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Dios, Haití y nosotros
El esfuerzo de los ateos es contradictorio, ya que niegan la existencia de Dios pero lo culpan de todo lo malo que nos pasa


Por: Ricardo Gomez | Fuente: unificacionistas.wordpress.com



La tragedia de Haití nos ha matado un poco a todos. Uno escucha las noticias y trata de imaginarse cómo visualizar semejante cantidad de víctimas fatales. Seguramente serán cada vez más, habida cuenta la enorme cantidad de personas desaparecidas, gravemente enfermas o heridas. Tratar de encontrar una explicación lógica a estas tragedias es sumamente complicado, aunque es inevitable que las voces y opiniones comiencen a surgir en la web.

En estos días he visitado no menos de una docena de blogs, de clara tendencia atea, en los cuales los autores se despachaban a gusto atacando a Dios por haber causado semejante desastre. Los artículos eran todos muy similares y apuntaban al hecho de que era evidente la falta de criterio del Creador al permitir que esta y otras tragedias ocurran en el mundo. Resulta llamativo que aquéllos que no creen en Dios le dediquen tanto esfuerzo y tiempo a emprenderla contra Él. Esto sería como si yo culpara de mis tragedias a Santa. El esfuerzo de los ateos es, como poco, contradictorio, ya que niegan la existencia de Dios pero lo culpan de todo lo malo que nos pasa. A ponerse de acuerdo, muchachos ¿existe o no Dios?

Me pregunto si en lugar de Dios no habrán sido los Gobiernos corruptos e imperialistas los que fueron destruyendo de a poco ese país del caribe. Los hombres que dijeron querer servir a esa nación sólo quitaron hasta la última gota de sangre de cada uno de los niños que han muerto. Ninguno se preocupó por las consecuencias y pareciera que algunos corazones sólo se conmueven cuando la cifra de muertos supera las 100 mil. La crisis en Haití no es nueva; sin embargo muchos de nosotros hemos sido testigos indiferentes a la tragedia. Ninguno dejó de vacacionar para enviar ese dinero como ayuda. Nadie se preocupó de que los chicos tuvieran que comerse a sus mascotas; en definitiva, mientras tengamos casa y comida es problema de otros.

Y así se van agregando conflictos internacionales, todos en vía de empeorar antes que mejorar. Poco nos importa mientras estemos cómodos en nuestro mundo individual, ergonómico. Hay que juntar pesos para comprarse el plasma para ver el mundial, no sea cuestión de perderse algún detalle. Pero, como con todo desastre natural, algunos corazones logran movilizarse conmovidos y quitarse el polvillo de la comodidad. Enormes cantidades de ayuda están llegando a la zona desde distintos lugares del mundo, aunque todo resulta poco. Tomarán muchos años para equilibrar el balance perdido en esa zona de mundo.

A todo esto hay que sumarle la actitud de estos ateos simplistas, quienes no tienen nada mejor que hacer que culpar de todo esto a Dios. Somos una raza de hipócritas. Hemos diseñado una sociedad que se nos parece en imagen y semejanza. Lo que hemos sembrado nos es devuelto como escupitajo en el rostro, y no nos gusta. Nadie, ni siquiera los ateos, quedan libres de esta sociedad que hemos edificado. ¿Cuál es la solución a nuestros problemas? La salida más valiente y expedita es acusar a Dios, aunque no exista. Nosotros nunca somos culpables de nada, no señor, somos ilustres ciudadanos modelos de valores y virtudes. La vida había resultado más simple de lo que uno creía: lo bueno que pasa es porque YO soy bueno y me lo merezco, lo malo es culpa de Dios. Vaya, he desperdiciado mi vida tratando de hacer análisis complejos sobre el bien y el mal, cuando la respuesta era tan simple.

Esta humanidad solo crecerá cuando aprendamos a ser responsables por nuestros actos. Debemos ver en perspectiva lo que hemos logrado, tanto lo bueno como lo malo. No es razonable que las cosas buenas de nuestra vida sean méritos nuestros, mientras que las tragedias se las dejemos a Dios. No sólo es injusto, sino que no resiste un análisis crítico. Ya que buscan el razonamiento empírico por sobre todas las cosas, entiendan que vivimos sobre un planeta, esto no es un balón de fútbol o un coco. La tierra sigue su proceso de acomodarse y nosotros hemos edificado nuestras vidas SOBRE este planeta. Esto implica riesgos, ¿no pensaron en eso, señores inteligentes? Pensar que Dios anda por ahí moviendo la tierra para ver desinteresadamente como morimos aplastados es digno del siglo XV y no está a la altura del pensamiento racional propio de este siglo. La certeza de Dios no está en las causas del terremoto sino, más bien, en las manos de esas personas que están ahora mismo llorando cada vez que logran encontrar algún sobreviviente entre las ruinas, arriesgando sus propias vidas para restarle a la muerte. Todo esto mientras ustedes, señores ateos, se sientan cómodamente a criticar a Dios. Madurez, señores, madurez.

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