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Tercer Concilio de Constantinopla. Años 680-681
VI concilio ecuménico. Papa San Agatón I y Papa San León II. Contra el monotelismo


Por: n/a | Fuente: www.mercaba.org



Papa San Agat? y Papa San Le?I. Contra el monotelismo. Conden?Honorio.

El culto de las im?nes arranca desde los principios del Cristianismo, como se puede ver en las catacumbas romanas donde se ocultaban los cristianos perseguidos. En los siglos VIII y IX la (Iconoclastia), destrucci?e im?nes, estuvo en auge y se convirti? abiertas persecuciones promovidas por los emperadores orientales. No faltaron grandes defensores del culto de veneraci? las im?nes como San Juan Damasceno y San Germ?de Constantinopla, y muchos otros que fueron m?ires por defender ese culto. En estas circunstancias se reuni? concilio de Nicea.


Magisterio del C.E III de Constantinopla

Definici?obre las dos voluntades en Cristo
El presente santo y universal Concilio recibe fielmente y abraza con los brazos abiertos la relaci?el muy santo y muy bienaventurado Papa de la antigua Roma, Agat?hecha a Constantino, nuestro piados?mo y fidel?mo emperador, en la que expresamente se rechaza a los que predican y ense? como antes se ha dicho, una sola voluntad y una sola operaci?n la econom?de la encarnaci?e Cristo, nuestro verdadero Dios [v. 288]. Y acepta tambi?la otra relaci?inodal del sagrado Concilio de ciento veinte y cinco religiosos obispos, habida bajo el mismo sant?mo Papa, hecha igualmente a la piadosa serenidad del mismo Emperador, como acorde que est?on el santo Concilio de Calcedonia y con el tomo del sacrat?mo y beat?mo Papa de la misma antigua Roma, Le?tomo que fue enviado a San Flaviano [v. 143] y al que llam? mismo Concilio columna de la ortodoxia.

Acepta adem?las Cartas conciliares escritas por el bienaventurado Cirilo contra el imp?Nestorio a los obispos de oriente; signe tambi?los cinco santos Concilios universales y, de acuerdo con ellos, define que confiesa a nuestro Se?Jesucristo, nuestro verdadero Dios, uno que es de la santa consustancial Trinidad, principio de la vida, como perfecto en la divinidad y perfecto el mismo en la humanidad, verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, compuesto de alma racional y de cuerpo; consustancial al Padre seg?a divinidad y el mismo consustancial a nosotros seg?a humanidad, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado [Hebr. 4, 15]; que antes de los siglos naci?l Padre seg?a divinidad, y el mismo, en los ?mos d?, por nosotros y por nuestra salvaci?naci?l Esp?tu Santo y de Mar?Virgen, que es propiamente y seg?erdad madre de Dios, seg?a humanidad; reconocido como un solo y mismo Cristo Hijo Se?unig?to en dos naturalezas, sin confusi?sin conmutaci?inseparablemente, sin divisi?pues no se suprimi? modo alguno la diferencia de las dos naturalezas por causa de la uni?sino conservando m?bien cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hip?sis, no partido o distribu? en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unig?to, Verbo de Dios, Se?Jesucristo, como de antiguo ense?n sobre ? los profetas, y el mismo Jesucristo nos lo ense?e s?ismo y el S?olo de los Santos Padres nos lo ha trasmitido [Conc. Calc. v. 148].

Y predicamos igualmente en ? dos voluntades naturales o: quereres y dos operaciones naturales, sin divisi?sin conmutaci?sin separaci?sin confusi?seg?a ense?a de los Santos Padres; y dos voluntades, no contrarias ¡Dios nos libre!, como dijeron los imp? herejes, sino que su voluntad humana sigue a su voluntad divina y omnipotente, sin opon?ele ni combatirla, antes bien, enteramente sometida a ella. Era, en efecto, menester que la voluntad de la carne se moviera, pero ten?que estar sujeta a la voluntad divina del mismo, seg?l sapient?mo Atanasio. Porque a la manera que su carne se dice g es carne de Dios Verbo, as?a voluntad natural de su carne se dice y es propia de Dios Verbo, como ? mismo dice: Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me ha enviado [Ioh, 6, 38], llamando suya la voluntad de la carne, puesto que la carne fue tambi?suya. Porque a la manera que su carne animada sant?ma e inmaculada, no por estar divinizada qued?primida, sino que permaneci? su propio t?ino y raz?as?ampoco su voluntad qued?primida por estar divinizada, como dice Gregorio el Te?o: "Porque el querer de ?, del Salvador decimos, no es contrario a Dios, como quiera que todo ? est?ivinizado".

Glorificamos tambi?dos operaciones naturales sin divisi?sin conmutaci?sin separaci?sin confusi?en el mismo Se?nuestro Jesucristo, nuestro verdadero Dios, esto es, una operaci?ivina y otra operaci?umana, seg?on toda claridad dice el predicador divino Le?"Obra, en efecto, una y otra forma con comunicaci?e la otra lo que es propio de ella: es decir, que el Verbo obra lo que pertenece al Verbo y la carne ejecuta lo que toca a la carne" [v. 144]. Porque no vamos ciertamente a admitir una misma operaci?atural de Dios y de la criatura, para no levantar lo creado hasta la divina sustancia ni rebajar tampoco la excelencia de la divina naturaleza al puesto que conviene a las criaturas. Porque de uno solo y mismo reconocemos que son tanto los milagros como los sufrimientos, seg?o uno y lo otro de las naturalezas de que consta y en las que tiene el ser, como dijo el admirable Cirilo. Guardando desde luego la inconfusi? la indivisi?con breve palabra lo anunciamos todo: Creyendo que es uno de la santa Trinidad, aun despu?de la encarnaci?nuestro Se?Jesucristo, nuestro verdadero Dios, decimos que sus dos naturalezas resplandecen en su ?a hip?sis, en la que mostr?nto sus milagros como sus padecimientos, durante toda su vida redentora, no en apariencia, sino realmente; puesto que en una sola hip?sis se reconoce la natural diferencia por querer y obrar, con comunicaci?e la otra, cada naturaleza lo suyo propio; y seg?sta raz?glorificamos tambi?dos voluntades y operaciones naturales que mutuamente concurren para la salvaci?el g?ro humano.

Habiendo, pues, nosotros dispuesto esto en todas sus partes con toda exactitud y diligencia, determinamos que a nadie sea l?to presentar otra fe, o escribirla, o componerla, o bien sentir o ense?de otra manera. Pero, los que se atrevieren a componer otra fe, o presentarla, o ense?a, o bien entregar otro s?olo a los que del helenismo, o del juda?o, o de una herej?cualquiera quieren convertirse al conocimiento de la verdad; o se atrevieren a introducir novedad de expresi? invenci?e lenguaje para trastorno de lo que por nosotros ha sido ahora definido; ?os, si son obispos o cl?gos, sean privados los obispos del episcopado y los cl?gos de la clerec? y si son monjes o laicos, sean anatematizados.
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