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Cuarto Concilio de Constantinopla. Años 869-970
VIII concilio ecuménico. Papa Adriano II. Contra el Cisma del emperador Focio


Por: n/a | Fuente: www.mercaba.org



Papa Adriano II. Contra el Cisma del emperador Focio.

Con el apoyo del emperador Basilio el Macedonio.

Condenaci?e Focio. Confirmaci?el culto de las im?nes. Afirmaci?el Primado del Romano Pont?ce.

Los ocho primeros concilios se desarrollaron en el Oriente por ser ah?onde se originaron las controversias. En el siglo once el Oriente se separa de Roma y los concilios - trece m?hasta el presente - se celebraron en el Occidente de Europa.


Magisterio del C.E IV de Constantinopla

  • En la primera sesi?e ley?aprob? regla de fe de Hormisdas; v. 172



  • C?nes contra Focio


  • [Texto de Anastasio :] Can. 1. Queriendo caminar sin tropiezo por el recto y real camino de la justicia divina, debemos mantener, como lamparas siempre lucientes y que iluminan nuestros pasos seg?ios, las definiciones y sentencias de los Santos Padres. Por eso, teniendo y considerando tambi?esas sentencias como segundos or?los, seg?l grande y sapient?mo Dionisio, tambi?de ellas hemos de cantar pront?mamente con el divino David: El mandamiento del Se? luminoso, que ilumina los ojos [Ps. 19, 9]; y: Antorcha para mis pies tu ley, y lumbre para mis sendas [Ps. 118, 105]; y con el Proverbiador decimos: Tu mandato luminoso y tu ley luz [Prov. 6, 23]; y a grandes voces con Isa? clamamos al Se?Dios: Luz son tus mandamientos sobre la tierra [Is. 26, 9; LXX]. Porque a la luz han sido comparadas con verdad las exhortaciones y discusiones de los divinos c?nes en cuanto que por ellos se discierne lo mejor de lo peor y lo conveniente y provechoso de aquello que se ve no s?que no conviene, sino que adem?da?As?pues, profesamos guardar y observar las reglas que han sido trasmitidas a la Santa Iglesia Cat?a y Apost?a, tanto por los santos famos?mos Ap?les, como por los Concilios universales y locales de los ortodoxos y tambi?por cualquier Padre y maestro de la Iglesia que habla divinamente inspirado: por ella no s?regimos nuestra vida y costumbres, sino que decretamos que todo el cat?go del sacerdocio y hasta todos aquellos que llevan nombre cristiano, ha de someterse a las penas y condenaciones o por lo contrario, a sus restituciones y justificaciones que han sido por ellas pronunciadas y definidas. Porque abiertamente nos exhorta el grande Ap?l Pablo a mantener las tradiciones recibidas, ora de palabra, ora por carta [2 Thess. 2, 14], de los santos que antes refulgieron.

    [Traducci?el texto griego:] Queriendo caminar sin tropiezo por el recto y real camino de la divina justicia, debemos mantener como l?aras siempre lucientes los l?tes o definiciones de los Santos Padres. Por eso confesamos guardar y observar las leyes que han sido trasmitidas a la Iglesia Cat?a y Apost?a, tanto por los santos y muy gloriosos Ap?les, como por los Concilios ortodoxos, universales y locales, o por alg?adre maestro de la Iglesia divinamente inspirado. Porque Pablo, el gran Ap?l, nos avisa guardemos las tradiciones que hemos recibido, ora de palabra, ora por cartas, de los santos que antes brillaron.

    Can. 8. [Texto de Anastasio:] Decretamos que la sagrada imagen de nuestro Se?Jesucristo, Liberador y Salvador de todos, sea adorada (proskyneo) con honor igual al del libro de los Sagrados Evangelios. Porque as?omo por el sentido de las s?bas que en el libro se ponen, todos conseguiremos la salvaci?as?or la operaci?e los colores de la imagen, sabios e ignorantes, todos percibir?la utilidad de lo que est?elante, pues lo que predica y recomienda el lenguaje con sus s?bas, eso mismo predica y recomienda la obra que consta de colores; y es digno que, seg?a conveniencia de la raz? la antiqu?ma tradici?puesto que el honor se refiere a los originales mismos, tambi?derivadamente se honren y adoren (proskyneo) las im?nes mismas, del mismo modo que el sagrado libro de los santos Evangelios, y la figura de la preciosa cruz. Si alguno, pues, no adora la imagen de Cristo Salvador, no vea su forma cuando venga a ser glorificado en la gloria paterna y a glorificar a sus santos [a Thess. 1, 10], sino sea ajeno a su comuni? claridad. Igualmente la imagen de la Inmaculada Madre suya, engendradora de Dios, Mar? Adem? pintamos las im?nes de los santos ?eles, tal como por palabras los representa la divina Escritura; y honramos y adoramos las de los Ap?les, dignos de toda alabanza, de los profetas, de los m?ires y santos varones y de todos los santos. Y los que as?o sienten, sean anatema del Padre y del Hijo y del Esp?tu Santo.

    [Versi?el texto griego :] Can. 8. Decretamos que la sagrada imagen de nuestro Se?Jesucristo sea adorada (proskyneo) con honor igual al del libro de los Santos Evangelios. Porque a la manera que por las silabas que en ?se ponen, alcanzan todos la salvaci?as?por la operaci?e los colores trabajados en la imagen, sabios e ignorantes, todos gozar?del provecho de lo que est?elante; porque lo mismo que el lenguaje en las s?bas, eso anuncia y recomienda la pintura en los colores. Si alguno, pues, no adora la imagen de Cristo Salvador, no vea su forma en su segundo advenimiento. Asimismo honramos y veneramos tambi?la imagen de la Inmaculada Madre suya, y las im?nes de los santos ?eles, tal como en sus or?los nos los caracteriza la Escritura, adem?las de todos los Santos. Los que as?o sientan, sean anatema.

    Can. 11. El Antiguo y el Nuevo Testamento ense?que el hombre tiene una sola alma racional e intelectiva y todos los Padres y maestros de la Iglesia, divinamente inspirados, afirman la misma opini?sin embargo, d?ose a las invenciones de los malos, han venido algunos a punto tal de impiedad que dogmatizan impudentemente que el hombre tiene dos almas, y con ciertos conatos irracionales, por medio de una sabidur?que se ha vuelto necia [1 Cor. 1, 20], pretenden confirmar su propia herej? As?pues, este santo y universal Concilio, apresur?ose a arrancar esta opini?omo una mala ciza?ue ahora germina, es m? llevando en la mano el bieldo [Mt. 3, 12 ¡ Lc. 3, 17] de la verdad y queriendo destinar al fuego inextinguible toda la paja y dejar limpia la era de Cristo, a grandes voces anatematiza a los inventores y perpetradores de tal impiedad y a los que sienten cosas por el estilo, y define y promulga que nadie absolutamente tenga o guarde en modo alguno los estatutos de los autores de esta impiedad. Y si alguno osare obrar contra este grande y universal Concilio, sea anatema y ajeno a la fe y cultura de los cristianos.

    [Versi?el texto griego:] El Antiguo y el Nuevo Testamento ense?que el hombre tiene una sola alma racional e intelectiva, y todos los Padres inspirados por Dios y maestros de la Iglesia afirman la misma opini?hay, sin embargo, algunos que opinan que el hombre tiene dos almas y confirman su propia herej?con ciertos argumentos sin raz?As?pues, este santo y universal Concilio, a grandes voces anatematiza a los inventores de esta impiedad y a los que piensan como ellos; y si alguno en adelante se atreviere a decir lo contrario, sea anatema.

    Can. 12. Como quiera que los C?nes de los Ap?les y de los Concilios proh?n de todo punto las promociones y consagraciones de los obispos hechas por poder y mandato de los pr?ipes, un?memente definimos y tambi?nosotros pronunciamos sentencia que, si alg?bispo recibiere la consagraci?e esta dignidad por astucia o tiran?de los pr?ipes, sea de todos modos depuesto, como quien quiso y consinti?seer la casa de Dios, no por voluntad de Dios y por rito y decreto eclesi?ico, sino por voluntad del sentido carnal, de los hombres y por medio de los hombres.

    Del Can. 17 latino... Hemos rehusado o?tambi?como sumamente odioso lo que por algunos ignorantes se dice, a saber, que no puede celebrarse un Concilio sin la presencia del pr?ipe, cuando jam?los sagrados C?nes sancionaron que los principes seculares asistan a los Concilios, sino s?los obispos. De ah?ue no hallamos que asistieran, excepto en los Concilios universales; pues no es l?to que los pr?ipes seculares sean espectadores de cosas que a veces acontecen a los sacerdotes de Dios...

    [Versi?el texto griego:] Can. 12. Ha llegado a nuestros o?s que no puede celebrarse un Concilio sin la presencia del pr?ipe. En ninguna parte, sin embargo, estatuyen los sagrados C?nes que los pr?ipes seculares se re? en los Concilios, sino s?los obispos. De ah?ue, fuera de los Concilios universales, tampoco hallamos que hayan estado presentes. Porque tampoco es l?to que los pr?ipes seculares sean espectadores de las cosas que acontecen a los sacerdotes de Dios.

    Can. 21. Creyendo que la palabra que Cristo dijo a sus santos Ap?les y disc?los: El que a vosotros recibe, a mi me recibe [Mt. 10, ~0], y el que a vosotros desprecia, a m?e desprecia [Lc. 10, 16], fue tambi?dicha para aquellos que, despu?de ellos y seg?llos, han sido hechos sumos Pont?ces y pr?ipes de los pastores en la Iglesia Cat?a, definimos que ninguno absolutamente de los poderosos del mundo intente deshonrar o remover de su propia sede a ninguno de los que presiden las sedes patriarcales, sino que los juzgue dignos de toda reverencia y honor; y principalmente al sant?mo Papa de la antigua Roma, luego al patriarca de Constantinopla, luego a los de Alejandr? Antioqu?y Jerusal? mas que ning?tro, cualquiera que fuere, compile ni componga tratados contra el sant?mo Papa de la antigua Roma, con ocasi?e ciertas acusaciones con que se le difama, como recientemente ha hecho Focio y antes Di?ro.

    Y quienquiera usare de tanta jactancia y audacia que, siguiendo a Focio y a Di?ro, dirigiere, por escrito o de palabra, injurias a la Sede de Pedro, pr?ipe de los Ap?les, reciba igual y la misma condenaci?ue aqu?os. Y si alguno por gozar de alguna potestad secular o apoyado en su fuerza, intentare expulsar al predicho papa de la C?dra Apost?a o a cualquiera de los otros patriarcas, sea anatema. Ahora bien, si se hubiera reunido un Concilio universal y todav?surgiere cualquier duda y controversia acerca de la Santa Iglesia de Roma, es menester que con veneraci? debida reverencia se investigue y se reciba soluci?e la cuesti?ropuesta, o sacar provecho, o aprovechar; pero no dar temeraria sentencia contra los Sumos Pont?ces de la antigua Roma.

    [Versi?el texto griego:] Can 13. Si alguno usare de tal audacia que, siguiendo a Focio y a Di?ro, dirigiere por escrito o sin ?injurias contra la c?dra de Pedro, pr?ipe de los Ap?les, reciba la misma condenaci?ue aqu?os. Pero si reunido un Concilio universal, surgiere todav?alguna duda sobre la Iglesia de Roma, es l?to con cautela y con la debida reverencia averiguar acerca de la cuesti?ropuesta y recibir la soluci?, o sacar provecho o aprovechar; pero no dar temeraria sentencia contra los Sumos Pont?ces de la antigua Roma.





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