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Santa Claus
No es más que San Nicolás, obispo de Mira, Asia


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: www.gustavodaniel.org



Es otro personaje semi-folclórico que acompaña nuestros nacimiento o pesebres, generalmente junto al Árbol.

No es más que San Nicolás, obispo de Mira, Asia; quedó como San Nicolás de Bari cuando los italianos se llevaron sus reliquias para esa ciudad.

Personaje más que legendario del siglo IV, su nombre fue en alemán Nicolaus.

Los anglosajones le sacaron la N, la i y la o, y quedó Claus. De allí Santa Claus, que suena mejor que San Claus, así como mejor que San Tomás queda Santo Tomás. Cuestión de pronunciación y fonética.

Se lo vinculó a la Navidad porque su memoria litúrgica se celebra en pleno tiempo de Adviento, y su nombre de Noel viene del francés, que quiere decir Navidad.

Las personas llamadas Noelia tienen mucho que ver con este nombre francés. Es el femenino de Navidad, Noel.

Monseñor Claus fue de familia pudiente, y se cuentan las siguiente anécdotas de su vida, por lo cual muy pronto se lo veneró como santo:

Según muchos, el primer día que nació, cuando fue bañado, se paró solito en la tina, signo de que la fuerza de Dios ya estaba con él.

Luego, lactante, rehusaba el pecho materno los miércoles y los viernes, días penitenciales en la iglesia, figura también de la gracia de Dios que actúa aún en los seres que aún no han llegado a la madurez de juicio, y que se comprueba en estudios recientes con bebés bautizados sin uso aún de la razón discursiva, que tienen una especial inclinación y sensibilidad para con los objetos religiosos.

De joven, se entregaba a la oración, y rehusaba las diversiones mundanas y banales.

Ya Obispo, se enteró de que un feligrés suyo, apretado por sus deudas económicas, enviaría a un prostíbulo a sus tres hijas vírgenes para salvar su vivienda.

Durante tres noche seguidas, Monseñor Claus pasó con sus vestiduras episcopales (rojas antes de la Coca Cola), arrojando sendas bolsas con monedas de oro, con lo que el atriubulado padre puso saldar sus deudas, salvar su casa, y obtener una buena dote para dar en casamiento a sus hijas.

De allí su representación con la bolsa en una de sus manos (con regalos para los pobres, que nunca deben faltar cuando él está), y en la otra la Luz de Cristo, signo del Evangelio que debe anunciar el Pastor de la Diócesis como primer evangelizados y catequista de la misma.

Se le adjudican además la resurrección de tres niños, y un hecho singular que lo constituye también en patrono de los marineros.

En cierta ocasión, llegó un barco cargado de víveres a Misa, Asia, diócesis de Monseñor Claus. Su feligresía estaba hambrienta por una carestía general, por lo que el Santo Obispo pidió a los marineros que dejen parte de sus provisiones para alimentar a su grey.

Así lo hicieron éstos, y al zarpar y llegar luego a destino, siendo revisado el barco por sus dueños, nada faltaba.

Devolviéndoles el favor, Monseñor Claus se apareció a estos marineros en una tempestad en alta mar, calmándola así como Jesús, el Maestro y Señor, la calmaba en el tempestuoso Mar de Galilea, participando de los poderes de Éste.

Por eso allí donde está Monseñor Claus con sus regalos, nunca debe faltar la solicitud por el que menos tiene, para darle verdadero sentido a aquello que puede distorsionarse con tanta facilidad por nuestro pecado y egoísmo.

La esencia de Claus era el compartir, y por eso está entre los signos de la Navidad, compartiendo la Venida de la Palabra enviada por el Padre.



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