Menu



Lectio Divina

Lectio Divina. 20o Domingo del Tiempo Ordinario
Oración con el Evangelio. Ciclo B.


Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el 20o. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



    ____________________________________


    Juan 6, 51-58


    1. INVOCA

  • Vas a encontrarte con el Señor en este tiempo de oración con la Palabra. ¡Importante! Recuerda que tu vida será lo que en la oración veas, programes y decidas, con los valores y la fuerza que la Palabra te inspira.
  • La oración es el momento más adecuado para sentirte amado y llenarte del Amor.
  • Ruega al Padre de Amor, que tu oración te conduzca a entrar en la onda de su Amor, que todo lo informa y lo contiene.
  • "Que ya sólo en amar es mi ejercicio", dice el gran místico san Juan de la Cruz.
  • Invoca al Espíritu. Déjate llenar de su inspiración y déjate luego empujar por el viento y el fuego de Pentecostés.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Jn 6, 51-58) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • Los comentaristas bíblicos dicen que este texto no fue dicho en la sinagoga de Cafarnaún, sino en el ambiente de la Última Cena. El evangelista o algún amanuense lo colocó en esta sección como continuación del discurso del pan de vida.
  • Nos damos cuenta de ello por el contenido:
    1. (Jn 6, 22-50). El protagonista es el Padre que nos da el verdadero Pan del cielo. La respuesta del hombre es la fe.
    2. (Jn 6, 51-58), En el discurso, propiamente eucarístico, el protagonista es Jesús, que se da en comida y bebida. Y la respuesta del hombre es participar en esa comida y bebida.
    3. (Jn 6, 22-50), El discurso sobre el pan de vida, asumido por la fe, pasa a ser una oferta de comida y bebida de la Eucaristía (Jn 6, 51-58).
    4. Antes de ser instituida la Eucaristía, hubiera sido todavía más difícil hacerse entender por la multitud.
    5. El evangelista pretende salir al paso de las corrientes heréticas de los docetas y gnósticos, que consideraban la Eucaristía como mero símbolo.

    Texto

    1. El pan que yo daré es mi carne (v. 51)

     
  • Jesús se presenta en el punto máximo de su encarnación, de su humanización. Ya Dios adopta un cuerpo humano, habla nuestro lenguaje y se deja entrar en nuestros sentidos: oír, ver, tocar, comer, beber, gustar. Dios se hace algo natural y concreto en la vida de los creyentes.
  • Lo dice la 1ª Carta de Juan (1, 1-4). Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida - pues la vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio, y les anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó -, lo que hemos visto y oído, eso les anunciamos, para que también ustedes estén en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa.
  • Hay una relación muy directa de este mensaje con las palabras que leemos en el texto que la Liturgia nos propone para este domingo.
  • Dios es Aquel que se deja ver, oír, palpar, tocar, masticar, comer, digerir por nuestros sentidos. Todo, para que experimentemos que Él está siempre con nosotros y comparte con nosotros todas las aventuras y desventuras humanas.
  • Jesús-Pan queda también identificado con su ser humano, y quedará triturado en la cruz, para ser nuestra salvación, camino, verdad y vida (Jn 14, 6).

    2. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él (v. 56)
     
  • No puede darse mayor identificación entre Jesús-Pan y el que lo recibe con fe y con hambre de Él. La comparación se entiende. Así como el alimento corporal queda totalmente transformado en partes del organismo físico, así Jesús-Pan queda asemejado a nuestro organismo espiritual. Todavía es mayor la asimilación. Porque el que comulga a Cristo-Pan, queda absorbido por Él, asimilado con Él, incorporado a Él. Y, en consecuencia, el creyente se identifica de tal modo con Jesús-Pan que se hace uno con Él. Queda “concrucificado” y “conresucitado”, porque la vida del cristiano es una con-vivencia con Cristo.
  • Pablo lo expresa bella y brevemente: Estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí (Gal 2, 19-20).
  • Se establece una unión íntima entre Cristo y el comulgante. Es la comunión total. Es la participación total en la Vida verdadera. Es la misma Vida de Cristo la que se injerta en el organismo espiritual del cristiano. Y como fruto espléndido llegará la resurrección total para la Vida definitiva y en plenitud.
  • La promesa de Jesús se realiza en la comunión eucarística. La comunión sacramental nos lleva a la comunión espiritual. Es la común-unión entre Cristo y el creyente.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Para mí, esta Vida en común, que me ofrece y me regala Jesús, la experimento en la comunión del mismo Jesús, que se presenta como Palabra y como Pan. En cada Eucaristía se ofrece Jesús como el don supremo, como alimento que quita toda hambre y toda sed.
  • Jesús quiere vivir en total comunión conmigo. Por eso, se transforma, se humaniza, se hace Palabra, se hace Pan, se hace sacramento, se hace yo mismo, para que mi yo se convierta en Él.
  • También yo tengo que ser para los demás algo parecido a lo que me enseña Jesús con su entrega: pan para la fe y vida de mis hermanos, para que crean en Él y se alimenten de Él. Y todos formemos una comunidad en Cristo.


    4. ORA (Qué le respondo a la Palabra)
     
  • Jesús, gracias infinitas te doy por tu entrega total para que yo pueda tener vida abundante, tu misma vida. Que yo sea consciente de tu gran y total donación y pueda corresponder a tu plena generosidad.
  • Que sepa hacer de mi pequeña vida una Vida transformada por la tuya. Que me deje alimentar por tu Pan y tu Palabra, para que sea todo tuyo.


    5. CONTEMPLA
     
  • A Jesús en la Eucaristía, donde Él se ofrece para la vida del mundo.
  • A ti mismo, hambriento y sediento, que busca con frecuencia otros alimentos que no calman el hambre ni la sed.


    6. ACTÚA
     
  • Repetiré con frecuencia la Palabra de Jesús: El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él (Jn 6, 56).








  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Martín Irure










Artículo patrocinado.

Gracias a nuestros bienhechores y su generosa ayuda, hacemos posible la publicación de este artículo.

¡Dona Aquí!






Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!