Menu


Sacerdotes Operarios Diocesanos
Decía don Manuel Domingo y Sol: Nuestra obra no es una religión estrecha, sino una obra de libertad sacerdotal


Por: Sacerdotes Operarios Diocesanos | Fuente: sacerdotesoperarios.org



La Fundación

La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos fue fundada en 1883. El Fundador de la Hermandad, el beato Manuel Domingo y Sol, entendió así su proyecto: “En su esencia, en su espíritu, en su instinto y en su origen, el carácter de la obra es el del apostolado sacerdotal en medio del mundo....No tiene ni el carácter monástico ni el religioso...Va tras el ideal de una vida sólidamente piadosa y aprovechada y de apoyo mutuo en medio del mundo”.

Don Manuel, así le llamamos los sacerdotes operarios, está enraizado en el espíritu de servicio total a la Iglesia, y quiso servirla con los medios más adecuados a su tiempo. La nota de la “secularidad” (libertad de movimientos para mayor eficacia evangelizadora en el mundo), respaldada por la “fraternidad” (trabajar y vivir en equipo) la destaca el Fundador con reiterada insistencia.

Vamos a comprobarlo de primera mano: “No queremos ser de otra manera de la que somos. Nuestra institución no puede ni debe alterarse en manera alguna sustancial en su modo de ser amplio, modesto y humilde. Porque perderíamos la fisonomía puramente sacerdotal....Hemos de ser, pues, sacerdotes, y nada más que sacerdotes. Y santos. Y trabajar cuanto podamos por la gloria de Dios, y a ser posible en unión de otros”.


Una obra especial

A fines del s. XIX resultaba una novedad tan llamativa la estructura de la Hermandad, que no extraña cuánto le costó a don Manuel la aprobación de su obra, de sus estatutos. A lo largo de su historia no ha resultado fácil darle un cauce jurídico a la Hermandad dentro de los moldes canónicos existentes. Actualmente la Hermandad es un Instituto secular, pero con la sensación de sentirse siempre en periodo constituyente.

A pesar de todo, el 1 de agosto de 1898, la autoridad eclesial refrendaba oficialmente en Roma sus deseos y le garantizaba que su obra había emprendido buen camino: agrupando en vida común a sacerdotes seculares, sin muchas ataduras, pero con mucho espíritu; sin muchas leyes, pero con mucho amor. Ya decía don Manuel: “ Cuantas menos estrecheces canónicas tengamos, mejor. Nuestra obra no es una religión estrecha, sino una obra de libertad sacerdotal”.


Los fines principales

Los fines, objetivos u objetos de la Hermandad los expresamos sumariamente así:

- Atender a la amplia realidad vocacional de la Iglesia, que arranca del ser cristiano (bautismo) y que se realiza en las diversas vocaciones eclesiales: sacerdotales, religiosas y laicales.

- Contribuir a la construcción de la humanidad y sociedad del futuro, estando junto a la juventud y ayudándola a discernir, descubrir y sostener su vocación dentro y al servicio de la Iglesia y de la sociedad.

- Configurar el vivir creyente, tanto el nuestro como el de los destinatarios de nuestra misión, de un profundo sentido teológico, cristológico, espiritual, eucarístico-reparador.


Estilo y vida

Para conocer la vida y el estilo de la Hermandad, vamos a exponer sumariamente lo que el Fundador llama “nervios principales de su sostenimiento”:

Selección: Para que se puedan llevar con dignidad las responsabilidades encomendadas a la Hermandad, don Manuel ve necesario el poseer unas buenas cualidades humanas: “talento, grandeza de carácter, buen criterio, espontaneidad, seguridad de virtud”. “No procuréis conquistar medianías. No os haga gozo el número de los que hayan de venir, más sí la calidad”. “Pero digo más: no basta tener esa santidad sacerdotal; no basta que seamos sacerdotes muy espirituales; tenemos necesidad de algo más los operarios: hemos de ser hombres”.

Fidelidad: La fidelidad se desprende de la nota anterior. Un hombre si se compromete, cumple. Buscar dispensas fáciles y compensaciones marginales, es señal de poca hombría. Don Manuel urge la fidelidad más meticulosa, pero por convicción, por amor. Se fía de cada operario. “Pobres de nosotros si no nos posesionamos del deber de fidelidad”.

Apertura de corazón: En la mente del fundador, esta cualidad tiene una importancia capital. Es consecuencia del espíritu de familia que tiene que caracterizar a la Hermandad. Y debe ser natural, no impuesta, derivación lógica de la confianza fraternal. “No ser corazones cerrados, ni caracteres abstraídos, de los que no se sabe nunca ni qué hacen, ni qué piensan, ni por qué caminos andan”. La apertura de corazón es una “comunicación de bienes que estrecha los lazos de fraternidad”. “Hemos de obrar como si lo hiciéramos todo en medio de la plaza. Fuera misterios y tortuosidades de conducta y excentricismos de carácter. Expansión y abertura. El corazón siempre abierto dentro de nuestra Hermandad”.

Corrección fraterna: Es complemento indispensable de la apertura de corazón, y así lo entiende don Manuel. La corrección fraterna es una exigencia del carácter fraternal de la Hermandad. Don Manuel, enraizándola en el evangelio, le da toda su importancia. “Veo este pilar de la corrección fraterna de tanta necesidad, atendida nuestra fragilidad humana, las asechanzas continuas del enemigo y lo que puede el hábito y la costumbre, que, si se aflojare en esta práctica, podría peligrar el espíritu de la obra y con él la obra misma”. Hace falta humildad y valentía para hacer y para recibir la corrección. Por eso, don Manuel, gran conocedor de la psicología y debilidad humanas, puntualiza con realismo: “Con todo, si he de decir verdad, esta práctica la veo bastante difícil y temo no se mantenga con fidelidad. Porque tenemos nuestro amor propio, y si nos resentimos, es bastante para que desaparezca el fruto de esta laudable práctica. Pero permitidme que os lo diga como el apóstol, en un arranque de su firmeza en la doctrina: "si yo o un ángel del cielo os dijera otra cosa, no lo creáis”.


El gobierno

La Hermandad está gobernada por un Director general, elegido cada seis años. En la misma Asamblea en que se elige al Director general, son elegidos también cuatro Consejeros, que forman el Consejo central.

La Hermandad se divide en Delegaciones. Al frente de cada una de las cuales hay un Delegado elegido por el Director general cada tres años y al que se asignan dos consejeros.

En la Iglesia la Hermandad, como expresión de su comunión y disponibilidad eclesial, trabaja al servicio de la Iglesia universal, especialmente en aquellas diócesis o países que, por su penuria de medios y de agentes para la pastoral vocacional, reclaman su presencia.


Un grupo de sacerdotes

Don Manuel quiso que sus Operarios fueran sacerdotes y sólo sacerdotes, con voto de obediencia y vivienda común. Trazó una síntesis de lo que quería fuese la Hermandad con estas breves palabras: "No querer ser más que sacerdotes, y santos, y trabajar cuanto pudieren por la gloria de Dios y, a ser posible, en unión con otros". Él mismo dejó señalada esta consigna como norma de conducta: "Que no pueda decirse de un Operario que pudo hacer algún bien y no lo hizo".


Unidos por la obediencia

Podría resumirse sencillamente en la vivencia propia de sacerdotes seculares que tienden a la perfección. Decía nuestro Fundador: “No tenemos otra reglamentación que la que tendría un sacerdote piadoso y celoso en medio del mundo. Y esta reglamentación basta para obrar nuestra santificación sacerdotal. Si la guardamos, seremos santos sacerdotes y dignos operarios”.

Don Manuel quería para la Hermandad, antes que nada y por encima de todo, el vínculo de la caridad, que es el más fuerte, como síntesis de toda la ley y cima de la perfección. Pero en toda asociación de hombres es necesario un cauce para el amor. “La obediencia es la base de toda organización”. Esta obediencia es virtud sellada con voto en la Hermandad.


Compartiendo los bienes

Don Manuel no quiso que la Hermandad perdiera nunca su fisonomía puramente sacerdotal, y por eso no quiso atar a los operarios con el voto de pobreza. La comunión de bienes puede sintetizarse así: cuanto el operario adquiere por sus ministerios es propiedad de la Hermandad. La Hermandad, a su vez, se preocupa totalmente del cuidado de sus miembros. Cada operario administra personalmente los ingresos recibidos, con libertad y austeridad, y, periódicamente, rinde cuentas a la dirección de la Hermandad. En cuanto a los bienes propios, el operario conserva el dominio y la administración, rigiéndose por las normas cristianas y sacerdotales pertinentes.


La reparación eucarística como fuente

El tercer objetivo, nuclear y distintivo en la obra de don Manuel, es el del “espíritu reparador”. “Espíritu reparador” asociado al único reparador que es Cristo y ejercido sobre todo en el sacrificio de la eucaristía. Este fin u objetivo de la Hermandad no se puede separar de la concepción de la eucaristía que tiene don Manuel. La eucaristía no sólo es la fuente, centro y culmen de la vida cristiana, sacerdotal y de la Hermandad, sino que es objeto de un amor instintivo del que nace toda su misión evangelizadora y vocacional.

“Si descendiéramos al fondo, al manantial de nuestros sentimientos, encontraríamos que el origen de nuestros deseos del bien y fomento de las vocaciones eclesiásticas, de que Dios nos dé muchos y buenos sacerdotes, ha sido nuestro instintivo amor a Jesús sacramentado”.


Templos de adoración eucarística:

San José de Gracia en Querétaro (México); Templo de Reparación de Tortosa, de Santa Catalina en Valencia y Murcia (España) en los que se ofrece un servicio de atención espiritual personal y litúrgico sacramental y de oración por las vocaciones.

 

Visita la página vocacional de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!