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La Eucaristía, Pan vivo para la paz del mundo
Mensaje final del Sínodo de los Obispos. Año de la Eucaristía 2004-2005


Por: Sínodo de los Obispos | Fuente: www.vatican.va



MENSAJE DE LA XI ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA
DEL S?ODO DE LOS OBISPOS

La Eucarist? Pan vivo para la paz del mundo



Queridos hermanos obispos,
queridos sacerdotes y di?nos,
amados hermanos y hermanas:

1. “¡La paz est?on vosotros!”. En nombre del Se?que irrumpe en el Cen?lo de Jerusal?al atardecer de la Pascua, repetimos: “La paz est?on vosotros!” (Jn 20, 21). ¡Que el misterio de su muerte y resurrecci?s consuele y d?entido a toda vuestra vida! ¡Que ? os guarde en la alegr?de la esperanza! Porque Cristo vive en su Iglesia; seg?u promesa est?on nosotros todos los d? hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20). En el Sant?mo Sacramento de la Eucarist? ? mismo se nos entrega y con ? nos dona la alegr?de amar como ? ama, pidi?onos que compartamos su Amor victorioso con nuestros hermanos y hermanas del mundo entero. Este es el mensaje de gozo que os anunciamos, queridos hermanos y hermanas, al final del S?do de los Obispos sobre la Eucarist?

Bendito sea Dios Padre de Nuestro Se?Jesucristo que nos ha reunido nuevamente, como en el Cen?lo, con Mar? Madre del Se?y Madre nuestra, para hacer memoria del don supremo de la Sant?ma Eucarist?

2. Convocados a Roma por Su Santidad el Papa Juan Pablo II, de venerable memoria, y confirmados por Su Santidad Benedicto XVI, hemos llegado desde de los cinco continentes para rezar y reflexionar juntos sobre la Eucarist? fuente y cumbre de la vida y de la misi?e la Iglesia. La finalidad del S?do ha sido ofrecer al Santo Padre algunas propuestas ?es para actualizar la pastoral eucar?ica de la Iglesia. Hemos podido experimentar lo que la sagrada Eucarist?significa desde los or?nes: una sola fe y una sola Iglesia, alimentada por un mismo Pan de vida y en comuni?isible con el sucesor de Pedro.

3. El di?go fraterno entre obispos e invitados-oyentes, as?omo el di?go con los representantes ecum?cos, ha renovado nuestra convicci?e que la Sagrada Eucarist?no s?anima y transforma la vida de nuestras Iglesias particulares de Oriente y Occidente, sino tambi?las m?ples actividades humanas en los muy diversos medios en los que vivimos. Experimentamos una profunda alegr?al constatar la unidad de nuestra fe eucar?ica dentro de la gran variedad de ritos, culturas y situaciones pastorales. La presencia de tantos hermanos obispos nos ha permitido experimentar de forma todav?m?directa la riqueza de nuestras diferentes tradiciones lit?cas. Una riqueza que hace resplandecer la profundidad del ?o misterio eucar?ico.

Os invitamos a rezar con m?fervor, hermanos y hermanas cristianos de todas las confesiones, para que llegue el d?de la reconciliaci? de la plena unidad visible de la Iglesia, en la celebraci?e la Santa Eucarist? en conformidad con la oraci?el Se?la v?era de su muerte: “Que todos sean uno. Como t?adre, en m? yo en ti, que ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t? has enviado” (Jn 17, 21).

4. Profundamente agradecidos a Dios por el pontificado del Santo Padre Juan Pablo II y por su ?ma enc?ica Ecclesia de Eucharistia, seguida de la carta apost?a Mane nobiscum Domine, que abr?el A?ucar?ico, pedimos a Dios que multiplique los frutos de su testimonio y de su ense?a. Nuestra gratitud va tambi?a todo el pueblo de Dios cuya proximidad y solidaridad hemos percibido durante estas tres semanas de oraci? de reflexi?Las Iglesias particulares en China, y sus obispos que no han podido unirse a nuestros trabajos, han ocupado un lugar especial en nuestros pensamientos y oraciones.

A todos vosotros, obispos, sacerdotes y di?nos, misioneros del mundo entero, hombres y mujeres consagrados, fieles laicos y tambi?a vosotros hombres y mujeres de buena voluntad, responsables de los medios de comunicaci?¡En nombre de Cristo Resucitado: paz y alegr?en el Esp?tu Santo!



EN ESCUCHA DEL SUFRIMIENTO DEL MUNDO

5. La Asamblea Sinodal ha sido un tiempo intenso de intercambios y testimonios sobre la vida de la Iglesia en los diversos continentes. Hemos tomado conciencia de las situaciones dram?cas y de los sufrimientos causados por las guerras, el hambre, las diferentes formas de terrorismo y de injusticia, que afectan a la vida cotidiana de centenares de millones de seres humanos. Las explosiones de violencia en Medio Oriente y en frica nos han sensibilizado ante el olvido que sufre el continente africano en la opini??ca mundial. Los desastres naturales, que parecen hacerse m?frecuentes, obligan a considerar la naturaleza con m?respeto y a reforzar los lazos de solidaridad con las poblaciones afectadas.

No hemos permanecido en silencio ante los graves problemas causados por la secularizaci?presente sobre todo en Occidente, que conducen a la indiferencia religiosa y a varias manifestaciones de relativismo. Hemos recordado y denunciado las situaciones de injusticia y de pobreza extrema que proliferan por todas partes pero especialmente en Am?ca Latina, en frica y en Asia. Todos estos sufrimientos claman a Dios e interpelan la conciencia de la humanidad. Ante ellos nos preguntamos: ¿en qu?e transforma la aldea global de nuestra tierra, con un ambiente amenazado que corre el riesgo de ir a la ruina? ¿Qu?acer para que, en esta era de globalizaci?la solidaridad triunfe sobre el sufrimiento y la miseria? Nuestro pensamiento se dirige tambi?a los que gobiernan las Naciones, para que, con diligencia, aseguren a todos el bien com? promuevan la dignidad de cada persona, desde su concepci?asta su muerte natural. Les pedimos que promuevan leyes respetuosas del derecho natural respecto al matrimonio y a la familia. Por nuestra parte continuaremos a participar activamente en el esfuerzo com?ara crear las condiciones duraderas de un progreso real para toda la familia humana, en el que a nadie falte el pan de cada d?

6. Hemos llevado estos sufrimientos y problemas a la celebraci? a la adoraci?ucar?icas. En nuestros debates, escuch?onos con hondura los unos a los otros, nos ha emocionado y conmovido el testimonio de m?ires en varios puntos de la tierra que, como en toda la historia de la Iglesia, no faltan en nuestros d?. Los Padres sinodales han recordado que, gracias a la Sant?ma Eucarist? los m?ires han encontrado el vigor necesario para vencer el odio con el amor y la violencia con el perd?br>


HACED ESTO EN CONMEMORACI? M?

7. La v?era de su pasi?“Jes?om? pan, lo bendijo, lo parti?lo dio a sus disc?los diciendo: ‘Tomad, comed, esto es mi Cuerpo’. Despu? tomando una copa, dio gracias y se la pas?ciendo: ‘Bebed todos de ella; porque esta es mi sangre, sangre de la alianza, que va a ser derramada por la multitud en remisi?e los pecados’” (Mt 26, 25-28); “Haced esto en memoria m? (Lc 22, 19; 1 Cor 11, 24-25). Desde el inicio la Iglesia hace memoria de la muerte y resurrecci?e Jes?on sus mismas palabras y sus mismos gestos en la ?tima Cena, pidiendo al Esp?tu Santo que transforme el pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre del Se? Con la Tradici?onstante de la Iglesia creemos firmemente y ense?s que las palabras de Jes?ue el sacerdote pronuncia en la Misa, por el poder del Esp?tu, realizan lo que significan. Realizan la presencia real de Cristo resucitado (CIC 1366). La Iglesia vive de este don supremo que la re? la purifica y la transforma en un solo Cuerpo de Cristo animado por un solo Esp?tu (cf. Ef 5, 29).

La Eucarist?es el don del Amor del Padre que ha enviado a su Hijo ?o para que el mundo se salve por medio de ? (cf. Jn 3, 17); amor de Cristo que nos ha amado hasta el extremo (cf. Jn 13, 1); amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Esp?tu Santo (cf. Rm 5, 5), que clama en nosotros “¡Abb?Padre!” (Ga 4, 6; Rm 8, 15). As?ues, al celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, anunciamos con gozo la salvaci?el mundo proclamando la muerte victoriosa del Se?hasta que venga; y al comulgar de su Cuerpo, recibimos las “arras” de nuestra resurrecci?

8. Cuarenta a?despu?del Concilio Vaticano II, hemos querido verificar en qu?edida los misterios de la fe se expresan y celebran adecuadamente en nuestras asambleas lit?cas. El S?do reafirma que el Concilio Vaticano II ha puesto las bases necesarias para una reforma lit?ca aut?ica. Es importante cultivar sus frutos positivos y corregir los abusos que se hayan introducido en la pr?ica lit?ca. Estamos convencidos de que el respeto del car?er sagrado de la liturgia pasa por una fidelidad aut?ica a las normas lit?cas de la autoridad leg?ma. Que nadie se considere due?e la liturgia de la Iglesia. La fe viva, que reconoce la presencia del Se? constituye la primera condici?ara una celebraci?ella que culmine con el Am?para gloria de Dios.



LUCES EN LA VIDA EUCAR?TICA DE LA IGLESIA

9. Los trabajos del S?do se han desarrollado en una atm?ra de alegr?y de fraternidad, alimentada por la discusi?bierta de los problemas y el testimonio espont?o de los frutos del a?ucar?ico. La escucha y las intervenciones de nuestro Santo Padre Benedicto XVI han sido para todos nosotros un ejemplo y una ayuda preciosa. Muchos testimonios nos han hablado de hechos positivos y consoladores. Por ejemplo la toma de conciencia de la importancia de la Misa dominical; el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en varias partes del mundo; la experiencia fuerte de las Jornadas Mundiales de la Juventud que han culminado en Colonia, Alemania; el desarrollo de numerosas iniciativas para la adoraci?el Sant?mo Sacramento pr?icamente en todo el mundo; la renovaci?e la catequesis del Bautismo y de la Eucarist?a la luz del Catecismo de la Iglesia Cat?a; el crecimiento de movimientos y comunidades que forman misioneros para la nueva evangelizaci?el aumento de grupos de monaguillos que dan la esperanza de nuevas vocaciones; y muchas otras experiencias que suscitan nuestra acci?e gracias.

En fin, los Padres sinodales desean que el A?ucar?ico sea un inicio y un punto de apoyo para una nueva evangelizaci?a partir de la Eucarist? de la humanidad en v? de globalizaci?

10. Deseamos que el “estupor eucar?ico” (EE 6) lleve a los fieles a una vida de fe cada vez m?fuerte. Con este fin, las tradiciones orientales, ortodoxas y cat?as, celebran la Divina Liturgia, cultivan la oraci?e Jes?el ayuno eucar?ico, mientras que la tradici?atina propone una “espiritualidad eucar?ica” que culmina en la celebraci? incluye tambi?la adoraci?el Sant?mo Sacramento fuera de la Misa, las bendiciones eucar?icas, las procesiones con el Sant?mo Sacramento, y otras sanas manifestaciones de la piedad popular. Esta espiritualidad ser?in duda de lo m?fecundo para sostener la vida cotidiana y reforzar nuestro testimonio.

11. Damos gracias a Dios porque en varios pa?s donde los sacerdotes estaban ausentes o confinados a la clandestinidad, la Iglesia puede ahora celebrar libremente los Santos Misterios. La libertad de evangelizar y los testimonios de renovado fervor despiertan poco a poco la fe en zonas profundamente descristianizadas. Saludamos con afecto y alentamos a los que a?ufren persecuci?Pedimos tambi?que donde los cristianos son minor?puedan celebrar el D?del Se?con toda libertad.



RETOS PARA UNA RENOVACI? EUCAR?TICA

12. La vida de nuestras Iglesias est?arcada tambi?por sombras y problemas que no hemos eludido. Pensamos ante todo en la p?ida del sentido del pecado y en la crisis persistente de la pr?ica del sacramento de la penitencia. Es importante que se redescubra su sentido profundo: es una conversi? un remedio precioso dado por Cristo resucitado para la remisi?e los pecados (cf. Jn 20, 23) y el crecimiento en el amor a Dios y a nuestros hermanos.

Es interesante subrayar que un n?o creciente de j?es, habiendo recibido una catequesis adecuada, practican la confesi?ersonal de los pecados y muestran una sensibilidad a la reconciliaci?equerida para recibir dignamente la santa comuni?

13. Por otro lado, la falta de sacerdotes para celebrar la Eucarist?del domingo nos preocupa enormemente y nos invita a rezar y a promover m?activamente las vocaciones sacerdotales. Algunos sacerdotes se ven obligados a multiplicar las celebraciones y los desplazamientos de un lugar a otro para responder lo mejor posible a las necesidades de los fieles, al precio de grandes fatigas. Merecen nuestra estima y solidaridad. Nuestro agradecimiento se dirige tambi?a los numerosos misioneros cuyo entusiasmo en el anuncio del Evangelio permite seguir siendo fieles al mandato del Se?de ir al mundo entero y bautizar en su Nombre (cf. Mt 28, 19).

14. Por otro lado, estamos preocupados porque la falta del sacerdote impide la celebraci?e la Misa, el D?del Se? En los distintos continentes que padecen esa falta de sacerdotes existen diferentes formas de celebraciones dominicales. Por otra parte, la pr?ica de la “comuni?spiritual”, muy apreciada por la tradici?at?a, ciertamente se podr?y deber?promover y explicar mejor, tanto para ayudar a los fieles a mejorar la comuni?acramental, como para dar un verdadero consuelo a los que, por diversas razones, no pueden recibir la comuni?el Cuerpo y Sangre de Cristo. Creemos que esta pr?ica ayudar?a las personas solas, en particular a discapacitados, ancianos, prisioneros y refugiados.

15. Conocemos la tristeza de los que no pueden recibir la comuni?acramental por causa de una situaci?amiliar no conforme con el mandamiento del Se?(cf. Mt 19, 3-9). Algunas personas divorciadas y vueltas a casar aceptan con dolor no poder comulgar sacramentalmente y lo ofrecen a Dios. Otras no entienden esta restricci? viven una gran frustraci?nterior. Aunque no estemos de acuerdo con su elecci?cf. Catecismo de la Iglesia Cat?a 2384), reafirmamos que no son excluidos de la vida de la Iglesia. Les pedimos que participen en la Misa dominical y escuchen frecuentemente la Palabra de Dios para que alimente su vida de fe, de caridad y de conversi?Deseamos decirles que estamos cercanos a ellos con la oraci? la solicitud pastoral. Juntos pedimos al Se?obedecer fielmente a su voluntad.

16. Hemos constatado tambi?en ciertos ambientes una disminuci?el sentido de lo sagrado que afecta no s?a la participaci?ctiva y fructuosa de los fieles en la Misa, sino tambi?a la manera de celebrar y a la cualidad del testimonio de vida que los cristianos est?llamados a dar. Tratemos de reavivar, a trav?de la Sagrada Eucarist? el sentido y el gozo de pertenecer a la comunidad cat?a, ya que en ciertos pa?s se multiplican los abandonos. La descristianizaci?eclama una mejor formaci? la vida cristiana en las familias, para que la pr?ica de los sacramentos se renueve y manifieste realmente el contenido de la fe. Invitamos pues a los padres, pastores y catequistas a movilizarse en un gran trabajo de evangelizaci? de educaci? la fe al inicio de este nuevo milenio.

17. Ante el Se?de la historia y ante el futuro del mundo, los pobres de siempre y los nuevos, las v?imas de injusticias, cada vez m?numerosas, y todos los olvidados de la tierra nos interpelan, nos recuerdan a Cristo en agon?hasta el final de los tiempos. Estos sufrimientos no pueden ser extra?a la celebraci?el misterio eucar?ico, que compromete a todos nosotros a obrar por la justicia y la transformaci?el mundo de manera activa y consciente, a partir de la ense?a social de la Iglesia que promueve la centralidad y dignidad de la persona.

“No podemos enga?os: es por el amor mutuo y, en particular, por la solicitud que manifestaremos a los que est?en necesidad por lo que seremos reconocido como verdaderos disc?los de Cristo (cf. Jn 13, 35; Mt 25, 31-46). Este es el criterio que probar?a autenticidad de nuestras celebraciones eucar?icas” (Mane nobiscum Domine 28).



SER?S MIS TESTIGOS

18. “Jes?habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am?sta el extremo” (Jn 13, 1). San Juan revela el sentido de la Instituci?e la Sant?ma Eucarist?por medio de la narraci?el lavatorio de los pies (cf. Jn 13, 1-20). Jes?e abaja a lavar los pies de sus disc?los como signo de su Amor supremo. Este gesto prof?co anticipa su abajamiento del d?siguiente en la muerte de la cruz, que redime el pecado del mundo y lava nuestras almas de toda mancha. La Sagrada Eucarist?es el don del Amor, un encuentro con Dios que nos ama y una fuente que mana vida eterna. Obispos, sacerdotes y di?nos somos los primeros testigos y servidores de este Amor

19. Queridos sacerdotes, hemos pensado mucho en vosotros en estos d?. Conocemos vuestra generosidad y vuestros retos. En comuni?on nosotros vuestros obispos llev? el peso del servicio pastoral cotidiano al lado del pueblo de Dios. Anunci? la Palabra de Dios procurando introducir a los fieles en el misterio eucar?ico. ¡Qu?spl?ida gracia la de vuestro ministerio! Rezamos con vosotros y por vosotros para que juntos seamos fieles al amor del Se? os pedimos ser, con nosotros y siguiendo el ejemplo del Santo Padre Benedicto XVI, “humildes obreros de la vi?el Se?, con una vida sacerdotal coherente. Que la paz de Cristo que dais a los pecadores arrepentidos y a las asambleas eucar?icas, resplandezca sobre vosotros y sobre las comunidades que viven de vuestro testimonio.

Con gratitud recordamos el empe?e los di?nos permanentes, de los catequistas, de los agentes de pastoral y de numerosos laicos que activamente trabajan en favor de la comunidad. ¡Pueda vuestro servicio ser siempre fecundo y generoso, apoyados por una plena comuni?e intenciones y de acci?on los Pastores de la comunidad!

20. Amados hermanos y hermanas, cualquiera que sea el estado de vida en el que somos llamados a vivir nuestra vocaci?autismal, revist?nos de los sentimientos de Cristo Jes?cf. Fil 2, 2) y compitamos en humildad los unos con los otros a ejemplo de Jesucristo. Nuestra caridad mutua no es solamente una imitaci?el Se? es una prueba viva de su presencia activa en medio de nosotros. Saludamos y damos las gracias a todas las personas consagradas, porci?scogida de la vi?el Se? que testimonian gratuitamente la Buena Nueva del Esposo que viene (cf. Ap 22, 17-20). Vuestro testimonio eucar?ico de seguimiento de Cristo es un grito de amor en la noche del mundo, un eco del Stabat Mater y del Magnificat. Que la Mujer eucar?ica por excelencia, coronada de estrellas e inmensamente fecunda, la Virgen de la Asunci? de la Inmaculada Concepci?os mantenga en el servicio de Dios y de los pobres, en la alegr?de Pascua, para la esperanza del mundo.

21. Queridos j?es, el Santo Padre Benedicto XVI os ha dicho e insistido que no perd? nada d?oos a Cristo. Repetimos sus palabras fuertes y serenas de la Misa de comienzo de su ministerio que os orientan hacia la verdadera felicidad, respetando por completo vuestra libertad: “¡No teng? miedo de Cristo! ? no quita nada, y lo da todo. Quien se da a ? recibe el ciento por uno. S?abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontrar? la verdadera vida”. Confiamos en vuestras capacidades y en vuestro deseo de desarrollar los valores positivos del mundo y de cambiar lo que es injusto y violento. Contad con nuestro apoyo y nuestra oraci?ara que juntos nos enfrentemos con el reto de construir el futuro con Cristo. Sois los “centinelas de la aurora” y los “exploradores del futuro”. No dej? de beber en la fuente de la fuerza divina de la Sagrada Eucarist?para realizar las transformaciones necesarias.

A los j?es seminaristas que se preparan para el ministerio sacerdotal y que comparten con su generaci?as mismas esperanzas para el futuro, les deseamos que su vida de formaci?st?mpregnada de una aut?ica espiritualidad eucar?ica.

22. Queridos esposos cristianos y familias, vuestra vocaci? la santidad, como iglesia dom?ica, se alimenta en la Mesa de la Eucarist? En el sacramento del matrimonio vuestra fe transforma la uni?onyugal en un templo del Esp?tu Santo, en fuente fecunda de nueva vida que engendra los hijos, fruto de vuestro amor. Hemos hablado a menudo de vosotros en el S?do, porque somos conscientes de las fragilidades y de las incertidumbres del mundo presente. No os desanim? en el esfuerzo por educar vuestros hijos en la fe. Sois el semillero de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. No olvid? que Cristo habita en vuestra uni? la bendice con todas las gracias que necesit? para vivir santamente vuestra vocaci?Os animamos a conservar la costumbre de participar en familia en la Eucarist?dominical. Alegr? as?l coraz?e Jes?ue dijo: “Dejad que los ni?se acerquen a m?(Mc 10, 14).

23. Deseamos dirigir una palabra especial a todos los que sufren, especialmente a los enfermos y discapacitados que est?unidos al sacrificio de Cristo por su sufrimiento (cf. Rm 12, 2). Por el dolor que sent?en vuestro cuerpo y en vuestro coraz?articip? de manera singular en el sacrificio de la Eucarist? como testigos privilegiados del amor que de ella deriva. Estamos seguros de que en el momento en el que experimentamos la debilidad y nuestros propios l?tes, la fuerza de la Eucarist?puede ser una gran ayuda. Unidos al misterio pascual de Cristo, encontramos la respuesta a las cuestiones candentes del sufrimiento y de la muerte, sobre todo cuando la enfermedad toca a ni?inocentes. Nos sentimos cercanos a todos vosotros pero especialmente a los moribundos que reciben el Cuerpo de Cristo como vi?co para su ?mo paso al Reino.


QUE TODOS SEAN UNO

24. El Santo Padre Benedicto XVI ha reiterado el compromiso solemne de la Iglesia con la causa ecum?ca. Todos somos responsables de esta unidad (cf. Jn 17, 21), pues somos miembros de la familia de Dios por nuestro bautismo, hemos recibido la misma gracia y dignidad fundamental y compartimos el inestimable don sacramental de la vida divina. Todos sentimos el dolor de la separaci?ue impide la celebraci?om?e la Santa Eucarist? Queremos intensificar en las comunidades la oraci?or la unidad, el intercambio de dones entre las Iglesias y las comunidades eclesiales, as?omo los contactos respetuosos y fraternos entre todos, para conocernos mejor y amarnos, respetando y apreciando nuestras diferencias y nuestros valores comunes. Normas precisas de la Iglesia determinan c?hay que conducirse respecto a la comuni?ucar?ica de los hermanos y hermanas que no est?todav?en plena comuni?on nosotros. Una sana disciplina impide la confusi? los gestos precipitados que pueden obstaculizar a??la verdadera comuni?

25. Como cristianos nos reconocemos muy cercanos a todos los otros descendientes de Abraham: a los jud?, herederos de la primera Alianza, y a los musulmanes. Al celebrar la sagrada Eucarist? nos consideramos tambi? como dice San Agust? “sacramento de la humanidad” (De civ. Dei, 16), voz de todas las oraciones y s?cas que suben de la tierra hacia Dios.



CONCLUSI?: UNA PAZ LLENA DE ESPERANZA

Amados hermanos y hermanas, 26. Damos gracias a Dios por esta XI Asamblea Sinodal, que nos ha hecho volver a la fuente del misterio de la Iglesia, cuarenta a?despu?del Concilio Vaticano II. Terminamos as?elizmente el A?e la Eucarist? confirmados en la unidad y renovados en el entusiasmo apost?o y misionero.

A comienzos del siglo cuarto, el culto cristiano a?staba prohibido por las autoridades imperiales. Los cristianos del norte de frica, vinculados con fuerza a la celebraci?el D?del Se? desafiaron la prohibici?Murieron m?ires declarando que no pod? vivir sin la celebraci?ominical de la Eucarist? Los 49 m?ires de Abitinia, unidos a tantos santos y beatos que han hecho de la Eucarist?el centro de sus vidas, interceden por nosotros al inicio del nuevo milenio. Nos ense?la fidelidad al encuentro de la Nueva Alianza con Cristo resucitado.

Al final de este S?do, experimentamos la paz llena de esperanza que los disc?los de Ema?con el coraz?ncendido, recibieron del Se?resucitado. Se levantaron y volvieron apresuradamente a Jerusal?para compartir su alegr?con sus hermanos y hermanas en la fe. Os deseamos que vay? alegremente a su encuentro en la Santa Eucarist?y que experiment? la verdad de su palabra: “Y yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

¡Queridos hermanos y hermanas, la Paz est?on vosotros!

A?e la Eucarist?(octubre de 2004 - octubre de 2005). Sugerencias y propuestas
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