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Homilía para la celebración de las exequias XI: Jn 11, 17-27
Por Manuel Jiménez de los Galanes, sacerdote en la Parroquia de Santa María de Daimiel (Ciudad Real)


Por: Manuel Jiménez de los Galanes | Fuente: iglesiaendaimiel.com



(Para situarse bien en esta reflexión es conveniente leer todo el capítulo undécimo de San Juan)

Los versículos 17 al 27 del capítulo 11 de San Juan se “mueven” en un entorno mucho más significativo que el relato de la muerte de Lázaro. Desde el principio de este capítulo se señalan “cosas” tan importantes como esto: Jesús va a Betania, cerca de Jerusalén. Y Jesús VA A LA MUERTE... Sabe que, después de lo que pensaba hacer: RESUCITAR A LÁZARO, las autoridades decretarían su muerte.

Pero el amor puede más que el dolor y la muerte. Él prefiere su muerte a la de Lázaro. Tomás (versículo 16), impactado por la postura de Jesús, dice: “ vamos también nosotros a morir con él.

Jesús con este séptimo milagro proclama su Resurrección y la de todos: “Yo soy la Resurrección y la Vida; quien crea en Mí, vivirá”...

Este relato es la cumbre de la obra de Jesús: LA RESURRECCIÓN. Toda la doctrina evangélica: HECHOS Y DICHOS DE JESÚS sólo tienen este fin: LA RESURRECCIÓN.

Por consiguiente, la actitud del cristiano ante la muerte no puede ser de miedo, desencanto, desesperanza. ¿para qué ha venido Jesús, ha vivido y muerto, sino para darnos la VIDA ETERNA? Recordemos constantemente aquello de “Ni ojo vió, ni oído oyó lo que Dios tiene reservado a aquellos que le aman”.

Pero hay que creer y creerlo. Recordad lo que le dijo Jesús a Marta: “¿Crees esto? Yo soy la resurrección y la vida”. Esta es la cuestión indeclinable: CREER, CREER, CREER en ÉL.

Toda nuestra vida: el ser y el hacer no deben tener otro objetivo, ni otro sentido. Toda nuestra religiosidad, actos piadosos, nuestro trabajo, nuestro proyectos, etc. deben ser entendidos y vividos desde este prisma.

Cierto es que Jesús lloró ante la tumba de Lázaro, y decían los que le rodeaban: “Mirad cómo le amaba”. El sintió, como nosotros, la separación temporal de su amigo; pero no se queda ahí: TRANSCIENDE. Así también nosotros: tenemos un corazón de carne, con sentimientos, cariño, amor; pero eso no debe eclipsar el fin GOZOSO Y PLENO DEL HOMBRE: la FELICIDAD ETERNA: LA POSESIÓN DE DIOS PARA SIEMPRE, LA COMPAÑÍA SIN TÉRMINO DE NUESTROS SERES QUERIDOS.


Lecturas para la celebración de las exequias

 







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