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¿Un nuevo Catecismo?
No se trata de un nuevo Catecismo, sino del Compendio que refleja fielmente el Catecismo de la Iglesia Católica


Por: Vatican Information Service | Fuente: VIS 050628 (620)



Desde la aparición del Catecismo de la Iglesia Católica (1992) se vio necesaria la publicación de "un catecismo sintético, breve, que contuviese todos y solo los elementos esenciales y fundamentales de la fe y de la moral católica, formulados de una manera sencilla, accesible a todos, clara y sintética", afirmó Benedicto XVI en su homilía, en la Sala Clementina, durante la celebración litúrgica con motivo de la presentación oficial del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (28 de junio de 2005).

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, es un manual elaborado por una comisión especial de cardenales presidida por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, que en la época de redacción del texto era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La exigencia de un volumen de este tipo surgió durante el Congreso Catequístico Internacional (2002) que conmemoraba los diez años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. Se propuso al Santo Padre Juan Pablo II la puesta a punto de un compendio que respondiese a dos objetivos: la síntesis y la esencialidad.

Juan Pablo II aceptó la propuesta e instituyó un año después la comisión especial de purpurados que ha dado vida al compendio, cuyo primer proyecto se envió a los cardenales y presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo. Tras la valoración del proyecto, ampliamente positiva, la Comisión procedió a su revisión teniendo en cuenta las sugerencias para mejorarlo.

El texto tiene 205 páginas, con 598 preguntas y respuestas, quince imágenes, un apéndice (con las oraciones principales y comunes del cristiano y algunas fórmulas de doctrina católica) y un extenso índice analítico.

El arzobispo Angelo Amato, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, explica que las características principales del compendio son "la estrecha dependencia del Catecismo de la Iglesia Católica, el género en forma de diálogo y la utilización de imágenes en la catequesis", y subraya que "no es una obra autónoma y no pretende sustituir de forma alguna al Catecismo de la Iglesia Católica, sino que se remite a él constantemente sea indicando puntualmente los números de referencia, que recordando sus estructura, desarrollo y contenidos". El manual se propone además "despertar un interés renovado por el catecismo, que (...) sigue siendo el texto básico de la catequesis eclesial".

El compendio se articula en cuatro partes que corresponden a las leyes fundamentales de la vida en Cristo.

La primera, "La profesión de fe", sintetiza la "lex credendi", es decir, la fe que profesa la Iglesia Católica basándose en el Símbolo niceno-constantinopolitano que, "proclamado constantemente en las asambleas cristianas -dice el arzobispo- mantiene viva la memoria de las verdades principales de la fe".

La segunda, "La celebración del misterio cristiano", presenta los elementos esenciales de la "lex celebrandi", ya que "el anuncio del Evangelio encuentra efectivamente su respuesta privilegiada en la vida sacramental donde los fieles experimentan y son testigos (...) de la eficacia salvífica del misterio pascual".

"La vida en Cristo" es la tercera parte, dedicada a la "lex vivendi": "el compromiso de los bautizados de manifestar en sus acciones y decisiones éticas la fidelidad a la fe profesada y celebrada".

Por último, "La oración del Señor: Padre Nuestro", aborda la "lex orandi", la vida de oración, siguiendo para el diálogo con Dios, la plegaria que Jesús mismo nos enseñó.

Refiriéndose a la forma dialogada, el secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe observa que ese estilo "abrevia notablemente el texto, reduciéndolo a lo que es esencial, que puede favorecer la asimilación y eventual memorización de los contenidos".

Al final, explica el empleo de imágenes en el manual e invita a los catequistas a servirse del rico patrimonio iconográfico cristiano "y del de sus iglesias particulares". "En la actual civilización de la imagen -observa- la imagen sacra puede expresar mucho más que las palabras. (...) Posee ciertamente un valor estético, pero sobre todo tiene un valor de reminiscencia (en cuanto recuerda los misterios de la salvación), catequístico (de enseñanza) y teológico, ya que da forma artística a los hechos y los aspectos de la doctrina de la fe".


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