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La tropa clerical-laicista
Ahora pretenden también sacralizar lo pagano


Por: Enrique Monasterio | Fuente: www.fluvium.org



Escribí una vez sobre esos parásitos del clero que viven de difamar a la Iglesia. Los llamé entonces "clerófobos" y los encuadré dentro de "la internacional clerical". Dije que no saben hablar de otra cosa, que anidan en los campanarios como las cigüeñas, llegan en bandadas, como los estorninos, y emiten a coro los mismos cantos igual que si se hubiesen puesto de acuerdo. En aquel artículo me los tomé a broma. Me equivoqué .

En los últimos tiempos la fiebre clerofóbica ha desbordado todas las previsiones. Ahora algunos de estos personajes incluso escriben libros –auténticos bodrios literarios, por supuesto–, pero se forran narrando los "secretos" inconfesables de la Iglesia, desentrañando códices prohibidos y denunciando a asesinos ensotanados e intrigas vaticanas para adueñarse del mundo. Por lo visto hay mercado, y juegan siempre con ventaja, porque la Iglesia a veces se defiende, pero nunca se querella.

Otros han cambiado de táctica y se nos han convertido al laicismo. Hablo de "conversión" en el sentido más fervoroso del término. Dicen que San Pablo se cayó de un caballo; estos parecen caídos de lo alto de un camello, porque el golpe ha sido traumático y tienen afectadas las meninges. Para nuestros clerófobos, el laicismo es ya una religión nueva: un credo entusiasmante, un modo de vida liberador, una misión a la que consagrar las mejores energías. Su celo proselitista sólo es comparable al de los telepredicadores más inflamados o al de las sectas destructivas.

El problema es que se les nota demasiado la mugre. Los neo-laicistas ibéricos deberían hacer un Master en secularidad e instruirse un poco antes de saltar al ruedo. No es fácil cambiar bruscamente, y sin anestesia, el cirio por la garrota. Más les valdría cepillarse la seborrea, corregir sus tics levíticos y disimular esos aires de novicios exclaustrados.

Ahora han inventado el "bautismo civil". Terrible. Por este camino tienen perdida la guerra: nuestro país lo traga todo, menos la cursilería. Por eso, aunque los clerófobos echen de menos los entrañables vapores del incienso, alguien les debería moderar un poco para que no hagan el ridículo de forma tan vistosa.


Increíble pero cierto

— Una es agnóstica, pero decente. A ver por qué no voy a bautizar a mi Jonatán en el Ayuntamiento. Al fin y al cabo yo me casé allí y la boda resultó la mar de aparente.

— Claro, mujer. Y que el señor alcalde se vista de tuno o de bombero, que son uniformes muy solemnes y apañados, y que la banda municipal interprete algo mono en consonancia con el significado del acto.

— ¿Un pasodoble?

— Mira que eres hortera, Benito.

— ¿Y los padrinos…?

— La Vanesa y Julián, que son laicos de toda la vida.

Pido perdón por tomarme a broma una noticia tan triste. Por un instante he sentido incluso la estúpida tentación de seguir la ironía hasta el final describiendo una posible versión laicista de cada Sacramento. No lo hago porque estoy hablando de algo divino, de los signos que el mismo Jesús ha dejado en la Iglesia para que los hombres "toquemos" su Humanidad Santísima. Y hemos de amarlos y defenderlos con toda el alma.


Laicos a como dé lugar

Confieso que no las tengo todas conmigo. Desde que leí la noticia del bautismo municipal, temo que un día la prensa me cuente que ya han inventado algo peor. Estos chicos, víctimas de una cursilería crónica e incurable, no se conforman con paganizar todo lo sagrado. Ahora pretenden también sacralizar lo pagano.

Menuda tropa son.


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