguna que se note.
  • Se oye blasfemar a todas horas. La gente no se recata en decir las mayores groserías contra Dios en público. No les importa que todo el mundo les oiga.
  • Las ausencias a la misa dominical y el desprecio de las prácticas religiosas son algo palpable.
  • Las relaciones familiares deterioradas y las desavenencias están a la orden del día. Incluso a la gente no le da reparo salir a la tele o a la radio a pregonarlo.
  • El adulterio u otros tipos de desórdenes sexuales son conductas cada vez más extendidas, son un hecho público. Y en muchos casos, sobre todo si es gente famosa, están presentes en los medios de comunicación.
  • Que se roba o se miente no hace falta ser ningún lince para adivinarlo. La corrupción en estos órdenes es tan generalizada que difícilmente se puede ocultar.

    La muestra es suficiente para demostrar cómo la gente no se oculta para pecar ni siquiera para divulgarlo o comentarlo ante quien sea. A la gente no le importa contarlo todo al psicólogo o al psiquiátra o al periodista de turno, pero parece que todo el problema está en hablar con el sacerdote, acostumbrado a conocer las debilidades humanas y a oír y guardar secretos mejor que nadie.

    Quiero terminar con una historia tan real como enternecedora que sucedió en nuestro Arciprestazgo. Una mujer de cuarenta años era consciente de que se moría al dar a luz y mandó ir a buscar al sacerdote que vivía a varios kilómetros y que sólo podía hacer el camino a caballo. Pues bien, como sabía que el cura no iba a llegar a tiempo escribió los pecados en un papel y se los entregó a una vecina para que se los entregara al cura cuando llegase. Ciertamente ya había muerto cuando éste llegó. ¡Qué fe tan grande! ¡Qué amor por el sacramento de la Penitencia!.

    Sería bueno que viéramos la Penitencia no como una carga pesada que nos impone la Iglesia sino como un gesto amoroso de Dios Nuestro Padre.



     
  • Preguntas o comentarios al autor
  • Máximo Alvarez Rodríguez

     

 

 





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!