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Capítulo 7. La Instrucción Inmensae Caritatis
Curso en línea: Ministros Extraordinarios de la Comunión


Por: Pbro. Juan Manuel Perez Romero | Fuente: Ministros Extraordinarios de la Comunión - Curso Básico



7. LA INSTRUCCIÓN INMENSAE CARITATIS

OBJETIVO 7.

LA INSTRUCCIÓN INMENSAE CARITATIS Y SU ACTUALIZACIÓN EN EL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO
Inmensae Caritatis de S.S. Pablo V!, 29 de enero de 1973.
Código de Derecho Canónico Promulgado, 25 de
enero de 1983


Sobre los ministros extraordinarios de la Comunión y la ley de ayuno eucarístico.

El Candidato a MEC podrá explicar:
1. Quiénes pueden ser llamado a MEC y quién les puede llamar. Así como sus funciones.
2. Las normas para poder comulgar una segunda vez en el mismo día.
3. La ley del ayuno eucarístico.
4. Las recomendaciones cuando se da la comunión en la mano.

La instrucción INMENSAE CARITATIS y su actualización con el nuevo Código de Derecho Canónico.

El Concilio Vaticano II trajo consigo una reforma de las normas y de la vida litúrgica de la Iglesia, inevitablemente la disciplina preconciliar sobre la recepción de la sagrada Comunión también tuvo que cambiar. Esta instrucción fueron los primeros pasos en el cambio de visión sobre cuatro puntos clave en la recepción de la sagrada comunión:

1. Los ministros extraordinarios de la Comunión.
2. La ley de ayuno eucarístico para los enfermos.
3. La posibilidad de recibir la sagrada Comunión dos veces al día.
4. Devoción cuando se comulga recibiendo la Comunión en la mano.

El Código de Derecho Canónico promulgado en 1983 vino a afinar la nueva disciplina postconciliar sobre la sagrada Comunión.

Método: tendremos una introducción al párrafo del texto, luego presentaremos el texto de la instrucción y finalmente se añadirán los números del derecho que lo actualizan. La forma de indicar el Código del Derecho Canónico es C.I.C.

Introducción
El testamento de infinita caridad que Jesucristo nuestro Señor dejó a su esposa la Iglesia, es decir, el don inefable de la Eucaristía, el mayor de todos, exige un conocimiento cada día más profundo de gran misterios y una participación más plena en su eficacia salvadora.

A este fin la Iglesia, movida por su celo y solicitud pastorales, para fomentar la devoción a la Eucaristía, cumbre y centro del culto cristiano, ha promulgado en más de una ocasión normas oportunas e instrucciones apropiadas.

Con todo, las circunstancias de nuestro tiempo parecen aconsejar que, dejando a salvo el máximo respeto debido a tan gran sacramento, se den mayores facilidades para acercarse a la sagrada Comunión, con el fin de que los fieles, participando más a menudo y con mayor plenitud en los frutos del sacrificio de la Misa, se entreguen con mayor generosidad y celo al servicio de Dios y al bien de la Iglesia y de los hombre.

En primer lugar hay que procurar que, debido a la escasez de ministros, no resulte imposible ni demasiado difícil recibir la sagrada Comunión. En segundo lugar, que los enfermos no se vean privados del gran consuelo espiritual de la sagrada Comunión, por no poder observar la ley del ayuno eucarístico, aunque ya bastante mitigada. Finalmente, parece conveniente que en algunas circunstancias se permita, a los fieles que lo pidan recibir lícitamente la comunión sacramental dos veces el mismo día.

Por tanto, acogiendo favorablemente los deseos manifestados por algunas Conferencias episcopales, se establecen las siguientes normas relativas a los puntos siguientes:
1. Los ministros extraordinarios de la sagrada Comunión.
2. Facultades más amplias para recibir la sagrada Comunión dos veces al día.
3. La mitigación del ayuno eucarístico a favor de los enfermos y de las personas de edad avanzada.
4. La devoción y reverencia debidas al Santísimo Sacramento, cuando el Pan eucarístico se deposita en las manos de los fieles.

1. Los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión

Notamos que en el año 1973 en que fue escrita esta instrucción falta todavía mencionar los equipos litúrgicos en los que se insertan los ministros extraordinarios de la Comunión (MEC), mostrando así su relación con otros servicios dentro de la vida litúrgica de la comunidad. Hoy día no se conciben a los MEC sueltos y trabajando por su parte, sino insertados en un equipo litúrgico como miembros vivos de una comunidad bajo la autoridad del párroco.

Las circunstancias en que puede ser insuficiente el número de ministros ordinarios para administrar la sagrada Comunión son varias:
a) Durante la celebración de la Misa, cuando es muy grande la asistencia de fieles, o el celebrante se encuentra impedido por alguna dificultad especial:
b) fuera de la Misa, cuando las distancias hacen difícil llevar las sagradas Especies sobre todo en forma de Viático, a los enfermos en peligro de muerte, y también cuando es tan grande el número de enfermos, sobre todo en hospitales o instituciones similares, que hacen falta bastantes ministros para la distribución de la Comunión.

Por tanto, para que no queden sin la ayuda y el consuelo de este sacramento los fieles que, en estado de gracia y con recta y piadosa intención desean tomar parte en el banquete eucarístico, el Sumo Pontífice ha considerado oportuno instituir ministros extraordinarios que puedan administrar la sagrada Comunión tanto a sí mismos como a los demás fieles, con las siguientes condiciones precisas.

Seis condiciones para que existan MEC

I.
Los Ordinarios de lugar tienen facultad para permitir a personas idóneas, elegidas individualmente como ministros extraordinarios, en casos concretos o también por un período de tiempo determinado, o en caso de necesidad de modo permanente, que se administren a sí mismas el pan eucarístico, lo distribuyan a los demás fieles, y lo lleven a los enfermos en sus casas.
En esta primera condición se marca el campo de la actividad del MEC:
­ administrarse a sí mismo el Pan Eucarístico;
­ distribuirlo a los demás fieles en la Misa o celebración de la Palabra;
­ llevarlo a los enfermos en sus casas dentro del territorio parroquial o la zona que se le indique por su párroco

EL C.I.C. 943 abre otro campo al MEC:
“Es ministro ordinario de la exposición del Santísimo Sacramento y de la Bendición eucarística el sacerdote o el diácono; en circunstancias peculiares, SOLO PARA LA EXPOSICIÓN Y RESERVA, PERO SIN BENDICIÓN, lo son el acólito, el ministro extraordinario de la Comunión u otro encargado por el ordinario del lugar, observando las prescripciones dictadas por el Obispo diocesano”.

Así es que la otra actividad del MEC puede ser; exponer y reservar al santísimo Sacramento pero sin dar la bendición.

Esto se permite cuando:
a) falta el sacerdote, el diácono o el acólito,
b) los mismos se hallen impedidos para distribuir la sagrada Comunión a causa de otro ministerio pastoral, por enfermedad o por motivo de su edad avanzada;
c) el número de fieles que desean acercarse a la Sagrada Comunión sea tan grande que se prolongaría demasiado la duración de la Misa o la distribución de la Comunión fuera de la Misa.

II. Los mismos Ordinarios de lugar tienen facultad para permitir que los sacerdotes dedicados al sagrado ministerio puedan designar una persona idónea que, en caso de verdadera necesidad, distribuya la sagrada Comunión ad actum.
III. Los Ordinarios de lugar podrán delegar esta facultad en sus obispos auxiliares, vicarios episcopales y delegados episcopales.
IV. La designación de la persona idónea, de que se habla en los nn. I y II se hará teniendo presente el siguiente orden, que puede ser cambiado, sin embargo, según el prudente parecer del Ordinario del lugar: lector, alumno del seminario mayor, religioso(a), catequista, fiel varón o mujer,
V. En los oratorios de comunidades religiosas de ambos sexos, el encargado de distribuir la sagrada Comunión en las circunstancias enumeradas en el n. I, puede confiarse obviamente al superior que carezca del orden sagrado, o a la superiora, o a sus respectivos vicarios.
VI. Si se dispone de tiempo suficiente, conviene que la persona idónea escogida individualmente por el Ordinario del lugar para la distribución de la sagrada Comunión, y la persona elegida para el mismo fin por el sacerdote que tenga facultad, conforme a lo dicho en el n. II, reciban el mandato de acuerdo con el rito anexo a esta instrucción, y que distribuyan la sagrada Comunión ateniéndose a las normas litúrgicas.

En el penúltimo párrafo de este número se insiste en que los MEC son una ayuda para los sacerdotes pero que ellos continúan con el deber de distribuir la Comunión a los que la piden legítimamente.

Como estas facultades han sido concedidas únicamente para el bien espiritual de los fieles y pensando en casos de verdadera necesidad, tengan presente los sacerdotes que tales facultades no les dispensan del deber de distribuir la Eucaristía a los fieles que legítimamente la pidan, y en modo particular de llevarla y darla a los enfermos.

El último párrafo muestra algunas de las condiciones personales del candidato a MEC a las que añadiríamos hoy día, la de vivir su proceso cristiano de conversión dentro de un movimiento o pequeña comunidad que lo inserte en la vida de la parroquia en donde dará su servicio. Al ser una persona que vive en comunidad de ninguna manera causará sorpresa su designación pues los fieles lo ubicarán como un laico comprometido en su vida y apostolado.

El fiel designado ministro extraordinario de la sagrada Comunión y debidamente preparado, deberá distinguirse por su vida cristiana, su fe y sus buenas costumbres. Se esforzará por ser digno de este nobilísimo encargo, cultivará la devoción a la sagrada Eucaristía y dará ejemplo a los demás fieles respecto al santísimo Sacramento del Altar. No será elegido para tal oficio una persona cuya designación pueda causar sorpresa a los fieles.

El canon 230 párrafo 3 legisla sobre los MEC:
“Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en alguna de las funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la Palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del Derecho”.

2. Amplicación de la facultad para comulgar dos veces en el mismo día.
La enseñanza de este número quedó totalmente actualizada en los números 917 y 921 párrafo 2 del C.I.C. que citamos textualmente enseguida.

C.I.C. 917
“Quien ya ha recibido la santísima Eucaristía, puede recibirla de nuevo el mismo día solamente dentro de la celebración eucarística en la que participe, quedando a salvo lo que prescribe”. C. 921,2

Es decir la posibilidad de comulgar una segunda vez en el mismo día sólo puede verificarse dentro de la Misa, exceptuando el caso de peligro de muerte que vemos enseguida.

CIC. 921,2
“Aunque hubieran recibido la sagrada Comunión el mismo día, es muy aconsejable que vuelvan a comulgar quienes llegan a encontrarse en peligro de muerte”.

3. Mitigación del ayuno eucarístico a favor de los enfermos y ancianos
En relación con la ley del ayuno eucarístico ha habido una evolución. Seguramente recordamos que antes del Concilio Vaticano II para poder comulgar se guardaba ayuno desde la media noche del día anterior y no se tomaba ningún alimento ni agua antes de comulgar. Con la promulgación del C.I.C. se establecieron las normas definitivas y vigentes hasta el día de hoy sobre el ayuno eucarístico.

 “Quien vaya a recibir la santísima Eucaristía, ha de abstenerse de tomar cualquier alimento y bebida al menos desde una hora antes de la sagrada Comunión, a excepción sólo del agua y de las medicinas”.
 “El sacerdote que celebra la santísima Eucaristía dos o tres veces el mismo día, puede tomar algo antes de la segunda o tercera Misa, aunque no medie el tiempo de una hora”.
 “Las personas de edad avanzada o enfermas, y así mismo quienes las cuidan, pueden recibir la santísima Eucaristía aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior”.

Resumiendo podemos decir, que el ayuno eucarístico para los fieles consiste: en lo tomar alimento y bebida una hora antes de la sagrada Comunión. Se exceptúa solo el agua y las medicinas y para las personas ancianas y enfermas, se les podrá administrar la Comunión aunque hayan tomado comida o bebida en la hora anterior.

4. Devoción y respeto al Santísimo Sacramento cuando el pan eucarístico se distribuye a los fieles en la mano.

Este último número trata de recomendaciones prácticas cuando se distribuye la sagrada Comunión en la mano. Esta práctica requiere autorización del Sr. Obispo y previa catequesis eucarística a las comunidades cristianas. Veamos el texto.

Desde la publicación de la Instrucción “MEMORIALE DOMINI”, hace tres años, algunas Conferencias episcopales han pedido a la Santa Sede que permita a los ministros de la sagrada Comunión depositar las especies eucarísticas, al distribuirlas, en las manos de los fieles. Como recuerda la misma instrucción “las normas de la Iglesia, y los documentos patrísticos ofrecen abundantes testimonios sobre el máximo respeto la suma prudencia con que la Sagrada Eucaristía ha sido tratada” y debe seguir siéndolo. 11

Por tanto, sobre todo en esta forma de recibir la sagrada Comunión se han de tener bien presentes algunas cosas que la misma experiencia aconseja.

Cuando la sagrada Especie se deposita en las manos del comulgante, tanto el ministro como el fiel pongan sumo cuidado y atención a las partículas que pueden desprenderse de la sagrada forma. La modalidad de la sagrada Comunión en las manos de los fieles debe ir acompañada necesariamente de la oportuna instrucción o catequesis sobre la doctrina católica acerca de la presencia real y permanente de Jesucristo bajo las especies eucarísticas y del debido respeto al sacramento. 12

Hay que enseñar a los fieles que Jesucristo es el Señor y el Salvador y que a Él, presente bajo las especies sacramentales, se le debe el mismo culto de latría o de adoración que se da a Dios. Se advierte también a los fieles que después del banquete eucarístico no descuiden una sincera y oportuna acción de gracias que corresponde a la capacidad, estado y ocupaciones de cada uno. 13

Finalmente, para que la participación en esta mesa celeste sea plenamente digna y fructuosa, se deben explicar a los fieles los bienes y frutos que se derivan de ella para los individuos y para la sociedad, de modo que la habitual familiaridad con el sacramento, demuestre respeto, alimente el íntimo amor al Padre de familia que nos procura “el pan de cada día” 14, y conduzca a una viva unión con Cristo, de cuya Carne y Sangre participamos. 15

El Sumo Pontífice Paulo VI se ha dignado aprobar y confirmar con su propia autoridad a la presente instrucción ya ha mandado publicarla estableciendo que entre en vigor el día mismo de su publicación. Roma, en la Sede de la Sagrada Congregación para la disciplina de los Sacramentos, 29 de enero de 1973.

Conclusión
Inmensae Caritatis es el documento que permite la institución de MEC (Ministros Extraordinarios de la Comunión), sin embargo, se complementa con Christifideles Laici que habla de la misión del laico en la Iglesia y en el mundo, evitando la clericalización de los MEC, y recordándoles su identidad laical secular.



María Mujer Eucarística

Pero más allá de su participación en el Banquete eucarístico,
la relación de María con la Eucaristía
se puede delinear indirectamente a partir de su actitud interior.
María es mujer “eucarística” con toda su vida.
La Iglesia, tomando a María como modelo,
ha de imitarla también en su relación con este santísimo Misterio.

ENCÍCLICA ECCLESIA DE EUCHARISTIA
17 DE ABRIL, 2003
Juan Pablo II

Artículo patrocinado.

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