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Lectio Divina

Lectio Divina. 30o Domingo del Tiempo Ordinario
Oración con el Evangelio. Ciclo B.


Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el 30o. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



    ____________________________________



    Marcos 10, 46-52


    1. INVOCA

  • El Señor te va a dirigir su Palabra. Éste es un momento importante para tu vida. Prepara tu ánimo para la escucha: Habla, Señor, que tu siervo(a) escucha.
  • Orar es: descubrir que la Palabra siempre es nueva, porque te hace ver a Dios de otro modo. Con la Palabra podemos comenzar siempre un día nuevo, una ocasión diferente.
  • Orar es: aprender a mirar las cosas, la realidad, desde los ojos de Dios.
  • Orar es: convertir cada minuto en historia de salvación, que realiza el Señor en mi vida.
  • Orar es: crecer un poco más en la amistad e interioridad con el Padre, en Jesús, en el fuego del Espíritu.
  • Me abro al Espíritu para que Él mismo me impulse a comprender y vivir la Palabra.
  • Invocamos al Espíritu con el canto: Veni, Sancte Spiritus:

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mc 10, 46-52 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • Este relato está redactado por Marcos con toda intención. Los discípulos no comprenden el mensaje y vocación de Jesús, camino de Jerusalén, donde se va a realizar su entrega total.
  • Los discípulos necesitan una iluminación especial para comprender los gestos y palabras de Jesús.
  • Y la curación del ciego es un símbolo de la otra visión de fe que todo discípulo de Jesús ha de tener para captar la sabiduría de la cruz. Y, al mismo tiempo, es una severa crítica para todos aquellos que no quieren ver la profundidad de la entrega generosa de Jesús.

    Texto

    1. Al borde del camino (v. 46)

     
  • Ciego y mendigo, Bartimeo es el que busca ansiosamente la vista para sus ojos, la visión de las cosas. Y grita: ¡Hijo de David...!
  • Reconoce así que aquel Jesús, cuyo misterio profundo no han captado los discípulos, es el Mesías anunciado por los profetas.
  • Y después de reconocer a Jesús como Mesías, confía en Él totalmente para obtener la visión. ¡Ten compasión de mí!
  • No le hacen callar los reproches de la gente. Porque, ¡no puede dejar pasar aquella única ocasión en su vida de encontrarse con el Mesías!
  • Bartimeo, antes de encontrarse con Jesús, es el símbolo de todos los que caminan por la vida sin visión de la realidad, sin mirar más adentro y más allá de la historia, de los que no descubren la presencia de Dios en sus vidas ni en los signos de los tiempos, y están envueltos en oscuridad y amargura.

    2. ¿Qué quieres que haga por ti? (v. 51).
     
  • Es la misma pregunta que hizo Jesús a los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan (Mc 10, 36). Es la compasión de Jesús que se hace propuesta y pregunta, esperando la respuesta del interesado. Jesús no impone, sino que suscita la súplica del enfermo y del necesitado para poder intervenir en su favor. Jesús viene a revelarnos el amor del Padre. Él lo ofrece todo. Y, por eso, quiere despertar el deseo, el anhelo y la petición del que sufre.
  • El discípulo que busca ha de tener claridad en lo que pide. El ciego no pide una limosna. Busca la visión. Con la luz en sus ojos, podrá enfrentar y solucionar otros problemas. Con la iluminación de la fe, el discípulo podrá y deberá ir descubriendo lo qué le pide el Señor. Porque Dios no lo da todo. Cada uno ha de poner lo que está de su parte.

    3. Tu fe te ha salvado (v. 52)
     
  • Marcos describe gráficamente la respuesta de Bartimeo: Arrojando su manto, se levantó rápidamente y se acercó a Jesús (v. 50). Estas frases reflejan la prontitud de la respuesta del ciego que busca con toda ansiedad su curación.
  • Todos estos gestos corporales son la consecuencia y el signo de la fe que Bartimeo tiene puesta en Jesús. Y para nosotros, es todo un símbolo y modelo de cómo, desde nuestra indigencia, hemos de gritar al Señor, que siempre está atento a nuestras necesidades y súplicas.
  • Hay que arrojar decididamente lo que nos impide encontrarnos con Él. Hay que dar saltos de energía y de valor para dejar a un lado todo lo que no nos deja entregarnos y seguir a Jesús. Y, sobre todo, hay que confiar totalmente en Él. La confianza en Él es el mayor milagro que nos puede sanar.
  • Y al momento recuperó la vista y lo seguía por el camino (v. 52). Jesús no sólo da la salud. Nos invita a seguirle en su camino de muerte y glorificación, a hacernos discípulos suyos, a ir con Él adondequiera que vaya.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Este ciego de Jericó es el reflejo de mi vida. ¡Cuántas veces me veo al borde del camino verdadero de salvación, del encuentro con el Señor! ¡Cuántas veces ando desviado, por caminos equivocados! ¡Cuántas veces me siento triste porque estoy envuelto en oscuridad, sin luz, desanimado, sin fuerzas! ¡Cuántas veces carezco de ánimos para abandonar los vicios que me tienen sujeto a una situación dolorosa! ¡Cuántas veces dejo pasar, sin darme cuenta, a Jesús que me ofrece su sanación y su vida!
  • Voy a intentar dejar el manto de mis debilidades. Voy a dar un salto enérgico para desprenderme de mis posturas rutinarias, mediocres! Voy a pedirle a Jesús: ¡Señor, que vea! Y así le seguiré por el camino hasta llegar a morir con Él para resucitar con Él


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)
     
  • Gracias, Jesús, porque pasas continuamente junto a mí, para invitarme a suplicarte mi sanación y para seguir tus huellas.
  • Gracias, Jesús, porque me das la fuerza para romper con mis ataduras de pecado y de esclavitudes.
  • Gracias, Jesús, porque siempre eres para mí la Luz, para no caminar en tinieblas.


    5. CONTEMPLA
     
  • Como Bartimeo, contemplo, sobre todo, a Jesús, que viene, me mira y me pregunta: ¿Qué quieres que haga por ti?
  • Me miro a mí mismo, necesitado, tentado, desilusionado, pero, al mismo tiempo, con gozo en el corazón porque Jesús quiere sanarme y que le siga por el camino hacia la resurrección.


    6.ACTÚA
     
  • Me sentiré necesitado de la salvación que Jesús me ofrece gratuitamente.
  • Le diré con confianza a Jesús: ¡Señor, que vea! ¡Que tu Luz nos haga ver la luz! (Sal 36, (35), 10).









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  • P. Martín Irure










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