64- Jeremías en tiempos de crisis
Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net

PALABRA DE DIOS: El Señor me dirigió la palabra: - Antes de formarte en el vientre te escogí, antes de salir del seno materno te consagré y te nombré profeta de los paganos. Yo repuse: -¡Ay Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho. El Señor me contestó: - No digas que eres un muchacho: que a donde yo te envíe, irás; lo que yo te mande, lo dirás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte. El Señor extendió la mano, me tocó boca y me dijo: - Mira, yo pongo mis palabras en tu boca, hoy te establezco sobre pueblos y reyes, para arrancar y arrasar, destruir y demoler, edificar y plantar (Jeremías 1. 4-10).
ENSEÑANZA
Estefanía se quedó alucinada ante la historia de este muchacho. Creía que Dios llamaba solamente a gente mayor para que se hiciera cargo de su pueblo, de su reino de salvación.
Entonces, picada por la curiosidad, le preguntó a su madre más detalles sobre la vida de este joven profeta.
La madre le habló así: Fue un gran profeta de Judá 700 años de Jesucristo. Dios le llamó a ser profeta cuando era muy joven. Durante mucho tiempo, el pueblo de Israel había desobedecido a Dios y despreciado sus leyes.
Jeremías fue enviado a avisarle que, si no cambiaban de conducta, el país y la ciudad serían tomados y el pueblo enviado desterrado a Babilonia. Pero, si volvían a él, Dios les perdonaría y reconstruiría el país. "Así será la alianza que haré con Israel... Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en su corazón".
Pero el pueblo rehusó escuchar. Cuando Jerusalén fue tomada, Nabucodonosor trató amablemente a Jeremías y le permitió permanecer en Judá, pero sus mismos compatriotas le forzaron a ir a Egipto después del asesinato del gobernador de Judá, y probablemente murió allí.
DIALOGO: ¿HAS PENSADO ALGUNA VEZ EN SE PROFETA DE DIOS?
ORACIÓN
Señor, quisiera ser profeta como Jeremías. El, aunque era un muchacho, tuvo la fuerza suficiente para decir sí a tu mandato. Hoy hay chicos y chicas que desean ser profetas. Haz que sus padres se lo permitan. Que no sean egoístas, sino que piensen más en Dios y en las necesidades que hay en el mundo.

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