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Las grandes preguntas y sus respuestas
Reflexión, oración y diálogo sobre la Gaudium et Spes. Antes y después del Concilio.


Por: Máximo Álvarez Rodríguez | Fuente: Catholic.net



Antes y después del Concilio


En España, antes del Concilio Vaticano II, había menos televisores y lavadoras, menos Institutos de Bachillerato y de Formación Profesional, menos estudiantes de enseñanza media y menos universitarios. Había menos carreteras asfaltadas y bastantes menos coches. Había menos droga, ningún video doméstico. No había democracia ni divorcio o aborto legalizado. Se hablaba menos del paro y había menos gente que se proclamara agnóstica o atea.

No queremos decir que el Concilio haya sido la causa de estos cambios. Por supuesto que no. Ni los males ni los bienes posteriores al año 1965, fecha en que terminó el Concilio, son achacables a él. Lo que queremos señalar es cómo la celebración del Concilio coincidió con un momento clave, de cambio, de la historia, de nuestra historia. En cierta manera se nos adelantó. Tal vez por esos muchos españoles no comprendieron o no comprendimos en su momento lo que realmente significaba.

Mucho nos tememos que abundan quienes piensan que ha sido la muerte de Franco la que provocó un cambio de actitud en la Iglesia, que se veía obligada a adaptarse a la nueva situación de la sociedad española. O sea, que llegó la democracia y a la Iglesia le interesaba ponerse a favor de la democracia; que vino la libertad sindical y por eso los curas y obispos empezaron a hablar de justicia social.

Pero no olvidemos que antes de 1975 habían transcurrido ya diez años de la terminación del Concilio. Y ya antes los obispos españoles se habían pronunciado claramente, siguiendo la doctrina conciliar, en favor de los derechos humanos en España (incluida la democracia) y sobre la renuncia a los llamados privilegios y sobre el diálogo con los no creyentes, etc.

Resulta chocante oír hoy muchas voces que hablan de la Iglesia como si no hubiera existido el Concilio, como si nada hubiera pasado, como si nada hubiera cambiado...Esto es injusto. La Iglesia ha abierto sus puertas a todos los los hombres de buena voluntad, con un espíritu dialogante y renovador. Y no ha sido comprendida. Ha dado muchos pasos de acercamiento al pueblo, al mundo contemporáneo...En el terreno litúrgico, intelectual, en el trato de los sacerdotes, los obispos, de los religiosos...Ya no se puede hablar de aquel distanciamiento de épocas pasadas.

Pero el mundo no ha sido lo suficientemente comprensivo. Siguen existiendo muchos prejuicios no superados. Se renuevan los ataques y las críticas. Ello da pie a un círculo vicioso: el mundo que sigue desconfiando, sin razones, de la Iglesia y la Iglesia que desconfía del mundo. Y así hoy día son frecuentes dos actitudes tan antagónicas como extremistas: la de los nostálgicos que no llegaron a entender el Concilio y que hoy se afianzan en su nostalgia y la de los hipercríticos que tampoco llegaron a asimilarlo adecuadamente y que adoptan una actitud a veces demoledora.

Con lo maravilloso que sería asimilar el Concilio, fiel al depósito de la fe y al mundo presente, con un espíritu abierto, dialogante y comprometido...Pero sigue siendo el gran desconocido o el mal interpretado. Es urgente conocerlo, si se desconoce o releerlo si es que ya se ha leído. Son necesarias iniciativas que ayuden a ponerlo en práctica.

Las páginas que siguen son un humilde intento, en un clima de reflexión, diálogo y oración, de recordar la necesidad de tomar en serio la tarea de, en la Iglesia y con la Iglesia, servir al mundo en que vivimos, que -como suele decir- buena falta nos hace.


1. Los gozos y las sombras La Iglesia quiere dar luz y esperanza a la humanidad, no solo a los católicos, sino a todos los hombres y mujeres del mundo.

2. ¿El mundo se ha vuelto loco? Los cambios en la sociedad, positivos y negativos, han repercutido enormemente en el terreno religioso.

3. Las grandes preguntas El creyente ve en Dios la clave de la respuesta a estos grandes interrogantes.

4. ¿Hay ateos? El hacer de la Iglesia ante el fenómeno del ateísmo.

5. No somos islas Dios ha querido salvar a los hombres no de manera aislada, sino como pueblo.

6. Hacia un mundo feliz Dios toma en serio las cosas de este mundo, pues lo creó con sabiduría y amor.

7. ¿Sirve la Iglesia para algo? La Iglesia recuerda cómo Dios creó el mundo por amor y envió a su Hijo al mundo para salvarlo. Y, guiada por el Espíritu Santo, prolonga a lo largo del tiempo la obra de Jesús.

8. Reconciliarse con el mundo Aunque la Iglesia, se ha mantenido como esposa fiel de su Señor, sabe que no siempre, a lo largo de su historia, fueron todos sus miembros, clérigos o laicos, fieles al espíritu de Dios.

9. Y la familia ¿qué tal? El Concilio es consciente de las deformaciones y vaivenes a que es sometida la familia en el mundo de hoy.

10.¿Miedo a la vida? El matrimonio, además del amor y del bien personal de los esposos tiene como fin colaborar con Dios en la procreación del género humano.

11.Grandeza y miseria de nuestra cultura Cada día que pasa es más fácil conocer las culturas del pasado así como las distintas culturas del mundo de hoy.

12.Cosas de la cultura y de la fe ¿La nueva cultura de nuestros tiempos acaso no está dejando de lado la fe?

13.Economía, pecado y escándalo Son necesarias muchas reformas en la vida económico-social, y, sobre todo, un cambio de mentalidad y costumbres.
14.Del trabajo y de la tierra El trabajo es importante porque el trabajo es el medio ordinario de subsistencia para el trabajador y para su familia.

15.La Iglesia y la política Los cristianos, respetando a los que piensen de otra manera, deben participar con responsabilidad y espíritu de servicio al buen funcionamiento de la comunidad política.

16.Guerra y paz La Iglesia está presente donde los cristianos tienen el deber de colaborar a la consecución de la paz.

17.Por un mundo mejor Una institución con el prestigio y la autoridad moral de la Iglesia Católica puede y debe hacer mucho. Su voz puede llegar muy lejos y el compromiso serio de sus miembros podrá transformar el mundo en que vivimos.

18.Cristo: la clave de todo Como hombre el ejemplo de su vida, de su amor y entrega a la voluntad del Padre y al servicio de los demás.

 

 

 

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