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Millonarios
Reseña de Adriana Fernández Rodríguez de la cinta Millonarios de Danny Boyle en la que se hace promoción explícita de los grandes valores humanos a través de la bondad de un niño y su vivencia de la fe.


Por: Adriana Fernández Rodríguez-Macedo | Fuente: .



Millonarios (Millions, UK, 2004)


Esta película resulta una grata sorpresa para todos aquellos que estamos desgraciadamente acostumbrados a un cine que oscila entre lo frívolo y lo crudo.

Millonarios, es el último largometraje del director Danny Boyle, conocido por películas más bien oscuras como Shallow Grave (en español: Tumba al Ras de la Tierra) y la famosa o infame Trainspotting. No dejen que esta información les dé ideas negativas sobre la película que estoy a punto de relatar: Millionarios tiene una gran dulzura y un claro mensaje moral.

Millonarios trata sobre dos niños ingleses, los hermanos Anthony y Damian, que pierden a su madre. Aunque ambos son católicos, es el pequeño, Damian (quien en la trama tendrá unos 7 años), el más devoto. Damian platica con los santos ¡y de hecho los ve! Y así, les consulta -a Santa Clara, a San Francisco de Asís y a San José, entre otros- sobre si han visto a su mamá (Santa Maureen, la llama afectuosamente él) en el cielo.

Sin embargo, la vida de Damian y Anthony cambia radicalmente cuando, después de mudarse a una nueva ciudad, a Damian le cae literalmente del cielo una maleta llena de dinero. Los hermanos reaccionan de manera completamente opuesta en torno a este suceso: mientras que Anthony quiere usar el dinero para invertirlo en negocios inmobiliarios (lo cual obviamente no puede hacer al ser menor de edad) o en pagar sirvientes y guaruras (que son sus propios compañeros de escuela), Damian está seguro de que el dinero se lo envió Dios para hacer el bien y repartirlo entre los pobres. Y eso es, justamente, lo que empieza a hacer: desde pagar una comida de pizza para gente humilde hasta dejarles dinero en el buzón a unos mormones vecinos.

Parte del secreto de los hermanos es descubierto cuando Damian hace una contribución en un evento de recaudación de su escuela de ¡mil libras esterlinas! para construir pozos de agua en Africa. Llaman al papá de los niños y Anthony asegura a los consternados adultos -el director de la escuela, la recolectora de fondos y su papá- que ese dinero lo robaron a los ya mencionados mormones.

Ahora bien: resulta que el dinero no fue un envío divino, sino parte de un botín de unos ladrones de bancos. Los ladrones no tardan mucho en descubrir en quién se quedó con sus cientos de miles de libras esterlinas y empiezan a acosar a la familia. Aquí es donde el papá se da cuenta de todo lo que pasó pero cuando está a punto de entregar el dinero a la policía, los ladrones destruyen su casa en busca del botín. Entonces, el papá cambia de parecer... se quedará con esa fortuna en justa compensación por los daños que los ladrones le causaron a su casa.

Damian le dice que no puede hacer eso, ¡es dinero robado! Pero el papá, junto con la encargada de recolectar los donativos para los pozos de Africa (y que se ha convertido en su novia) y Anthony, se disponen a cambiar todos los billetes rápidamente, puesto que supuestamente, a partir del 25 de diciembre entrará en vigor el Euro en Gran Bretaña, en lugar de la libra esterlina.

El final se los dejo pendiente, pero puedo decirles que es una película sumamente positiva y que hace una fuerte reflexión sobre el poder ejerce el dinero en los seres humanos. Es fresca, tierna y ciertamente promueve valores católicos.

Dos últimos puntos que vale la pena resaltar: primero, que el guionista, Frank-Cottrell Boyce, es católico. En una entrevista publicada en el periódico Reforma del 2 de septiembre, hace un comentario que me llama mucho la atención: explica que cuando estaban buscando patrocinadores para la película y les presentaban el guión, los patrocinadores decían: “¡Ah, claro, el niño está loco!” por el hecho de que Damian ve a los santos en la película. Pero el guionista aclaraba: “No, no está loco. Mis padres hablan con los santos, yo hablo con los santos. La diferencia es que Damian los ve”. Ese comentario me encantó. En lugar de avergonzarse de su catolicismo como hacen muchos, él lo hace ver como algo cool.

En segundo lugar, está el admirable hecho de que parte de las ganancias del merchandising de la película (concretamente de la venta de las camisetas creadas para promocionar el film) están destinadas precisamente a una organización que se dedica a crear pozos de agua en Africa.

Un gesto, sin duda, netamente cristiano.

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