Cardenal Luis Stepinac
Por: P. Clemente González |

San Agustín, al meditar sobre la pasión de Cristo, desentraña lo que significa lo largo, lo ancho, lo alto y lo profundo de la cruz (Ef 3, 18) y dice que "profunda es aquella parte que se hunde en la tierra y se oculta allí donde no puede verse, pero de la que después se levanta todo lo que sobresale y aparece como nuestros bienes, que proceden todos ellos de la profundidad de la gracia de Dios, que no puede comprenderse ni discernirse"2. En modo providencial los grandes cambios que vive Europa del Este coinciden con el XXX aniversario de la muerte del Card. Luis Stepinac (10 de febrero de 1960) que tuvo como lema In Te, Domine, speravi.
Al recordar al Card. Stepinac queremos acercarnos a una de las etapas de la larga peregrinación hacia la libertad y "rendir un homenaje a los pueblos, que al precio de inmensos sacrificios, han tenido la valentía de emprenderla"3. La vida de este testigo heroico de la verdad, de la justicia y de la caridad, constituye un nervio de la parte profunda de la Cruz que "se oculta donde no puede verse, pero de la que se levanta todo lo que sobresale".
El Card. Angelo Felici, Prefecto de la Congregación para las causas de los santos, retrató al Arzobispo de Zagabria (Yugoslavia) al mencionar "que estaba dispuesto a morir por uno solo de los cánones del código de la Iglesia de Dios. Podría parecer excesivo, pero no lo es. Es más bien la expresión emblemática de un auténtico espíritu sacerdotal y de la concepción que él tenía del servicio eclesial"4.
Luis Stepinac nació en Krasic, Yugoslavia, en 1898. Su madre deseaba ardientemente que el Señor llamara a su hijo al sacerdocio y para lograrlo unió a sus múltiples oraciones un riguroso ayuno tres veces a la semana durante treinta y dos años, sin decir nada a su hijo para no disminuir su libertad.
A los 36 años fue nombrado obispo coadjutor del Arzobispo de Zagabria y en su programa pastoral se propuso elevar la temperatura espiritual de la diócesis por medio de la promoción de la fraternidad entre los sacerdotes y por la superación de las divisiones que se habían producido en las filas de los católicos.
En 1937, como Arzobispo de Zagabria, pone en marcha la segunda parte de su programa pastoral al llamar a su diócesis a numerosos institutos religiosos y favorecer la devoción mariana, en particular mediante las peregrinaciones.
Durante el período de la segunda guerra mundial fue pastor solícito, nunca participó en la política, pero fue enérgico defensor de la verdad y de la caridad. En 1941 protestó contra el régimen de la ustascia que fusiló a doscientos serbios, sin ningún juicio. Pavelic, jefe del gobierno, le escribió en términos claros: "Con la violación de la justicia, Croacia no podrá contar con la bendición de Dios y todo irá a la ruina". En esos días se afianzaron la ideología y actitudes racistas, de modo que en 1942, como Arzobispo de Zagabria, acogió a los hebreos y afirmó contra el racismo nazi: "Todas las naciones, todas las razas, tienen su origen en Dios. Toda nación, toda raza que existe sobre la tierra tiene derecho a vivir en modo digno del hombre y de ser tratada en modo consecuente".
En 1945, a pesar de las amenazas, permanece en Yugoslavia. El 18 de septiembre de 1946, un año después de haber leído en la catedral la carta con la que el episcopado reivindicaba la libertad de la Iglesia y el respeto a la persona humana, los comunistas lo arrestan, lo someten a un grotesco proceso y lo internan en la prisión de Lepoglava condenado a 16 años de trabajos forzados. Padeció 1874 días de cárcel. Fortaleció la fe de sus compañeros; nunca se preocupó por su liberación; quería sufrir por la Iglesia: "Sé por quién sufro, se trata de los derechos de la Iglesia. Por ella estoy dispuesto a morir en cualquier momento".
En 1951 los intereses políticos del régimen del Mariscal Tito motivaron que Mons. Stepinac pasara a arresto domiciliario en su ciudad natal Krasic donde recibió la noticia de que Pío XII lo creaba cardenal. No pudo ir a Roma para asistir al consistorio del 12 de enero de 1953. Las autoridades comunistas le ofrecieron la libertad a cambio de un "exilio voluntario"; el pastor no abandonó a su grey.
La presencia del Card. Stepinac era una vela que iluminaba el verdadero rostro del comunismo; en circunstancias no del todo claras, el 10 de febrero de 1960 empezó a arder para la eternidad. Su tumba en la catedral de Zagabria es un monumento a la dignidad episcopal construido en la tribulación y el dolor.
En la figura heroica del Arzobispo de Zagabria palpita la realidad descrita por Juan Pablo II: "La irreprimible sed de libertad allí manifestada ha acelerado los cambios, haciendo caer los muros y abrirse las puertas a una velocidad de verdadero vértigo... El punto de partida o el de encuentro con frecuencia ha sido una Iglesia. Poco a poco las velas se han encendido hasta formar un verdadero camino de luz, como diciendo a quienes durante esos años han pretendido limitar los horizontes del hombre a esta tierra, que éste no puede permanecer indefinidamente encadenado. Ante nuestros ojos parece renacer una «Europa del espíritu», al filo de los valores y de los símbolos que la han labrado, de «esta tradición cristiana que une a todos sus pueblos»" (Alocución al Congreso para el V centenario del nacimiento de Martín Lutero, 24 marzo 1984)5.
El Cardenal Stepinac fue declarado beato el 3 de octubre de 1998 por Su Santidad Juan Pablo II.
1 N. ISTRANIN, Stepinac, un innocente condannato, LIEF, Vicenza, 1982.
2 PL 34, 1948.
3 L´Osservatore Romano esp., 21 enero 1990, pág.1, n.7.
4 L´Osservatore Romano it., 12-13 febbraio 1990, pág.6.
5 L´Osservatore Romano esp., 21 enero 1990, pág.1, n.5.
















