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2. Cultura electrónica
Mons. John Myers, reflexiona en torno a las contribuciones del comunicólogo Marshall McLuhan, profundizando en su aportación a la idea de Aldea Global.


Por: Mons. John J. Myers, | Fuente: VE-Multimedios




Marshall McLuhan, el padre de la teoría de los medios de comunicación, quien posteriormente se convirtiera al catolicismo y fuese consultor en el decreto sobre los medios de comunicación social del Concilio Vaticano II, popularizó la idea de que el medio es el mensaje.


Con esto McLuhan se refería a que la particularidad de los medios de comunicación social modernos es que los medios electrónicos no sólo portan el mensaje, sino que se convierten en parte del mensaje, si no son ellos mismos todo el mensaje.

Este aforismo de McLuhan, formulado en la alborada de la era de la televisión, es verdadero hoy más que nunca, ahora que las formas más recientes de medios electrónicos se propagan.

Los pronosticadores ya predicen que estas herramientas tendrán como consecuencia un incremento en la creatividad del trabajo humano.

La tecnología mecánica y electrónica anterior normalmente apuntaba a suplir lo que la labor humana hacía pobremente.

Sin embargo, esta nueva tecnología acrecienta la creatividad humana, promueve lo que hacemos mejor. Inclusive ahora, en mi país, estamos viendo cambios en el ambiente del trabajo, en los métodos de intercambio financiero y los efectos desestabilizantes de las nuevas tecnologías que llevan al desempleo y a la necesidad de re-entrenamiento para los diferentes empleos.

En la industria de la televisión las cadenas televisivas tradicionales ven sus existencias en peligro mientras buscan maneras de competir con el amplio rango de opciones ofrecido por canales digitales y por cable.

Simultáneamente, un nuevo sentido de libertad y de descentralización está surgiendo debido al poder de las computadoras personales y el alcance de las redes de comunicaciones, tales como Internet y el World Wide Web.

Esto puede redundar en beneficio de las familias porque ofrece tanto a los hombres como a las mujeres la oportunidad de trabajar eficientemente desde sus hogares.

Cuando los nuevos sistemas de satélites con comunicación digital empiecen su servicio, dentro de unos diez años, las naciones pobres podrían ser las más beneficiadas.

Esta tecnología permitirá a las regiones montañosas o rurales más remotas el mismo acceso a la telecommuting, y a la educación o la medicina a distancia a través de sus computadoras personales que cualquier región desarrollada.

Habrá el mismo acceso a la cultura para todas las personas sin importar la ubicación.

Quisiera referirme a la televisión en particular, porque es el medio de comunicación con mayor influencia en la historia mundial y su impacto es muy profundo.

Los norteamericanos pasan la mitad de su tiempo libre viendo televisión, y la mayoría se entera de las noticias, diariamente, mediante la televisión.

La televisión proporciona a las personas un encuentro directo con los eventos del mundo. Trae a millones de hogares los eventos nacionales e internacionales más importantes que antes eran accesibles de primera mano sólo a unos pocos.

Lo que da particularmente a las noticias televisadas su impacto extraordinario es su habilidad de proveer a los televidentes lo que parece ser una imagen de primera mano, sin filtros, una experiencia directa de los mayores acontecimientos de nuestro tiempo.

Al mismo tiempo, no obstante, la televisión no es realmente lo directa e inmediata que parece. Es en realidad un negocio, y este negocio es el entretenimiento.

Está controlado por profesionales que proyectan sus puntos de vista subjetivos, ideologías e interpretaciones en la espera de lograr mayores audiencias, influir en las masas y recibir mayores ganancias con las ventas de la publicidad.

La televisión ha llevado a un intercambio compartido de información y experiencias sin precedentes dentro de todos los segmentos de la población, segmentos ricos y pobres, de mayores y jóvenes, urbanos y rurales.

Al margen del nivel social o educacional, grandes masas de personas han compartido por décadas la misma experiencia de observar los mismos programas -muy frecuentemente hechos en los Estados Unidos-.

Esta experiencia común a veces ha servido grandemente a la promoción de la causa de la solidaridad entre los pueblos. Se puede recordar las manifestaciones de preocupación mundial, aunque tal vez demasiado tarde, ante las imágenes gráficas de las matanzas en Ruanda.

Con quizás mayor causa de satisfacción uno podría mirar al principio de los ´80 y recordar la solidaridad para salvar a Etiopía de la muerte de hambre masiva una vez que las imágenes comenzaron a salir de ese pobre país y a entrar en los hogares de millones en el mundo entero.

Ver televisión es atractivo porque es fácil. «Los niveles principales de concentración, desafío y habilidad son significativamente inferiores por ver televisión que los niveles promedio producidos por la combinación de otras actividades» (3).

Generalmente no incentiva el pensamiento crítico ni al análisis. Más bien lo contrario: grupos de sonidos simples, imágenes vistosas y slogans que se recuerdan con facilidad dominan la imaginación popular para el detrimento del análisis razonado y la verdad objetiva.

Tal como el entretenimiento y la diversión, la televisión ayuda a los televidentes a escaparse de la realidad y no a sumergirse en ella. La gente y las personalidades toman precedencia frente a las ideas y los hechos.

Es difícil medir el impacto de la televisión en la cultura pero sabemos que éste ha sido penetrante. Nadie podría discrepar con los educadores que la señalan como la culpable del mal rendimiento de muchos estudiantes.

El discurso político, las campañas electorales, los patrones de comunicación familiar e inclusive los deportes profesionales han sido todos transformados por la televisión.




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Notas

3. Robert Kubey y Mihaly Csikszentmihalyi, Television and Quality of Life, Lawrence Earlbaum Associates, Hillsdale-NJ 1990, p. 81.






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