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Enseñar a vivir
Enseñar a vivir, educar a dar, aprender a ser más por el amor


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net



Hay quien piensa que la educaci?onsiste en dar conocimientos. Pancho se educa si aprende a sumar, a escribir y a encontrar en un mapa la frontera que separa M?co y Guatemala. Marta es m?inteligente si ha aprendido a decir “Good morning” con una pronunciaci?xquisitamente norteamericana (o inglesa, seg?os gustos).

Algo de verdad hay en esta idea, pero no toda la verdad. Porque lo que m?importa en la educaci?s que el ni? el no tan ni?epan c?afrontar la vida, c?vivir. En palabras de Viktor Frankl, un psic?o austr?o muerto en 1997, la educaci?o debe limitarse a dar s?conocimientos. Su meta principal consiste en afinar la conciencia para escuchar, en cada situaci?e la vida, lo que se nos pide, lo que en cada momento alguien (tambi?Alguien en may?la) est?sperando de nosotros.

Ense?a vivir nos abre los ojos para descifrar este instante de mi historia. ¿Qu?e me pide, qu?e espera de m?¿En qu?mbito de la vida puedo dar algo, puedo servir a alguien?

Las respuestas son casi infinitas. Miramos a la familia en la que nacimos. Unos padres y unos hermanos nos piden respeto, afecto, ayuda. La verdadera educaci?o puede ense?os s?a dar regalos o caricias, sino a ofrecer nuestro tiempo, nuestro coraz?nuestra sonrisa, a los que tanto y tanto nos dan cada d?bajo el techo en el que se esconde el amor de las familias. A la vez, los padres sienten el deber de cuidar, de mantener, de amar a los hijos, cuando son peque? pero tambi?con especial cari?uando llega la hora de la prueba que se soporta con menos dolor al sentir a nuestro lado el cari?e los que nos introdujeron a la vida.

Miramos fuera de casa. Cientos de hombres y de mujeres se cruzan ante nuestros ojos. En una esquina un ni?impia los cristales de los coches mientras otro exhibe un mont?e peri?os para que alguien se los compre. En otra, un anciano lleva una pesada bolsa que intenta subir hacia su casa. En otra, una viejecita espera a alguien que la ayude a cruzar la calle. Los ojos abiertos saben descubrir qu?e nos pide, qu?e espera de nosotros, cu?s son las posibilidades que tenemos para ayudar, aunque sea un poco, a quien est?erdido y busca d? se encuentra la pr?a parada de autobuses.

Luego, en el trabajo, muchos ojos solicitan nuestra ayuda. Alguna vez, es cierto, nos piden ayuda para planear un peque?urto, para enga?al jefe, o simplemente nos invitan a escapar un momento a tomar unas cervezas en el bar de la esquina. El hombre y la mujer honrados saben decir “no” sin miedo a quienes invitan a una peque?alegr? conquistada con la tristeza de una trampa. El trabajo, como casi todo, es ambivalente: puede convertirse en una llamada a construir un mundo mejor, o en una ocasi?ara fomentar el propio ego?o, para empeque?rnos con nuestras ambiciones de gigantes fracasados...

Situaciones de dentro y de fuera, accidentes y sorpresas, alegr? y dolores, se ponen ante de nosotros como surcos misteriosos e inciertos. No es f?l caminar cuando no se ve la meta. Sufre el coraz?ue pierde la esperanza cuando se llora al hijo muerto o cuando muere el esposo tan querido. Pero el dolor no puede clavarnos en el suelo, anular nuestros alientos, cortarnos las manos para impedir el consuelo de una oraci?incera.

Incluso la enfermedad m?paralizante, el pulm?e acero que cubre nuestro pecho, no anula nuestro esp?tu. Vivir en el dolor es siempre duro, pero nadie puede quitar al que sufre la libertad con la que puede dar sentido a sus heridas, a sus l?imas de enfermo.

Todo esto no se aprende sin esfuerzo. Cuando el ni?e 6 a?nos pregunta en la ma? si hace buen tiempo, no es correcto negarle la realidad. Un padre le dir??est?las cosas: “Cari?hoy llueve, pero t?edes hacer que este d?sea bueno...” Una peque?erida en el brazo, el diente que no termina de caerse, son momentos para que los padres ense?a los hijos que vivir es hermoso si queremos, que la alegr?no es regalo sino esfuerzo, que somos m?en la medida en que m?nos demos a los otros.

Ense?a vivir, educar a dar, aprender a ser m?por el amor. Todos podemos aprender y todos podemos ense? Basta con sonre?cada ma? y mirar al cielo para descubrir que hay Alguien que nos ama, que espera nuestros vuelos. Las alas del coraz?riunfan si queremos. Y querer es posible en cada momento y en cada circunstancia de nuestro peregrinar terreno.
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