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Renovación Matrimonial- ¿Por qué renovar?
Cuando las cosas van bien, hay que revisar, y cuando las cosas van mal, hay que revisar, para que no vaya a suceder como a aquéllos, que en vez de diagnóstico, necesitan autopsia


Por: . | Fuente: Proyecto Familia/Catholic.net



Introducción


Cuando dicen “renovación matrimonial”, se podría venir la idea: “Bueno, ¿ya para qué sirve?, si mi matrimonio va bien, ¿necesito yo una renovación matrimonial?” Cuando las cosas van bien, hay que revisar, y cuando las cosas van mal, hay que revisar, para que no vaya a suceder como a aquéllos, que en vez de diagnóstico, necesitan autopsia.

Hoy lanzaremos una especie de mirada hacia atrás, es decir, nos propondremos descubrir para qué nos hemos casado, para qué estamos casados y para qué vamos a vivir casados. Esto puede parecer demasiado para un día, pues éste puede ser el programa de toda una vida; sin embargo, por lo menos hoy podríamos comenzar.

Una renovación matrimonial tiene que ser para ustedes, sobre todo, un día de especial convivencia, los tiempos que se llaman de “diálogo en pareja”; tiempos que vamos a intentar que sean lo más prolongados posible, porque evidentemente ésa es la principal actividad del día de hoy, que ustedes puedan dialogar. Una de las fuentes más tremendas de la ruptura matrimonial, o quizá no de ruptura, pero sí de enfriamiento, es la falta de diálogo; la falta de diálogo, no tanto por falta de tiempo, sino a veces, o por falta de interés, o por una especie de “¿Y ahora qué voy a decir?” Hoy, de alguna forma, ustedes se ven obligados a hablarse.

Al final del día, en la tarde, tendremos la misa en la que renovarán las promesas matrimoniales. No es casarse otra vez, porque eso no sería posible, sino que renovarán las promesas matrimoniales como una señal, como un signo de que efectivamente hay en nosotros el esfuerzo, el interés por ir adelante en este camino.

¿Por qué es importante renovar el matrimonio el día de hoy? Una renovación se dibuja en tres verbos, el verbo reflexionar, el verbo dialogar y el verbo proyectar.
Si nos pusiéramos a preguntar cuánto y cuándo ha sido la última vez que nos hemos sentado como pareja, o por lo menos individualmente a reflexionar, a dialogar y a proyectar como pareja nuestro matrimonio, a lo mejor habría quizá que recorrer muchas hojas del calendario; sin embargo, es lo fundamental de nuestra vida, el matrimonio es lo más importante, el matrimonio es la empresa clave de la vida. Puede fracasar todo, pero si fracasa el matrimonio entonces sí fracaso; pueden venirse abajo muchas cosas, pero si fracasa el matrimonio se han venido abajo todas las cosas; una idea que nos podría ayudar en este sentido es el preguntarnos: “¿Por qué cambiaría yo mi matrimonio?, ¿qué elegiría?” Esta es una especie de inquietud que debería de venir. Siendo algo que sostiene nuestra vida, es algo a lo que rara vez le damos importancia.

En la empresa o en la oficina en la que trabajamos, tenemos evaluaciones constantes de trabajo, y si a uno no se le venden las cosas, se preocupa por ello. Sin embargo, de cara al matrimonio, rara vez se hace, más bien se tiene una situación del tipo que llamaríamos introversión: hay un problema y rara vez se tiende a resolverlo verdaderamente, más bien tiende a tolerarse, a aguantarse, a llevarlo consigo y almacenarlo, uno más, hasta que explota, y ese día tiene unas consecuencias o tiene otras, pero nos falta mucho más señores, esta capacidad de reflexión, de diálogo y de proyección, algo que una actividad como ésta puede ayudar, pero esta actividad no es otra sino una especie de “fíjate que es por aquí”, ahora te toca a ti ese ir caminando por esa vida, te toca a ti ir yendo por ahí, reflexionar sobre la vida en pareja.

Se les entregó un cuestionario al inicio, que puede ser una especie de reflexión sobre esto, pero que no es otra cosa sino recordar todos los días: oye todos los días tendríamos que reflexionar sobre algo tan serio que es la convivencia conyugal, y que de vez en cuando tendríamos que sentarnos a intercambiar nuestra reflexiones sobre la convivencia conyugal y dialogar, en un diálogo que busca ver si mis reflexiones son auténticas, ver si mis reflexiones son verdaderas, y ver si el otro comparte mis reflexiones.

Cuando uno se pone a hacer una estadística sobre los temas de conversación entre la pareja, sería muy interesante descubrir lo poco que se habla de la pareja; se habla de muchas cosas, se habla de la familia de la pareja, pero se habla muy poco de sí mismos, se habla de los problemas de los hijos, o de los problemas económicos, o de lo que pasó con la vecina, o de lo que está sucediendo en la escuela, pero hablar de la pareja y de lo que hemos reflexionado sobre nosotros como pareja, eso verdaderamente no siempre suele hablarse, más aún tiende a ser difícil que se hable; reflexionar y dialogar. Pero también hay un tercer aspecto que es proyectar. Proyectar supone dos cosas: una intención interior de seguir yendo adelante juntos y una intención interior de comprometernos los dos juntos en acciones, en intención y en acción, dos cosas necesarias en toda auténtica proyección. Porque como miramos el futuro la pregunta es ¿lo vemos los dos juntos? Una frase de esas típicas de adolescentes, que en el fondo tienen más verdad de lo que parece, de ésas que los jovencitos, cuando empiezan a tener quince años, la descubren como grandes frases, decía que “amarse no es mirarse de frente, sino es mirar juntos al frente”. ¿Miramos juntos al frente?, en mis proyectos personales, ¿la palabra “pareja” ocupa un peso específico?

Este es uno de los primeros aspectos en los que nosotros tenemos que ir profundizando: la reflexión, el diálogo y, sobre todo, la mirada hacia delante, que tiene como base el pasado, lógicamente, pero no un pasado de simple recriminación, que es a veces como miramos el pasado. Hay una novela de los cincuenta, que se llama “Mirando hacia atrás con ira”, en la que el protagonista era un terrateniente, un agricultor del sur de los Estados Unidos, que tiene como sesenta años aproximadamente, y todo su pasado lo ve justamente con ira, porque ve su presente y le echa la culpa de su presente a su pasado y en un momento de la obra alguien le dice: “¿No te has dado cuenta que en tus manos nunca has tenido tu pasado, pero siempre has tenido tu presente?”

No es mi pasado el culpable, es mi presente el culpable. Y, a veces, el matrimonio podría ser así, de darnos cuenta de que estamos echando culpas al pasado cuando el culpable es siempre el presente en el cual estamos viviendo, un presente que se tiene que construir, no un pasado que ya está hecho, sino el futuro, y si miramos hacia atrás, mirando como si viésemos con ira, pensando que hacia atrás está todo el problema, cuando el problema está hoy, es hoy cuando tenemos que resolverlo. ¿Cuáles son las situaciones del pasado que llenan de conflicto a nuestra actualidad? Es importante descubrirlas, pero nunca hay que mirarlas con ira, porque lo importante es que hoy, en el presente, seamos capaces de resolverlas, cuáles son evidentemente para descubrir este presente, lo primero que tenemos que hacer es saber dónde está.

¿Dónde estoy?

En el exterior: 1, 15 ó 30 años.
En el interior: cercanía, silencio, abismo.
Dónde estamos, tanto hacia el exterior como dónde estamos hacia el interior, son dos realidades que tenemos que tener en cuenta: ¿cuál es mi situación interior y cuál es mi situación exterior? Si nos asomamos un poquito sobre los estudios que hay sobre estas cosas, hay una serie de estadísticas que están marcadas por la presencia de estructuras matrimoniales en las que se estudia en qué momentos de la vida se tiende con más facilidad a la ruptura matrimonial, y esto permite hacer una serie de etapas dentro del matrimonio. Naturalmente, como todas las cosas humanas, estas etapas son muy variables, no podemos decir cuándo empieza una y cuándo termina la otra, y hay que ver en cada pareja en la que más o menos se está viviendo, lo que cuenta no son tanto las etapas, cuanto las características de cada etapa. Dicen que un alto índice de divorcios tiende a producirse en el primer año, es uno de los momentos en que el índice de divorcios sube.

En el primer año de matrimonio, muchos matrimonios quiebran allí, generalmente la causa suele ser la inmadurez de la elección, o simplemente un problema psicológico, una falta de adaptación, pero siempre tiende a ser la inmadurez el aspecto que tiende a incrementar los divorcios en este primer año de matrimonio.

Después, el segundo gran pico viene apareciendo alrededor de los diez años de matrimonio, sobre todo en el tipo de sociedad en la que vivimos en estos momentos. Los diez años de matrimonio tienen, o pueden tener como característica fundamental, la palabra “independencia”, diez años de matrimonio son suficientes para acostumbrarse al otro, entonces a los diez años la independencia aparece con bastante facilidad, y cosas que antes nos preocupaban que sucedieran ya no nos importa tanto que sucedan, esto es tanto en el hombre como en la mujer; el hombre, después de diez años tiende a ser independiente en su trabajo, en su vida está estructurado, como que la familia ya se ha enrolado dentro de sus papeles y va caminando, los hijos han llegado a ser más o menos todos. Esto, como he dicho, acaba produciendo una serie de independencia de errores tan fuertes que provoca la ruptura.

Hay otra etapa que podríamos llamar la tercera etapa, que viene rondando un poco los treinta años, lógicamente este 0, 10, 30, son etapas muy flexibles, pero más o menos son así. En torno a los 30 años de matrimonio es cuando la pareja vuelve a reencontrarse sola, ella con unas cuantas arrugas más, él con un poco menos de pelo y los dos con tantitos cachetes y este rencuentro a veces es tan fuerte, que más que reencuentro es choque y acaba provocando también la ruptura de la pareja.
Sería interesante aquí con parejas que veo un poquito de todo, que nos demos cuenta de cuál de las tres etapas estamos viviendo, evidentemente que este reencuentro puede suceder en vez de a los 30, a los 15 años, o a los 16 ó a los 20, en el fondo es lo de menos, lo importante es darnos cuenta de dónde estamos, de cuál sería la edad de nuestro matrimonio. ¿Estamos en ese primer período de adaptación?, ¿estamos en ese período de independencia?, o ¿estamos en ese tercer período de reencuentro? Es muy importante que lo sepamos, porque de alguna forma esto nos lleva a decir cuáles van a ser las características también de nuestros conflictos. Al principio del matrimonio, los principales conflictos son de adaptación en todos los campos: adaptarnos como pareja en la vida conyugal en todos los ámbitos, adaptarnos como pareja hacia el exterior, hacia la vida social, adaptarnos como pareja hacia la vida laboral, es un constante adaptarse.

Es importante que lo descubramos, podría ser que estuviésemos en la vida en una fase con una especie de independencia en estos momentos de nuestra vida matrimonial, él tiene su trabajo, vive para su trabajo; ella tiende más bien a lo que son las labores del hogar o similares, cuidado más dedicado a los hijos, cuidado más estricto a los hijos, pero viviendo en dos mundos. Y un tercer punto podría ser viviendo en una etapa de regreso, una etapa que se puede vivir a los treinta años, pero se puede vivir mucho antes.

El estado interior del matrimonio, cuál es mi situación interior, no solamente mi situación exterior, que está marcada un poco por la cronología, por las circunstancias exteriores, cuál es la situación interior de nuestra vida de pareja.
Hay un estado que es el estado de cercanía. Ese estado de cercanía, en el cual los dos estamos esforzándonos, los dos estamos trabajando, vamos luchando, vamos poniendo de nuestra parte.

Hay otro estado que es el estado de silencio, en el cual prácticamente no existe comunicación entre la pareja. No es que no se hable, sino que interiormente el matrimonio está silencioso, siguen saliendo juntos, siguen yendo juntos a muchas partes, pero falta un diálogo, falta un constante salir de uno hacia el otro y un constante regresar de uno con otro.
Y hay un tercer estado que se llama el abismo, cuando entre los dos realmente existe una fisura, que puede ser profunda, que puede ser muy grave, no significa que esté roto el matrimonio, significa simplemente que entre los dos en este momento simplemente no hay un silencio, sino que hay una fractura.
Estos tres estados son estados interiores del matrimonio. El estado de cercanía, el estado de silencio y el estado del abismo. ¿Dónde estamos ahora? Estos tres estados vienen solos, vienen solos porque evidentemente a nadie le interesa vivir en un abismo o en un silencio, todos buscaríamos una especie de cercanía. Pero vamos viviendo nuestros estados matrimoniales no de una forma consciente, sino llevado, no soy yo el que lleva el matrimonio, el matrimonio es llevado, ¿es llevado por qué? Pues por muchas cosas, es llevado por nuestra propia evolución psicológica que no deja de realizarse, llevado por nuestra evolución profesional, llevado por nuestras características, en fin, es llevado por mil cosas.

Pero en nosotros posiblemente no haya un proyecto que busque constantemente la cercanía, luchando por salir del silencio o rellenar el abismo. Esto es algo que puede convertirse, que puede llegar a ser una gran tragedia a nivel matrimonio, porque puede estar en nuestra vida cercanía-silencio-abismo presente, sin que hayamos hecho nada. Puede haber una cercanía sin que hayamos hecho nada, puede haber un silencio, sin que hayamos hecho nada o un abismo, sin que hayamos hecho nada.

La pregunta es ¿puede un matrimonio durar así? Hay una imagen muy interesante de la persona humana. Dicen que la persona humana es como el barro del alfarero, que para que no se ponga duro hay que estar constantemente moldeándolo. Si el barro lo dejamos, se endurece y ya no se puede moldear. La pareja humana es algo así, para que no se genere este abismo, hay que estar constantemente moldeándola, constantemente haciendo algo por la pareja humana, no simplemente dejarse arrastrar, no simplemente dejarse llevar, no simplemente ir. De otra forma, estos tres estados que van a ir apareciendo sucesivamente en las diferentes etapas por las que va pasando el matrimonio van tendiendo cada vez más hacia el abismo, porque la cercanía es siempre, necesita ser siempre conquistada, necesita ser conquistada.

Concluyendo, la capacidad de reflexión, de diálogo y proyección, nos tiene que permitir ver si lo estamos haciendo, por un lado. Segundo, reflexionar juntos sobre cuáles son las características de nuestro estado exterior; y, tercero, reflexionar juntos, dialogar juntos y proyectar juntos sobre nuestro estado interior, y qué estamos haciendo para que este estado interior pueda ser de cercanía, de silencio o de abismo, tienda hacia la cercanía. Porque si se casaron fue para eso, si se casaron no fue para vivir en un abismo, si se casaron fue para vivir en cercanía. Lo que la Escritura dice, que ya no son dos sino una solo carne, tiene este matiz, es muy importante darnos cuenta de una cosa, factor si quieren cultural simplemente, en la Escritura el parentesco de carne es muy importante, el parentesco de sangre, el hecho de que el hijo obedece al padre, es muy importante, porque en la mentalidad semítica, en la mentalidad del Medio Oriente, el parentesco de sangre es fundamental y, sin embargo, el matrimonio rompe el parentesco de sangre. “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”. Eso es una cercanía muy fuerte que se produce entre los dos, preguntémonos ¿vivimos para eso, trabajamos para eso, luchamos para eso?


 







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