Menu



Lectio Divina

24o Domingo del Tiempo Ordinario
Lectio Divina. Oración con el Evangelio. Ciclo B.


Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el 24o. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



    ____________________________________



    Marcos 8, 27-35


    1. INVOCA

  • Queremos entrar en el diálogo con el Señor. Nos disponemos cada uno y todo el grupo.
  • Para entrar en el monte de la oración, en la zarza ardiente como Moisés, hay que descalzarse, pues entramos en terreno sagrado. Hay que dejar a un lado todo aquello que utilizamos cada día para caminar por otros senderos: afán, ansiedad, limitaciones, improvisación, preocupaciones, etc...
  • Orar es: entrar en el ámbito de Dios, dejarse impactar por la fuerza avasalladora del Señor, que nos va a dirigir su Palabra.
  • Déjate que te envuelva el aliento del Eterno y puedas saber, saborear, con otra sabiduría, los planes de Dios.
  • Quítate las sandalias y descansa en la manifestación del Amor total.
  • Nos abrimos a la inspiración y animación del Espíritu. Veni, Sancte Spiritus:

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mc 8, 27-35) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • Los exegetas o intérpretes designan a este pasaje como el momento de la crisis de Jesús. El evangelista Marcos ha narrado en capítulos anteriores la Buena Noticia del Reino. Al libro (Evangelio) le ha titulado: Comienzo de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios (Mc 1, 1).
  • A eso se ha dedicado Jesús, a hacer el bien a todos. Ha liberado a personas que padecen en su cuerpo y en su espíritu, ha criticado a los fariseos y escribas y a los poderes públicos por defender a los indefensos y orientarlos hacia una religión más basada en el amor que en el temor.
  • El rechazo de los fariseos y autoridades, la incomprensión de la muchedumbre que buscan lo material, la crítica de sus propios parientes que le tienen por loco...
  • Todo esto lo ve Jesús. Lo sufre. Y quiere ver con claridad su propia identidad: ¿Quién soy yo? De ahí la doble pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo?, Y según ustedes, ¿quién soy yo?

    Texto

    1. ¿Quién dice la gente que soy yo? (v. 27)

     
  • Jesús necesita saber la opinión de la gente de él mismo y de su obra: para qué ha venido, por qué hace los signos milagrosos, por qué le buscan, por qué no entran de lleno en la esencia de su persona y misión.
  • Jesús desea comprobar qué resultados ha obtenido, no para el aplauso, sino para ser consciente de cómo entienden la gente y los discípulos su enseñanza y su estilo de vida.
  • Por el camino les preguntó (v. 27). En nuestro camino, el personal, el familiar, el comunitario, también Jesús sale a nuestro encuentro y nos hace la misma pregunta.
  • Se hace relativamente fácil dar una respuesta a esta primera pregunta. Una respuesta, aprendida en el catecismo (Tú eres el Hijo de Dios,…). Es fácil responder lo que la gente siente, piensa, vive desde su condición de "cristiano", es decir, desde el ser discípulo. Es fácil elaborar una encuesta entre la gente con esta pregunta para responder.
  • Pero, Jesús nos pide una respuesta personal, íntima, vivencial, no tanto teológica, sino desde la fe en Él, desde lo que "hacemos" por Él, desde lo que estamos dispuestos a seguirle a Él, con todas las consecuencias.

    2. Según ustedes, ¿quién soy yo? (v. 29)
     
  • Jesús quiere saber qué es lo que piensan de él los de fuera y los de dentro, sus discípulos.
  • Los que le han acompañado desde los comienzos de su misión, los que han convivido día y noche con Él, los que, al parecer, saben bien quién es Jesús, se encuentran con esta pregunta de sobresalto.
  • Cada uno ha de experimentar en lo más profundo de su conciencia la respuesta a esta pregunta decisiva. De acuerdo a la imagen que se tenga de Jesús, será la respuesta exacta o errónea.
  • Tenemos que ser sinceros. Nuestras obras podrán dar una respuesta vital, profunda, sincera y consecuente. Nos cuesta poco exclamar: Creo, creo, creo. Rezamos constantemente: Padre... Pero, ¿qué resonancia tiene en nuestra conducta? Una vez más tenemos que decirnos con sinceridad: No bastan las palabras... ¿Puedo dar una respuesta exacta con mis obras sobre quién es para mí Jesucristo?

    3. Tú eres el Mesías (v. 29)
     
  • Aunque Pedro dice una gran verdad, sin embargo, Jesús les ordenó que no hablaran de él con nadie (V. 30). ¿Por qué? Veían a Jesús como un Mesías poderoso, milagrero, llamado a destruir a los romanos. Y se veían a sí mismos como los que iban a obtener cargos importantes en su reinado terrenal.
  • No es cuestión de seguir a Jesús en los momentos de euforia, agradables, consoladores. No es cuestión sólo de predicar y curar, dar catequesis o participar en la Misa, etc... Seguir a Jesús supone: conflicto, dar la cara, luchar por la dignidad de las personas, entrega total al sufrimiento y a la muerte como Él. Con el riesgo de quedarse solo, incomprendido, acusado, sentenciado...
  • Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga (v. 34). No hay que soñar en triunfos. No hay que seguir con la rutina y con los apegos de antes. No hay que ambicionar proyectos propios de poder. Hay que renunciar a ¡tantas cosas, situaciones, ilusiones, apegos, intereses...!
  • No se entiende un Cristo sin cruz. No se entiende un cristiano sin cruz. El combate por el Reino implica el riesgo de la propia vida.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Qué me dice el Señor por medio de su Palabra? ¿En qué lado me ubico cuando quiero dar una respuesta a la pregunta arriesgada de Jesús?
  • ¿Cómo considero esos de ser cristiano? ¿Rezar algo, cumplir algunas normas, ayudar al prójimo, ir a Misa los domingos...?
  • ¿Qué respuesta personal, profunda, consciente me pide Jesús sobre Él mismo?


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)
     
  • Señor, sé que me pides todo. Pero, a veces, no sé lo que quieres de mí, Señor Jesús. Deseo darte mi respuesta precisa, que sintonice con tu Voluntad...
  • Acepta mi incomprensión de Ti mismo. Acepta mis limitaciones. Si Tú las recibes, me gozaré contigo, Señor. Porque sé que me recibes como soy: ignorante, ambicioso, presumido...


    5. CONTEMPLA
     
  • A Jesús, que me ama, me escucha, me acoge en mi debilidad y me da ánimos confianza para estar lo más cercano a Él. Él me dice: Hijo/a, confía estoy siempre contigo.


    6. ACTÚA
     
  • Repetiré con más con mis obras que con mis palabras: Tú eres el Mesías.






  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Martín Irure










Artículo patrocinado.

Gracias a nuestros bienhechores y su generosa ayuda, hacemos posible la publicación de este artículo.

¡Dona Aquí!






Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!