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La picardía de Sixto V
Fue el 228 Pontífice de la Iglesia católica. De él se cuentan anécdotas curiosas como esta que vamos a narrar...


Por: Revista Cristiandad | Fuente: Revistacristiandad.org



Con el decaimiento de la Edad Media, Europa comenzó una progresiva y acelerada decadencia. Vuelta la visión del hombre desde Dios hacia sí mismo, toda esperanza y horizonte se hizo material. Se trabajó el culto al cuerpo y al bienestar temporal. Se procuraba satisfacer la vanidad, la sensualidad y toda clase de apetitos carnales. Rotterdam, por ejemplo, testifica cómo las prostitutas, pasan a tener un puesto destacado y hasta cierto prestigio en medio de la sociedad renacentista.

Y la Iglesia - en su estructura humana - no fue ajena al espíritu de su tiempo. Diferenciamos una vez más esa observación, porque la Iglesia siempre es el Cuerpo Místico de Cristo y es impecable. En cuanto a su estructura humana, puede ver pecar a sus hijos y aún contagiarse entera con los errores del momento. Recordemos, por doloroso ejemplo, cómo en los tenebrosos y gloriosos días de San Atanasio, la Iglesia en su mayor parte era o simpatizaba con la herejía arriana. Hasta el Papa, los cardenales, obispos y sacerdotes eran herejes. Se llegó a excomulgar a San Atanasio - entre otros - por la fidelidad a la pureza de la doctrina católica. Pasó el tiempo, el Espíritu Santo sopló con gracias y dones nuevos y se restauró la plena ortodoxia y fueron reparados los desastres y la Esposa de Cristo relució con brillos indecibles.

Así eran los días del renacimiento (re-nacimiento de los errores de los antiguos y nunca de la fe militante que agonizaba) en que transcurre esta picaresca anécdota.

Sixto V, elegido Papa en 1585, fue el 228 Pontífice de la Iglesia católica, y uno de los hombres más especiales que han gobernado en Roma. De él se cuentan anécdotas curiosas como esta que vamos a narrar.

Cuando el Papa anterior (Gregorio XIII) estaba ya muriéndose, los cardenales empezaron a pensar en el sucesor, y para eso deseaban uno que estuviera bien ancianito para que les diera a ellos libertad de hacer lo que quisieran. Entonces Félix Peretti (que así se llamaba el futuro Sixto V) empezó a aparecer como muy débil de salud y decaído. Andaba apoyado en un bastón, y su voz estaba muy debilitada. Ante esta presencia del Cardenal Peretti, los demás Cardenales dispusieron elegirlo Papa. Pero apenas lo hubieron elegido, el que parecía un viejito achacoso, se enderezó, tiró lejos el bastón, y entonó un canto a Dios con una voz tan fuerte y valerosa, que los Cardenales se quedaron aterrados.

Una vez elegido Papa, Sixto V se dedicó a obtener que cada uno cumpliera con su deber como lo debía hacer. Los Cardenales estaban muy disgustados porque recordaban que este hombre había sido, de pequeño, un cuidador de cerdos al cual unos padres franciscanos encontraron leyendo el catecismo mientras vigilaba sus animalitos, y habiéndole preguntado qué deseaba ser, y obtenido por respuesta que "un gran hombre de Dios", se lo llevaron y le costearon los estudios, y por propio esfuerzo llegó a los más altos puestos. Esto disgustaba a los Cardenales: que un antiguo cuidador de cerdos los viniera a mandar a ellos que eran todos de altas familias (en ese tiempo los Cardenales se elegían entre las gentes de las familias más ricas, y no siempre eran buenas personas como se deseara). Entonces dispusieron los Cardenales disgustados mandar pintar un cuadro del papa Sixto, en medio de un docena de cerdos, y así lo hicieron. El Papa vio el cuadro y en vez de disgustarse por el atrevimiento, sonrió amablemente y mandó al pintor que a cada cerdo le pusiera un vestido de cardenal. Y así la broma quedaba devuelta.


 

 

 

 



 

 

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





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