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9. El demonio en forma de serpiente
¿Hay que hacerle caso al diablo tentador?


Por: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net



Palabra de Dios: La serpiente era el animal más astuto de cuantos el Señor Dios había creado; y entabló conversación con la mujer: - ¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del parque? La mujer contestó a la serpiente: -¡No! Podemos comer de todos los árboles del jardín; solamente del árbol que está en medio del jardín nos ha prohibido Dios comer o tocarlo, bajo pena de muerte. La serpiente replicó: -¡Nada de pena de muerte! Lo que pasa es que sabe Dios que, en cuanto comáis de él, se os abrirán los ojos y seréis como Dios, versados en el bien y en el mal... Tomó fruta del árbol, comió y se la alargó a su marido, que comió con ella. Se les abrieron los ojos a los dos, y se descubrieron que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron (Génesis 3. 1-7).

Enseñanza

¡Qué felices estaban Adán y Eva en el jardín!, - comenta Estefanía. Sí, le dice Migue, pero fueron tontos. ¡No, hijo mío, no! Dios los creó con inteligencia y libertad. Podían obedecer o desobedecer. Como nos ocurre a nosotros.

Sí, hijos míos, contesta el padre. El demonio, en forma de serpiente, los tentó. Porque los demonios son tentadores contra el hombre. Les gusta que hagamos el mal. Y cuando lo hacemos, sentimos vergüenza como Adán y Eva. No hay que hacerles caso cuando nos invitan a que hagamos cosas malas. Debemos emplear nuestra libertad para hacer siempre el bien y nunca el mal. Si se emplea mal, hay tantas cosas malas en el mundo. Las veis en la tele. El demonio, en forma de serpiente, va siempre contra Dios. La madre pregunta a todos: ¿Por qué somos felices en casa? Y Migue respondió: Porque obedecemos a Dios y no al diablo. Muy bien, hijo mío.

Diálogo: ¿Hay que hacerle caso al diablo tentador?

Oración

Señor, esta mañana te prometemos que vamos a ser siempre obedientes al Señor. Si alguna vez no te obdecemos, perdona nuestra falta de desobediencia a ti, nuestro mejor amigo. Haz que mi casa sea un pequeño jardín en el que haya buenas acciones, no se digan palabrotas y tú, Señor, seas el centro de nuestras vidas.




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