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Antorcha 13. Año de la Fe
Actividades de la vida de la Iglesia del 7 al 14 de diciembre de 2012


Por: Varios | Fuente: Santa Sede






(VIS).- Las etapas de la Revelación, señaladas en las Escrituras y que culminan en el Adviento de Jesús, han sido el tema de la catequesis de Benedicto XVI durante la audiencia general de los miércoles que ha tenido lugar en el Aula Pablo VI. En el Año de la Fe el Papa ha renovado la invitación a leer más a menudo la Biblia y a prestar atención a las lecturas de la misa dominical subrayando que todo ello constituye “un alimento inapreciable para nuestra fe”.

“Leyendo el Antiguo Testamento - ha observado el pontífice- vemos que las intervenciones de Dios en la historia del pueblo que ha elegido y con el que ha establecido una alianza, no son acontecimientos que pasan y caen en el olvido, sino que se convierten en ´memoria´, constituyen la ´historia de salvación´ mantenida viva en la conciencia del pueblo de Israel a través de la celebración de los eventos salvíficos” como la Pascua (...) Para todo el pueblo de Israel recordar lo que Dios ha hecho se convierte en una especie de imperativo permanente para que el paso del tiempo esté marcado por la memoria viva de los acontecimientos pasados, que así forman ,día tras día, de nuevo la historia y permanecen presentes (...) La fe es alimentada por el descubrimiento y el recuerdo del Dios que es siempre fiel, que guía la historia y es el fundamento seguro y estable sobre el que construir la vida propia”.

Benedicto XVI ha explicado que para Israel, el Éxodo “es el acontecimiento histórico central en que Dios revela su poderosa acción. Dios libera a los israelitas de la esclavitud en Egipto, para que puedan regresar a la Tierra Prometida y adorarlo como el único Dios verdadero. Israel no se pone en marcha para ser un pueblo como los demás (...) sino para servir a Dios, con el culto y con la vida, (...)y dar testimonio suyo ante los otros pueblos. Y la celebración de este evento es hacerlo presente y actual porque la obra de Dios no cesa”. Dios se revela no solo en el acto primordial de la creación, sino entrando en nuestra historia, en la historia de un pequeño pueblo que no era ni el más numeroso, ni el más fuerte. Y esta revelación de Dios (...) culmina en Jesucristo. Dios, el Logos, la Palabra creadora que está en el origen del mundo, se ha encarnado en Jesús y ha mostrado el verdadero rostro de Dios. En Jesús se cumplen todas las promesas, en Él culmina la historia de Dios con la humanidad”.

“El Catecismo de la Iglesia Católica -ha recordado el Santo Padre - resume las etapas de la revelación divina: Dios ha invitado al hombre, desde el principio, a una comunión profunda con Él, e incluso cuando el hombre, por su desobediencia, pierde su amistad, Dios no lo abandona al poder de la muerte; al contrario, le ofrece muchas veces su alianza. El Catecismo recorre el camino de Dios con el hombre desde la alianza con Noé después del diluvio, a la llamada de Abraham a salir de su tierra para hacerle padre de una multitud de pueblos. Dios constituye a Israel como su pueblo, a través del Éxodo, la alianza del Sinaí y el don, por medio de Moisés, de la Ley para ser reconocido y servido como el único Dios vivo y verdadero. Con los profetas, Dios conduce a su pueblo a la esperanza de la salvación (...) Al final no se espera ya sólo a un rey, a un hijo de David, sino a un “Hijo del hombre, la salvación para todos los pueblos (...) .Vemos así como el camino de Dios se ensancha, se abre cada vez más hacia el misterio de Cristo, el Rey del Universo. En Cristo se realiza finalmente la salvación en su plenitud, el designio benevolente de Dios. Él mismo se hace uno de nosotros”. Todas esas etapas demuestran “un único designio de salvación dirigido a toda la humanidad, que se revela y se realiza progresivamente con la potencia divina”.

El Papa ha concluido hablando del tiempo litúrgico de Adviento que nos prepara para la Navidad. “Como todos sabemos -ha dicho- la palabra ´Adviento´ significa ´venida´, ´presencia´, y antiguamente indicaba la llegada del rey o del emperador a una determinada provincia. Para nosotros los cristianos, significa una realidad maravillosa y desconcertante. Dios mismo ha atravesado su cielo y se ha inclinado hacia el hombre; ha forjado una alianza con él, entrando en la historia de un pueblo. Él es el rey que ha bajado a esta pobre provincia que es la tierra, y nos ha obsequiado con su visita asumiendo nuestra carne, haciéndose hombre como nosotros. El Adviento nos invita a recorrer el camino de esta presencia y nos recuerda una y otra vez que Dios no se ha ido del mundo, que no está ausente, que no nos abandona; al contrario, nos sale al encuentro de diferentes maneras que tenemos que aprender a discernir. Y también nosotros, con nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad, estamos llamados, día tras día, a entrever esta presencia y dar testimonio de ella en el mundo a menudo superficial y distraído, a hacer que brille en nuestras vidas la luz que ha iluminado la gruta de Belén”.


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