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La orientación sexual y la identidad de género no son derechos humanos
Oponerse a la agenda homosexual es algo muy distinto de promover que se dañe a los homosexuales


Por: Austin Ruse | Fuente: C Fam



La orientación sexual y la identidad de género no son derechos humanos

WASHINGTON D.C., 1 de febrero (C-FAM) Con regularidad, fuentes aparentemente fiables informan a los funcionarios de todo el mundo encargados de establecer políticas que «la orientación sexual y la identidad de género» son categorías de no discriminación en el derecho internacional.

Esto significa que las leyes nacionales e internacionales deben modificarse para aceptar la idea de que la homosexualidad y sus diversas variantes, que incluyen el travestismo, no pueden ser discriminadas de modo alguno.

Este tipo de no discriminación implicaría cambios en las leyes de matrimonio, de adopción e incluso en el uso de los baños públicos. Significaría que dichas nociones no podrían excluirse de ningún nivel de escolaridad, ni siquiera de la escuela primaria. Generalmente, estas demandas de no discriminación terminan discriminando a los cristianos y a otros que tienen objeciones morales y religiosas para aquellos conceptos.

No nos oponemos a garantizar que los homosexuales no sean discriminados de ninguna forma injusta. Y, ciertamente, nos oponemos a las leyes que convierten a la homosexualidad o a los actos homosexuales en delitos punibles con pena de muerte. Y pedimos a todas las personas de buena voluntad que jamás hagan daño de modo alguno a los homosexuales.

Pero oponerse a la agenda homosexual es algo muy distinto de promover que se dañe a los homosexuales. Y pese a que estamos a favor de protegerlos de agravios, no significa que sostengamos que la orientación sexual y la identidad de género sean categorías protegidas en el derecho internacional. Ya existen tratados internacionales que protegen específicamente contra esos males, que incluyen los pactos de 1966 con los que se dio fuerza de ley a la Declaración Universal de Derechos Humanos, el tratado contra la tortura y otros.

El hecho es que la orientación sexual y la identidad de género no son categorías de no discriminación aceptadas en tratados de la ONU o en otros ámbitos del derecho internacional. No importa que lo diga el Secretario General de la ONU. No solo está equivocado: excede su autoridad al hacerlo. También es irrelevante que lo digan los comités de la ONU, o profesores de derecho, o la Alta Comisionada para los Derechos Humanos. Es falso que lo respalde la Asamblea General de la ONU, que jamás ha aceptado una noción tal.

Los defensores de esta idea creen que si uno logra que la suficiente cantidad de fuentes aparentemente fidedignas sostengan esta afirmación, se torna verdadera. Pero el hecho es que al menos la mitad de los Estados Miembros de las Naciones Unidas se opone incluso a usar la frase «orientación sexual e identidad de género» hasta en documentos no vinculantes, mucho menos en tratados vinculantes. El derecho internacional se compone mediante tratados y no por los comentarios del Secretario General.

Saludamos a los Estados Miembros que se opusieron a esta idea en la Asamblea General. También, a aquellos países que han decidido no quedarse con la defensa. Con demasiada frecuencia, los países que representan a pueblos tradicionales son más bien como sacos de boxeo para la izquierda radical de la ONU. Y tienden a quedarse allí, recibiendo golpe, tras golpe, tras golpe. Pero algunos están procediendo a la ofensiva.

Una coalición de sesenta países que representan a todas las regiones del mundo firmó una declaración conjunta en 2008, que deja clara su oposición a regularizar la orientación sexual y la identidad de género. Es más, algunos, como Rusia y otros países de Europa del Este, están proscribiendo la propaganda homosexual en las escuelas. Aunque es muy lamentable la violencia concomitante contra los homosexuales, ellos tienen derecho a oponerse a que se adoctrine a sus hijos con ideas inmorales y malsanas acerca de la sexualidad.

C-FAM exhorta a los gobiernos a que continúen haciendo frente a la izquierda sexual radical y a que bloqueen todos los esfuerzos tendientes a convertir la orientación sexual y la identidad de género en nuevas categorías del derecho internacional.


Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano
 

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