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Explorando los fundamentos ideológicos de Toffler
Documento de German Doig Klinge en el que analiza los postulados de Toffler y McLuhan para indagar dónde radica la revolución en los medios de comunicación.


Por: German Doig Klinge | Fuente: VE Multimedios





3.Explorando sus fundamentos ideológicos

3.1.Las líneas maestras de su pensamiento
Toffler es un pensador muy creativo con un gran poder de análisis. Pero su perspectiva carece de un fundamento filosófico consistente, y también de una adecuada base antropológica. Con mucha habilidad y capacidad de observación se detiene en los fenómenos que caracterizan el proceso de cambio actual --especialmente en el campo económico y laboral--.

Sin embargo no llega a considerar seriamente sus orígenes, como tampoco las consecuencias del cambio en la naturaleza de la vida del hombre.

Su preocupación central parece ser la dificultad que percibe en el ser humano para la asimilación del proceso de aceleración del cambio, sin importarle tanto si este proceso es bueno o malo, si afecta o no la naturaleza del hombre.

Se desentiende de todo fundamento ético y se concentra sólo en el cambio como tal, cuyas características englobantes aparecen como diluyendo todo en él, engullendo la naturaleza ontológica de la persona humana y de las instituciones. Su enfoque es sólo positivista y fenoménico, a pesar de su pretensión de dar una explicación de alcance global.

Por otro lado, a pesar de que se esfuerza por moderarlo, se descubre en Toffler un optimismo que por momentos aparece como ingenuo. El ser humano finalmente terminaría adecuándose al cambio gracias a los medios tecnológicos y sus infinitas posibilidades de respuesta.

Está convencido de que se ha producido en las últimas décadas un «salto cuántico» del conocimiento que abre horizontes insospechados para el desarrollo del ser humano y que, de alguna manera, redefinirá su relación con la realidad, la vida, la historia.

Por momentos Toffler recuerda a los pensadores enciclopedistas de la Ilustración y su fe ciega en el progreso.

Otro aspecto importante de su aproximación es su convicción de que la "sociedad de masas" está llegando a su fin. Para él, estaríamos más bien ante un profundo y radical proceso de "desmasificación".

Destaca en este aspecto el enorme influjo de los medios de comunicación, así como las modalidades del mundo de las computadoras que se están desarrollando en lo que hoy conocemos como los multimedios y su dimensión interactiva (24) .

En la línea de Marshall McLuhan señala: «El vínculo entre comunicaciones y carácter es complejo, pero irrompible. No podemos transformar todos nuestros medios de comunicación y esperar continuar inalterados como personas. Una revolución en los medios de comunicación debe significar una revolución en la psiquis» (25) .

Así, concluye Toffler que el influjo de las nuevas perspectivas de los medios de comunicación constituye un fundamento para afirmar que estamos ante «la desintegración de la mentalidad de masa» (26) .

Aunque denuncia muchos riesgos del futuro, sus respuestas son a todas luces insuficientes y en ocasiones hasta simplistas. A partir de una hábil presentación hace un uso extenso de cifras y estadísticas frente a las que puede ser fácil sucumbir.

En este sentido sin embargo, más de un estudioso se ha preguntado por la validez de las cifras que esgrime. Por otro lado la argumentación apoyada excesivamente en anécdotas deja una sensación de inconsistencia en sus planteamientos. Recordando el dicho popular "una golondrina no hace verano" habría que ver si las situaciones que relata representan siempre más que un hecho aislado (27) .

En el aspecto filosófico e ideológico se descubre en Toffler una indiscutible dependencia de pensadores de lo que se ha llamado modernidad.

Hay en muchas de sus afirmaciones, especialmente cuando elabora hipótesis y trata de dar explicaciones que vayan más allá de los fenómenos, ecos de pensadores como Descartes, Hegel, de los ilustrados, y de algunos ideólogos del siglo XIX especialmente Marx de quien parece haber mantenido tanto su fuerte economicismo como el determinismo histórico que evidencia.

En todo caso se percibe en su análisis una carencia de fundamentos filosóficos sistemáticos a la vez que una indiscutible huella del pensamiento ilustrado.


3.2.¿Marxismo redefinido?
Una de las influencias más marcadas que se descubre en los planteamientos del futurólogo norteamericano es la del marxismo que lo deslumbró en su juventud.

Esto se ve por ejemplo en el acento rígidamente economicista de su análisis social e histórico. Debe indicarse sin embargo que Toffler toma una clara distancia frente a Marx --incluso en el papel de la economía en la vida social--, lo que se percibe en varios de sus planteamientos.

De hecho hay diferencias evidentes --incluso contrapuestas-- en sus conclusiones finales, que muestran que no depende exclusivamente del marxismo.

No obstante, y a pesar de sus deslindes, en aspectos importantes, su análisis se fundamenta en premisas que dejan entrever la perspectiva y la estructura de la ideología marxista.

El peso determinante que le da al sistema de producción y al proceso económico para explicar las transformaciones sociales de cada una de las tres olas en que pretende dividir la historia de la humanidad, permite descubrir en su caso la huella de Marx (28) .

Esta influencia, claro está, viene también a través de otros autores y pensadores. Así, para representar cada una de las "civilizaciones" que se originaron por efecto de cada ola, Toffler escoge los instrumentos principales de producción: «la primera, simbolizada por la azada, la segunda por la cadena de montaje y la tercera por el ordenador (computadora)» (29) .

Para Toffler estaríamos pasando de un esquema dicotómico que contempla «productores» y «consumidores» --típico producto para él de la revolución industrial-- a una perspectiva en donde se juntan ambas funciones en lo que él llama «prosumidor» (30) .

Esto tiene un peso decisivo hasta el punto de generar un cambio de tipo cultural que afecta toda la vida de la persona, desde la moralidad y la religión, pasando por la diversión, la manera de trabajar, la relación con el espacio y el tiempo, hasta el tipo de familia. Así, el cambio en las "estructuras" determina el cambio en lo que en lenguaje marxista se llama "superestructura".

Aunque Toffler ha afirmado explícitamente de diversas maneras y en distintos ensayos que no tiene una aproximación desde el marxismo, de hecho su opinión sobre Marx no da la impresión de ser tan crítica, más bien la admiración de su juventud parece filtrarse por doquier.

«Después de Marx --afirma Toffler en un libro-entrevista publicado en 1983--, ya no fue posible pensar en la tecnología de la misma forma que antes. Ya no resultó posible ignorar las clases. Ya no fue posible ver la Historia como una continuidad sin rupturas. Ya no resultó posible considerar la política y la economía como unas categorías separadas herméticamente.

El ignorar a Marx en el mundo de hoy es ser semianalfabeto... Mi obra hoy aún se enfoca con fuerza sobre los temas acerca de los que él escribió: el cambio social, el papel de la tecnología, el conflicto, la discontinuidad y la revolución en el más amplio de los sentidos» (31) .

Pero inmediatamente después de lanzar tan positiva opinión en favor de Marx toma claramente distancia del marxismo, cuya teoría califica como «fuera de moda y equívoca» (32) . Y afirmará que no obstante lo dicho en favor de Marx, «existen cruciales diferencias entre mi posición presente y la del marxismo» (33) .

Y señalará algunas de las diferencias que considera fundamentales: «Una diferencia clave tiene que ver con la primacía que el marxismo asigna a la economía... Para los marxistas lo no económico es sólo una "superestructura" construida sobre una base tecnoeconómica. Y yo disiento de ello.

Pero ésta no fue la causa principal de mi ruptura con el marxismo» (34) . Las incongruencias de las afirmaciones del futurólogo son un síntoma de sus procedimientos.

Una atenta lectura de las obras tofflerianas muestra claramente que no obstante su insistencia en que se diferencia con el marxismo, es realmente muy difícil evitar los paralelos entre sus puntos de vista y los de Marx. Esto es especialmente notorio en su enfoque de fondo a partir del cual Toffler construye toda su teoría de la sociedad y de la historia (35) .

Temas como la familia, las ideas y la religión están planteados, por ejemplo, como expresiones de las formas de producción, es decir de las estructuras económicas.

Así mismo, los factores a partir de los cuales divide la historia son económicos. Incluso el peso que le da al conocimiento en La tercera ola --planteado como el factor determinante de los cambios sociales--, está referido fundamentalmente al mundo de la producción y del trabajo, y desde allí se considera su proyección en el resto de la vida social.

Así, pues, resulta inevitable, aunque Toffler pretenda afirmar lo contrario, descubrir un claro paralelo con las ideas de Karl Marx. En uno y otro la estructura económica y la forma de producción generan una "superestructura" --usando el lenguaje de Marx-- donde quedan incluidas la moral, la filosofía, la religión, el derecho (36) .



3.3.Su perspectiva de la historia: entre Hegel y Marx
Toffler pretende ofrecer una concepción global de la historia a partir de las tres grandes revoluciones del sistema de producción. Pero para ello trata de superar una perspectiva de compartimientos estancos que aparecería como un tanto rígida.

Recurre entonces a la sugerente figura de las olas en su constante flujo, reflujo e interacción simultánea. «En vez de presentar la Historia como una secuencia de "estadios" --afirma--, como si cada uno de ellos fuese una fotografía fija, la teoría de oleada social nos permite ver a todas las sociedades en procesos...

Por ello, en vez de ver una sociedad como algo unitario, la representamos como formada por movimientos concurrentes, olas de cambios asociados. Las sociedades pueden compararse en términos de una mezcla de elementos de la Primera, la Segunda y la Tercera Olas, y en términos de los diferentes índices de cambio en cada uno de ellos. Y así por el estilo. El modelo de ola está basado en el proceso, no sólo en la estructura» (37) .

Más allá de la interesante figura del oleaje que utiliza, se debe señalar que su perspectiva histórica no sólo está fuertemente condicionada por su aproximación economicista, sino que evidencia una fuerte influencia hegeliana además de marxista, con un fuerte determinismo histórico (38) .

De los planteamientos de Toffler se desprende que existiría una fuerza oculta tras los acontecimientos de la historia que tiene una dirección y una finalidad, aunque el ser humano no logre captar este sentido profundo e ineluctable de la marcha de la historia (39) .

Es muy ilustrativo un pasaje en el que además de la huella hegeliana se ve también una posible influencia del pensamiento que se inicia con Descartes, especialmente en la desconexión para conocer la realidad, la misma que es reducida a una mera "representación" en nuestra mente sin relación verdadera con la realidad misma: «Ninguna concepción del mundo puede captar por sí sola toda la verdad. Únicamente aplicando múltiples y temporales metáforas podemos obtener una imagen perfeccionada (aunque todavía incompleta) del mundo. Pero reconocer este axioma no equivale a decir que la vida carece de significado. De hecho, aunque la vida carezca de significado en algún sentido cósmico, podemos, y con frecuencia así lo hacemos, elaborar un significado extrayéndolo de convenientes relaciones sociales y representándonos a nosotros mismos como parte de un drama más amplio, el coherente desenvolvimiento de la Historia» (40) .

No debe pasarse por alto que la mayúscula en "Historia" --en éste como en los otros casos-- es una constante del mismo Toffler quien suele usarla en sus ensayos cuando habla de la historia sin dar una explicación aparente. Tal como en Hegel, esto parecería estar indicando una particular manera de aproximarse a la historia.

Más aún, como claramente se concluye de sus planteamientos, existe una corriente oculta de la "Historia" que camina inevitablemente hacia su desarrollo. Por esta razón se comprende que afirme que «muchos de los cambios actuales no son independientes entre sí. No son fruto del azar» (41) .

Los paralelos con Hegel son inevitables, más allá de que Toffler lo asuma explícitamente o no. Como es conocido, para Hegel la Historia es la marcha del Espíritu hacia su realización plena a través de la humanidad según el ritmo dialéctico. En términos más sintéticos vendría a ser el despliegue del Espíritu en el tiempo.

Ese Espíritu sería en Hegel una suerte de "inmanentización" de la Providencia que lleva a una absolutización de la Historia. Así, lo que algunos podrían atribuirle a la Providencia, Hegel se lo atribuye a la Razón --verdadero motor de la historia--.

Esta marcha es ineluctable y como tal necesaria, pues en el fondo sería un autodesarrollo de la Razón, que de alguna manera se vale de los seres humanos --sin que tengan necesariamente conciencia de ello-- para conducirlos hacia un destino que incluso podrían no haber querido. No importan para él las expresiones de las voluntades individuales sino que el Espíritu Universal siga desarrollándose en el devenir histórico (42) .

Y --como era del gusto de los ilustrados-- consistiría finalmente en el desarrollo de la conciencia de libertad y la conquista de la misma por el ser humano.

Un aspecto ligado al tema histórico en el que también se podría descubrir una influencia hegeliana es el peso enorme que le da al fenómeno del cambio, tan en sintonía con las tesis hegelianas y marxistas. Hegel se declara en esto explícitamente en continuidad con Heráclito (43) , pero desde una perspectiva idealista. El cambio es muy importante en relación a su dialéctica y a la historia.

Junto con el paralelo con Hegel se descubre también la sintonía con las posiciones de Marx en su aproximación a la historia. En el fondo Toffler parece creer que siendo la vida social y la cultura en general determinadas por las formas de producción, la historia estaría también determinada dialécticamente por las fuerzas y relaciones de producción.

Y aunque el conocimiento juegue un rol decisivo, el desarrollo de cada época está determinado por el modo de producción y cada tanto se produce una crisis que es superada a partir de la reconfiguración dialéctica de las formas de producir. En el fondo se trataría de un determinismo histórico muy rígido, feudatario de las leyes económicas característico de los ideólogos del marxismo.

Como en el caso de las aproximaciones hegelianas y marxistas, Toffler aplica unas premisas que no están demostradas.

Su lectura de los hechos aparece así como selectiva. Escoge unos acontecimientos que le sirven para demostrar sus premisas y les da la interpretación que mejor le acomoda. Es evidente que con un poco de imaginación se puede encontrar una justificación en la historia de casi cualquier cosa. Esto lleva a que se cuestione la división que hace de la historia de la humanidad en tres etapas.

Esta división es ciertamente muy discutible, por no decir arbitraria. No hay una demostración convincente de que sean efectivamente tres las etapas (44) --por lo demás a Toffler pareciera no preocuparle el asunto, pues simplemente da por hecho que es así sin ningún argumento--.

Desde su misma perspectiva centrada en la producción y el conocimiento podría subdividirse la historia en más etapas. El mismo proceso de la industrialización podría ser dividido en varios períodos. Y quizás ahora estemos en un tercer o un cuarto estadio de esta evolución. Al parecer toma esta división en tres etapas del sociólogo norteamericano Daniel Bell que tuvo un enorme influencia en los Estados Unidos (45) .

Como es sabido fue Bell quien planteó que se estaba entrando en una nueva era que calificó como post-industrial, en el que el desarrollo tecnológico tendría un papel central.

También se debe anotar que su perspectiva evidencia una fe en el progreso indefinido tan del gusto de los ilustrados y de Hegel. Hoy por hoy son cada vez menos los analistas serios que le da valor alguno, pues es claro que se trata de un verdadero mito --ningún estudio de la historia permite sostenerlo--.

Pero además para afirmar, como lo hace Toffler, que el estado de la humanidad en una época es mejor que en la anterior se debe partir de una concepción antropológica fundamentada en una escala de valores que permita distinguir lo bueno de lo malo --sólo así se puede afirmar que algo es mejor, puesto que se ajusta más a la verdad y al bien de la persona humana--. Los planteamientos de Toffler ciertamente adolecen de un fundamento antropológico claro.

Y, por otro lado, leídos los libros de Toffler desde la fe de la Iglesia, habría que anotar que su prescindencia de toda referencia a un antes y un después de Cristo evidencia una aproximación secularizada e inmanente.

No deja de llamar la atención su total prescindencia de toda referencia a Jesucristo y a la Iglesia en la periodización de la historia. Más bien la H mayúscula en cada referencia a la historia se puede tomar como una evidencia de la "divinización" que hace de la misma. Todo esto es sumamente significativo en su macrovisión, aunque algunos aspectos parciales y puntuales no se vean afectados.



3.4.De la familia numerosa a la familia diversificada
Un tema muy ilustrativo de las ideas de Toffler es el de la familia. Allí también se pone de manifiesto su perspectiva reductiva de corte economicista. Es revelador el siguiente pasaje: «Qué formas familiares concretas desaparecerán y cuáles otras proliferarán, dependerá menos de las admoniciones lanzadas desde el púlpito sobre la "santidad de la familia", que de las decisiones que tomemos respecto a la tecnología y al trabajo.

Aunque son muchas las fuerzas que influyen en la estructura familiar --pautas de comunicación, valores, cambios demográficos, movimientos religiosos, incluso modificaciones ecológicas-- es particularmente fuerte el lazo existente entre la forma familiar y la organización laboral» (46) . Esta influencia de las formas laborales se ha visto en cada una de las tres olas.

Así la primera ola generó una familia numerosa, tipo clan. La segunda ola generó la familia nuclear, pequeña. Y la tercera ola estaría generando una familia diversificada donde caben nuevas y audaces formas de vida "familiar". Toffler incluye aquí: familias uniparentales, uniones de viudo/as y divorciado/as, uniones libres de todo tipo, duración y tamaño, incluyendo las homosexuales --con derechos a "hijos"--.

Desde su punto de vista será inevitable la proliferación de las uniones "libres" a prueba antes de un compromiso más "formal"; uniones que irán variando con la edad de las personas y el cambio de intereses --Toffler llama a esto «matrimonios temporales» (47) y opina que «es el principal modelo de matrimonio del futuro» (48) .

Incluso ve un posible resurgir de un tipo de poligamia (49) . En suma todo un abanico de "formas" de convivencia que muy poco tienen que ver con una familia en el sentido natural.

Toffler es consciente de que al entrar en crisis la familia se quiebra una de los factores de estabilidad social. Pero dado que el cambio es inevitable no ve más opción que adecuarse a las nuevas circunstancias: «no podemos conservar el pasado.

En nuestras formas familiares, en nuestras relaciones económicas, científicas, tecnológicas y sociales, tendremos que enfrentarnos necesariamente con lo nuevo. La revolución superindustrial liberará al hombre de muchas barbaridades nacidas de los restrictivos y relativamente rígidos modelos familiares del pasado y del presente. Ofrecerá a cada cual un grado de libertad hasta hoy desconocido. Pero exigirá un alto precio por esta libertad» (50) .

Frente a los nuevos tipos de "formas familiares" diversificadas Toffler, quien se declara pro-choice (51) , convoca a facilitar el proceso de cambio eliminando todo tipo de crítica o cuestionamiento. «Para lograr que la nueva diversidad actúe en nuestro favor --afirma--, en vez de hacerlo en contra de nosotros, necesitaremos cambios a muchos niveles a la vez: desde la moralidad y los impuestos, hasta las prácticas de empleo» (52) .

Propone por ello: «En el terreno de los valores necesitamos empezar a eliminar el injustificado sentimiento de culpabilidad que acompaña a la ruptura y reestructuración de las familias. En vez de exacerbar ese injustificado sentimiento de culpabilidad, los medios de comunicación, la Iglesia, los tribunales y el sistema político deberían esforzarse en reducir el nivel de culpabilidad» (53) . Llama por ello a eliminar las actitudes "intolerantes" como condición de los nuevos beneficios de la diversidad familiar.

El relativismo total de Alvin Toffler aparece en forma descarada como una consecuencia de su agnosticismo funcional que constituye el marco de enjuiciamiento y de valores de su análisis. La ausencia de todo fundamento ontológico, y la divinización de la "historia" son piezas en las que articula y desde las que lee la información concreta sobre la realidad del cambio.

Es penoso comprobar cómo sus presupuestos ideológicos colorean y distorsionan el análisis de fondo de los fenómenos, quedándose muchas veces en una visión que parece forjada por las categorías de "mosaico" o pensamiento discontinuo que postula Marshall McLuhan, donde opiniones de sumo interés aparecen mezcladas con opiniones muy discutibles en una especie de cajón de sastre plagado de presupuestos ideológicos.


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Notas

24. Ver Alvin Toffler, La tercera ola, pp. 248ss.

25. Allí mismo, p. 375.

26. Allí mismo, p. 251.

27. La lectura de las obras de Toffler muestra una persistente tendencia del autor norteamericano a generalizar y a asumir como válidas dichas generalizaciones.

28. Otros pensadores ilustrados tienen características semejantes, pero dada la autoconfesión del pasado marxista de Toffler no es difícil llegar hasta Marx para explicar ciertos acentos de la cosmovisión del futurólogo norteamericano.

29. Alvin y Heidi Toffler, Las guerras del futuro, Plaza & Janés, Barcelona 1994, p. 41.

30. Ver Alvin Toffler, La tercera ola, pp. 261ss.

31. Alvin Toffler, Avances y premisas, p. 214.

32. Lug. cit.

33. Lug. cit.

34. Allí mismo, pp. 214-215.

35. En el libro-entrevista Avances y premisas, el entrevistador pone también de manifiesto la misma opinión sobre un cierto determinismo economicista que muchos ven en los planteamientos de Toffler. <> (allí mismo, p. 228).

36. Karl Marx en una carta a Annenkof criticando a Proudhon afirma: <> (Karl Marx - Federico Engels, Correspondencia, Editorial Cartago, Buenos Aires 1973, p. 21).

37. Alvin Toffler, Avances y premisas, pp. 219-220.

38. En un artículo sobre el Presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el republicano Newt Gingrich --quien resulta ser un admirador de Toffler--, la prestigiosa revista The economist dice que el matrimonio Toffler <> (The economist, December 23rd 1995 - January 5th 1996, p. 24).

39. Y ciertamente no se trata de una Providencia divina que aparece guiando la historia. Hay una suerte de absoluto inmanente que se va desarrollando inevitablemente en el devenir histórico.

40. Alvin Toffler, La tercera ola, pp. 365-366.

41. Allí mismo, p. 18.

42. Para Hegel tanto el Estado como la Iglesia son expresiones de la Idea Absoluta o del Espíritu Universal.

43. Hablando de Hegel T. Urdanoz sostiene: > (Teófilo Urdanoz, OP, Historia de la filosofía, t. IV: Siglo XIX: Kant, idealismo y espiritualismo, BAC, Madrid 1975, p. 321).

44. El que algunos como Comte o los seguidores de Joaquín de Fiore lo hagan así no hace de suyo válida su aproximación. Por lo demás podría hacerse un paralelo entre su división y la de Comte en tres estadios --teológico, metafísico y positivo--.

45. Ver Daniel Bell, The coming of Post-Industrial Society: A Venture in Social Forecasting, Basic books, New York 1973.

46. Alvin Toffler, La tercera ola, pp. 216-217.

47. Alvin Toffler, El "shock" del futuro, p. 310.

48. Lug. cit.

49. Ver el capítulo La familia rota, de El "shock" del futuro, pp. 293-319.

50. Allí mismo, p. 319.

51. Ver Alvin y Heidi Toffler, Creating a new civilization. The politics of the third wave, p. 9. Con la expresión pro-choice se designa la posición a favor de las políticas anti-vida en materia demográfica y familia, como por ejemplo pro-aborto y pro-anticonceptivos.

52. Alvin Toffler, La tercera ola, p. 223.

53. Lug. cit.



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