10. El castigo de Dios
Por: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net

Palabra de Dios: El Señor Dios llamó al hombre: -¿Dónde estás? Contestó: - Te oí en el jardín, me entró miedo porque estaba desnudo, y me escondí. El Señor le replicó: - Y ¿quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿A que has comido del árbol prohibido? El hombre respondió: - La mujer que me diste por compañera me alargó el fruto y comí. El Señor dijo a la mujer: -¿qué has hecho? Ella respondió: - La serpiente me engañó y comí. El Señor Dios dijo a la serpiente: -... Maldita entre los animales... te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida. Y a la mujer le dijo: -Parirás hijos con dolor... Y al hombre le dijo: - Porque hiciste caso a tu mujer... con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra... porque eres polvo y al polvo volverás (Génesis 3.9-19).
Enseñanza
Un día, estaba santo Domingo Savio, alumno de san Juan Bosco, pensando así: Si Dios castigó a nuestros primeros padres de esa forma, ¿también nos castiga a nosotros? En ese momento se le acercó su maestro san Juan Bosco y le dice:
- Amigo Domingo: No tienes ni idea de lo que dices.
- ¿Cómo que no?- respondió Domingo. Lo acabo de leer en a Biblia.
- Sí, pero tú sabes que Dios es tan bueno que perdona enseguida nuestras faltas. Mira, aparentemente la serpiente salió como vencedora e introdujo el mal en el mundo. Pero Dios, que es más fuerte, la venció.
- ¿Y cómo?
- Con el arma secreta que tiene Dios.
- ¿Cuál es ese arma?
Don Bosco, contemplando la cara de Domingo, le dijo: - Con el perdón. No hay cosa que más le moleste al diablo que Dios perdone a los niños y niñas, a las mujeres y hombres. Se pone furioso. ¿Y por qué? - pregunta Domingo. Porque el diablo quisiera que siempre fuéramos malos. Pero Dios, aunque a veces cometamos algunas faltas, nos perdona y nos quiere siempre. Domingo Savio saludó agradecido a Don Bosco, le dijo: Dios nos anima a ser buenos. Es a él a quien tenemos que escuchar.
Diálogo: ¿Qué te parece la reacción de Domingo Savio?
Oración
Señor, quisiera que iluminaras mi inteligencia y fortalecieras mi corazón para amarte siempre a ti. Me da pena de lo que les pasó a Adán y Eva. Señor, cuento siempre contigo.

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