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Abraham en el Islam
El patriarca bíblico, que ocupa un lugar central en el Corán.


Por: P. Enrique González VE | Fuente: ive.org





El Islam concede gran importancia al patriarca bíblico, que ocupa además un lugar central en el Corán; siendo el personaje veterotestamentario más citado. Su nombre aparece unas setenta veces y en veinticinco suras, treinta y siete pasajes y ciento cuarenta versos[1]. Y aparece en textos de todas las épocas de la predicación de Mahoma, desde los comienzos de sus actividades en la Meca (610 – 622), hasta el final del tiempo transcurrido en Medina (622- 632).


Mahoma dice basarse en “los libros de Abraham y de Moisés”, para demostrar que su predicación es la continuidad de la predicación de sus predecesores. Evoca la fidelidad de Abraham, (sura 53,38) y cita episodios narrados en el libro del Génesis (Gn. 18 ), como la visita de los ángeles y el anuncio del nacimiento de un hijo (sura 11,69-74 ); la predicción y el castigo ejemplar de Sodoma (sura 11,77- 82).


Mahoma destaca dos aspectos en el patriarca: la lucha de Abraham contra la idolatría (sura 37,83-99), y la alusión al sacrificio de Isaac en Gn. 22, con el matiz de que el patriarca ha decidido inmolar a su hijo con el consentimiento de éste, sin aclarar si es Isaac o Ismael (sura 37,102- 108). Mahoma se atiene más a las tradiciones judías que al texto del Antiguo Testamento, al que no conoció directamente. Por lo demás Mahoma no solo se dice el continuador de la misión del patriarca, sino que incluso ha buscado, conscientemente o no, retener rasgos de las tradiciones sobre Abraham como propios, para confirmar su experiencia personal y demostrar su continuidad con el patriarca bíblico. La tradición musulmana hace decir a su profeta: “En cuanto a Abraham, yo soy de sus hijos el que más se parece físicamente” y llega incluso a afirmar que el tamaño de sus pies es idéntico al del patriarca (cfr. R. Martin- Achard, Actualité d` Abraham, pag. 168)


Abraham sería un destructor de ídolos, y su intransigencia le ha llevado a la persecución del politeísmo con un celo ejemplar (sura 26,69-76). Mahoma considera que en resumen el Islam no es otra cosa que la religión de Abraham, y por tanto el patriarca sería el primer musulmán, y por tanto la piedra angular del monoteísmo. Además hace resaltar leyendas sobre el patriarca, tales como las luchas con su padre en relación al monoteísmo; o las luchas brutales contra los ídolos; la revuelta del pueblo contra Abraham, y el triunfo final de este último, que no tendría otra finalidad que consolidar la apologética mecana contra los idólatras.

Los musulmanes, además, atribuyen gran importancia a las genealogías, y sostienen que la revelación divina se halla depositada en los pueblos de la estirpe de Abraham, encontrando ellos esta filiación justificada en la Biblia. Pero es ciertamente distinta la filiación de Abraham desde un punto de vista teológico a la meramente carnal. Tanto el pueblo de Israel como el de Ismael, claman sobre ellos la paternidad de Abraham. Pero las genealogías establecidas al inicio de los evangelios de San Lucas y de San Mateo (cfr. Mt.1, 1 Lc.3, 23), afirman la ampliación de Israel según la carne a la humanidad entera (Lc.) y la inserción en Jesús de Nazaret de toda la historia de Israel: el Israel según la descendencia y el Israel de Dios (Mt.). Jesús es denominado en el Evangelio como “Hijo de Abraham”, expresión que puede ser tomada en sentido carnal, dado que era judío, de la familia de David. Pero ser hijo de Abraham, significa en el Evangelio entrar en una nueva y perenne relación con Dios, (Jn.8, 39-42). Se llega a ser verdadero hijo de Abraham mediante la fe en Jesucristo. “Los que viven de la fe, esos son los hijos de Abraham” (Gal.3, 7). Dios que iba a justificar a los gentiles por medio de la fe, anunció a Abraham esta buena nueva, “en ti serán bendecidas todas las gentes” (Gal.3, 8; Gn.12, 3). “Por tanto, quienes viven de la fe son bendecidos con Abraham, el creyente… si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa” (Gal. 3, 7-9. 29).


Por cierto el Islam disfruta de una cierta posición espiritual privilegiada y singular. Ya que confiesa a Dios como creador y soberano del mundo y de los hombres; como remunerador de justos y pecadores. Afirmaciones que son un requisito para la verdadera fe. Y de este modo Abraham también ocupa un lugar central dentro del Islam.


Pero la fe de Abraham, no es solamente la fe en la unicidad de Dios, sino que conlleva de modo inseparable la promesa de un “brote” en que serán bendecidas todas las gentes, es decir todos los pueblos. Esta promesa fue dirigida a Abraham y a su descendencia. No se dice “a los descendientes”, como si fueran muchos, sino a uno solo, “a tu descendencia”, es decir a Jesucristo, (Gal. 3,16). Es por tanto en Jesucristo en quien son bendecidos todos los pueblos de modo que no hay otro nombre en el cielo y en la tierra en el que podamos salvarnos.


La Declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, habla de los musulmanes como los hombres y mujeres “que procuran someterse con toda el alma a los ocultos designios de Dios, como se sometió Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia” (nº 3). En la conmemoración de Abraham “Nuestro Padre en la fe”, celebrada en Roma el 23 de febrero del año 2000, el Papa Juan Pablo II, recordaba que “Dios omnipotente estrechó en la fe de Abraham una alianza eterna con el género humano, y Jesucristo es su definitivo cumplimiento”.




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