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Lectio Divina

Lectio Divina. 28o Domingo del Tiempo Ordinario
Oración con el Evangelio. Ciclo B.


Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el 28o. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



    ____________________________________


    Marcos 10, 17-30


    1. INVOCA

  • Nos disponemos a escuchar al Señor que nos trasmite su Palabra en palabras humanas. Éste es el momento más importante del día. Dejemos a un lado nuestros planes para hoy. Hagamos el silencio interior (quitar preocupaciones, horarios, tareas...) y el silencio exterior (ruidos, papeles, distracciones...)
  • Orar es: ver la realidad con otros ojos, los de Dios, captar nuestra historia como tiempo de salvación, mirar las personas como templos de Dios, contemplar las cosas, los seres y las personas como proyección amorosa del Creador para nuestro solaz y quietud.
  • Orar es: dejarse mirar por el Señor, dejarse amar por el Padre. Así, podremos sanar nuestras heridas, nuestros complejos, nuestras limitaciones.
  • Orar es: abrirnos al ámbito de Dios, hacia la luz y el gozo indescriptible.
  • El Espíritu aletea sobre cada uno de nosotros: nos abre al sentido de la Escritura, nos fortalece, nos enciende, nos ilumina, nos anima. Como en Pentecostés.
  • Cantemos suavemente invocando al Espíritu: Veni, Sancte Spiritus:

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)




    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mc 10, 17-30) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • En el camino hacia Jerusalén, Jesús va desgranando, con palabras y hechos, su enseñanza a los discípulos. Los evangelistas describen el camino hacia Jerusalén, no tanto como un recorrido geográfico, sino como un camino de seguimiento de Jesús.
  • En el texto anterior (Mc 10, 13-16), Jesús pone a los niños como modelo para los discípulos. La enseñanza va por ahí: dejarse amar, confiar, desprenderse, no poner el corazón en las riquezas. En el texto de hoy, aparece un rico que no se decide a renunciar a sus bienes y a seguir a Jesús “hacia Jerusalén”, la cumbre del desprendimiento realizado por Jesús.

    Texto

    1. Sólo Dios es bueno (v. 18)

     
  • Esta afirmación de Jesús es como la clave para interpretar todo este relato. Porque sólo Dios es bueno, merece la pena darlo todo, renunciar a todo, por encontrar este tesoro, que llena, satisface y nos colma de felicidad.
  • El que pregunta a Jesús qué debo hacer para heredar la vida eterna, se ubica en una actitud centrada en sí mismo, no experimenta que del Señor nos viene todo bien, porque Él es el único bueno. Jesús, en cambio, quiere resaltar la bondad de Dios, que se da totalmente a quien le busca y renuncia a los bienes materiales.
  • Dios por su bondad es el que ha de contagiar al discípulo de Jesús. La vida eterna no está en que nosotros cumplamos los mandamientos a la perfección (ésta es la línea farisaica), sino en confiar en el Padre y esperarlo todo de Él. Como los niños, alabados por Jesús, del relato anterior.

    2. Vende todo lo que tienes... y sígueme (v. 21)
     
  • Los discípulos no entienden la enseñanza de Jesús. Siguen aferrados a la mentalidad de su época: las riquezas son un signo de la bendición de Dios como premio al buen comportamiento de quien las poseía. Piensan que la riqueza trae la felicidad humana e incluso, el Reino.
  • Jesús expone claramente su mensaje. Las riquezas son impedimento e imposibilidad para entrar en el Reino de Dios (vs. 23 y 25), como es imposible que un camello atraviese el ojo de una aguja.
  • Para entender y pertenecer al Reino de Dios, al proyecto de Dios sobre los humanos, el rico debe compartir sus bienes con los pobres. Así comprenderá la enseñanza fundamental y el espíritu de Jesús, que entregó su vida para bien de todos, necesitados de la salvación. Siendo rico se hizo pobre por ustedes (2 Cor 8, 9).

    3. Todo aquel que haya dejado... por mí y por el Evangelio (v. 29)
     
  • La plenitud de vida que ofrece Jesús tiene un precio: renuncia a los bienes que agarrotan el corazón y lo insensibilizan ante el dolor del pobre. El Evangelio nos enseña a compartir, no a acaparar.
  • Jesús es exigente en la renuncia y en la entrega a cambio de la felicidad. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5, 3).
  • Jesús pide a sus discípulos tres renuncias fundamentales:
    - los bienes: todo aquel que haya dejado casa o tierras...
    - familia: hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o tierras por mí y por la buena noticia… (v. 29);
    - uno mismo: incluso a sí mismo (Lc 14, 26).
  • El premio que ofrece Jesús es: el ser discípulo, entrar en el Reino. Recibirá en el tiempo presente cien veces más... y en el futuro la vida eterna (Mc 10, 30).
  • La comunidad de Jesús es horizontal no vertical. Uno solo es el Padre y Él es el fundamento de la fraternidad. El que quiera ponerse por encima del otro está rompiendo la fraternidad. El que lo deja todo por el Evangelio, recibirá todo multiplicado en la fraternidad. El Señor me dio hermanos, decía agradecido Francisco de Asís.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Jesús me pide hoy y siempre renunciar... para poseer. Cuanto menos, más. Cuanto menos sean un bien absoluto en mi vida: los bienes materiales, la familia y yo mismo, más presente estará el Señor en mi vida. Porque Él es la Bondad total. Sólo Dios es bueno (v. 18).
  • El Padre me llama a experimentar la felicidad y la paz. Que Él sea mi Bien total y mi felicidad completa.


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)
     
  • Jesús, hoy me miras a mí con ojos de amor y de compasión. De amor, porque todo tu corazón está latiendo al compás del mío. De compasión, porque este corazón está apegado a cosas que no me dan la felicidad.
  • Lo sé. Me llamas a un mayor desprendimiento. Porque Tú eres el reflejo total del Padre, que es la suma Bondad...
  • Cada día me encuentro ante este drama. Por un lado, tu invitación amorosa, insistente, pero respetuosa, a entregarme totalmente a Ti. y, por otro, mi pereza y mi falta de decisión. Estoy seguro de que, al fin, quien lo podrá hacer todo en mí eres Tú, es tu gran Amor.


    5. CONTEMPLA
     
  • Al Padre, que me ama y diseñó un proyecto maravilloso para mí.
  • A Jesús, que sigue buscándome, invitándome y animándome a la entrega total.
  • Al Espíritu, que me incentiva con su fuego a seguir la invitación de Jesús.


    6. ACTÚA
     
  • Cada día, en el ofertorio de la Eucaristía, ofreceré al Señor todo lo que soy y todo lo que tengo, para que Él me transforme en ofrenda permanente (Plegaria eucarística 3).
  • Repetiré como Francisco de Asís: Tú eres el Bien, todo Bien, sumo Bien, Señor Dios, vivo y verdadero.




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  • P. Martín Irure










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