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2.- El matrimonio y la familia, comunidad de amor
Debemos valorar todas las "gracias" (beneficios) que Dios nos regala al decidirnos casar por la Iglesia


Por: P.Felipe | Fuente: Catholic.net




Si observamos a nuestro alrededor, vemos como hay algunas parejas que nos se casan. Cuando aparece la atracción mutua y el amor, deciden formar una familia a “su manera”, se consiguen un lugar donde vivir y se “arrejuntan” y así viven toda la vida. Luego viene los niños y la familia crece. Lo que no saben es de todo lo que se pierden., al no haber permitido que Dios entre a su hogar. Sin embargo, ustedes sí se han dado cuenta de ello y han decidido casarse.

"Después de 55 años de vida conyugal, dos ancianos esposos todavía se querían profundamente.
Un amigo les preguntó: ¿Cómo es posible que vivan ustedes dos tan unidos, y que todavía se quieran tanto?
¿Cómo han logrado educar tan bien a sus hijos?
¿Y luego a sus nietos, siendo tiempos tan difíciles?
Señalando un antiguo Cristo que colgaba de la pared, contestó el anciano:
Pregúnteselo a Él; la vida es dura para todos, pero desde el día de nuestro matrimonio, el lugar de honor en esta casa siempre lo ha ocupado Él.

Debemos valorar todas las "gracias" (beneficios) que Dios nos regala al decidirnos casar por la Iglesia. Dios nos fortalece en los momentos de prueba, nos anima en la lucha y nos hace, si lo dejamos, crecer; ya no individualmente, sino en pareja y luego en familia, en la Fe y en el Amor.

Todos podemos estar en la situación de esos ancianos que mencionamos, en el que Dios en su matrimonio y hogar, ocupó siempre el primer lugar.

El matrimonio implica una entrega total al otro, una donación de todo el ser. Es vivir pensando como hacer feliz al otro antes de pensar en cómo voy a ser feliz yo. Significa “servir” a los demás por amor.
Esto supone "renuncia" y "desprendimiento". Renuncia en el aspecto, que muchas veces nos tendremos que desprender de "nuestros gustos", de "lo que yo quiero" para el beneficio de toda la familia. Si esperamos a que mejor nos hagan felices a nosotros, seguramente vamos hacia el fracaso.

Es importante cuidar la vida y el ejemplo cristiano que les transmitimos a nuestros hijos. Educarlos en los valores que JESÚS nos enseña: amor, perdón, servicio, pureza, verdad, etc. Los padres son responsables ante Dios, de la educación de sus hijos y deben ser los primeros educadores. Nadie debe quitarles ese derecho.

Es tarea del padre y de la madre el educar y formar a los hijos. El ejemplo es esencial. En una comunidad de amor, como es la familia, es misión de los dos la educación y formación de los hijos.

Un elemento muy importante es la comunicación, ésta nunca debe faltar. Dialogando se evitan malos entendidos, y se evitan posibles dificultades o distanciamientos mayores.

Los padres tienen el derecho de ejercer la autoridad que Dios les ha dado, pero siempre se debe de llevar a cabo con amor. Nunca se debe ejercer con autoritarismo. Hay que buscar el bien del hijo ante todo.

Cuando surjan las dificultades, acudamos a Dios que nos da gracias abundantes para superarlas. Él debe ser el centro de la pareja, de la familia.. De esta manera tendremos una familia y auténtica familia llena de Gracia de Dios, cimentada sobre tierra firme. Y así evitaremos que a la primera dificultad, cualquiera de los dos, esposo o esposa, mandemos todo “a volar”, a pesar de los problemas que esto trae.

Estos problemas pueden ser de diversos tipos, daremos algunos ejemplos:

  • infidelidades: amantes, pensando buscar en la calle lo que pensamos no hay en casa.
  • vicios: como el alcohol, drogas y todo con el fin de evadir la realidad.
  • abandono de los hijos: No se cumplen los deberes de los padres para con los hijos, lo que trae como consecuencia, graves daños a la personalidad del niño.
  • maltratos al otro: Cuando no se quiere reconocer los propios errores, tendemos a culpar al otro.

Solamente mediante el sacramento del Matrimonio, lograremos que Dios bendiga nuestra unión matrimonial y nos conceda todas las gracias para poderlo vivir cristianamente y lograr en nuestra familia una verdadera comunidad de amor.

Aplicaciones en la vida diaria:

Reflexionar sobre:

 

  • ¿Qué vida le doy a mi pareja?

  • ¿Qué vida le doy a mis hijos?

  • ¿Realmente me preocupo por ellos?

  • ¿He llegado a considerarlos un estorbo?


  • Actividades sugeridas:

    Hacer unos cartelones que indiquen “gracias” concedidas por Dios en el Sacramento del Matrimonio y otros que indiquen los problemas más usuales de un matrimonio.







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