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Textos sobre la evolución: la Creación
El Génesis tiene un alcance sobre todo religioso y teológico. No se pueden buscar en él elementos significativos desde el punto de vista de las ciencias naturales.


Por: SS Juan Pablo II | Fuente: P. Rafael Pascual




La pregunta sobre la creación aflora en el ánimo de todos, del hombre sencillo y del docto.

Se puede decir que la ciencia moderna ha nacido en estrecha vinculación, aunque no siempre en buena armonía, con la verdad bíblica de la creación. Y hoy, aclaradas mejor las relaciones recíprocas entre verdad científica y verdad religiosa, muchísimos científicos, aun planteando legítimamente problemas no pequeños como los referentes al evolucionismo de las formas vivientes, en particular del hombre, o el que trata del finalismo inmanente en el cosmos mismo en su devenir, van asumiendo una actitud cada vez más partícipe y respetuosa con relación a la fe cristiana sobre la creación.

He aquí, pues, un campo que se abre al diálogo benéfico entre modos de acercamiento a la realidad del mundo y del hombre reconocidos lealmente como diversos, y sin embargo convergentes a nivel más profundo en favor del único hombre, creado -como dice la Biblia en su primera página- a ´imagen de Dios´ y por tanto ´dominador´ inteligente y sabio del mundo (Cfr. Gen 1, 27-28)» (Catequesis del Papa durante la audiencia general del miércoles, 8 de enero de 1986; cf. L´Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espaZola, 12 de enero de 1986, p. 3).

El relato de la obra de la creación merece ser leído y meditado frecuentemente en la liturgia y fuera de ella. Por lo que se refiere a cada uno de los días, se confronta entre uno y otro una estrecha continuidad y una clara analogía. El relato comienza con las palabras: ´Al principio creó Dios los cielos y la tierra´, es decir, todo el mundo visible, pero luego, en la descripción de cada uno de los días vuelve siempre la expresión: ´Dijo Dios: Haya´, o una expresión análoga. Por la fuerza de esta palabra del Creador: ´fiat´, ´haya´, va surgiendo gradualmente el mundo visible: La tierra al principio era ´confusa y vacía´ (caos); luego, bajo la acción de la palabra creadora de Dios, se hace idónea para la vida y se llena de seres vivientes, las plantas, los animales, en medio de los cuales, al final, Dios crea al hombre ´a su imagen´ (Gen. 1, 27).

El Génesis tiene un alcance sobre todo religioso y teológico.

No se pueden buscar en él elementos significativos desde el punto de vista de las ciencias naturales. Las investigaciones sobre el origen y desarrollo de cada una de los especies ´in natura´ no encuentran en esta descripción norma alguna vinculante, ni aportaciones positivas de interés sustancial. Más aún, no contrasta con la verdad acerca de la creación del mundo visible -tal como se presenta en el libro del Génesis-, en línea de principio, la teoría de la evolución natural, siempre que se la entienda de modo que no excluya la causalidad divina.

En su conjunto la imagen del mundo queda delineada bajo la pluma del autor inspirado con las características de las cosmogonías de su tiempo, en la cual inserta con absoluta originalidad la verdad acerca de la creación de todo por obra del único Dios: ésta es la verdad revelada. Pero el texto bíblico, si por una parte afirma la total dependencia del mundo visible de Dios, que en cuanto Creador tiene pleno poder sobre toda criatura (el llamado dominium altum), por otra parte pone de relieve el valor de todas las criaturas a los ojos de Dios. Efectivamente, al final de cada día se repite la frase: ´Y vio Dios que era bueno´, y en el día sexto, después de la creación del hombre, centro del cosmos, leemos: ´Y vio Dios que era muy bueno cuanto había hecho´ (Gen 1, 31).

La descripción bíblica de la creación tiene carácter ontológico

Es decir, habla del ente, y al mismo tiempo, axiológico, es decir, da testimonio del valor. Al crear el mundo como manifestación de su bondad infinita, Dios lo creó bueno. Esta es la enseñanza esencial que sacamos de la cosmología bíblica, y en particular de la descripción introductoria del libro del Génesis.

Esta descripción, juntamente con todo lo que la Sagrada Escritura dice en diversos lugares acerca de la obra de la creación y de Dios Creador, nos permite poner de relieve algunos elementos:

1º. Dios creó el mundo por sí solo. El poder creador no es transmisible: es incommunicabilis.

2º. Dios creó el mundo por propia voluntad, sin coacción alguna exterior ni obligación interior. Podía crear y no crear; podía crear este mundo u otro.

3º El mundo fue creado por Dios en el tiempo, por lo tanto, no es eterno: tiene un principio en el tiempo.

4º. El mundo, creado por Dios, está constantemente mantenido por el Creador en la existencia. Este ´mantener´ es, en cierto sentido, un continuo crear (Conservatio est continua creatio).

(Catequesis del Papa durante la audiencia general del miércoles, 29 de enero de 1986; cf. L´Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espaZola, 2 de febrero de 1986, p. 3).

El amor de Dios es desinteresado

Mira solamente a que el bien venga a la existencia, perdure y se desarrolle según la dinámica que le es propia. Dios Creador es Aquel ´que hace todas las cosas conforme al consejo de su voluntad´ (Ef 1, 11). Y toda la obra de la creación pertenece al plan de la salvación, al misteriosos proyecto ´oculto desde los siglos en Dios, creador de todas las cosas´ (Ef 3, 9). Mediante el acto de la creación del mundo, y en particular del hombre, el plan de la salvación comienza a realizarse. La creación es obra de la Sabiduría que ama, como recuerda la Sagrada Escritura varias veces (Cfr., p.e., Prov 8, 22-36).
Está claro, pues, que la verdad de fe sobre la creación se contrapone de manera radical a las teorías de la filosofía materialista, las cuales consideran el cosmos como resultado de una evolución de la materia que puede reducirse a pura casualidad y necesidad» (Catequesis del Papa durante la audiencia general del miércoles, 5 de marzo de 1986; cf. L´Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 9 de marzo de 1986, p. 3).
 

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