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Lectio Divina

Lectio Divina. 2o. Domingo Después de Navidad.
Oración con el Evangelio. Ciclo B.


Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



Jn 1, 1-18


1. INVOCA



  • Dedica este tiempo de oración al diálogo con el Señor. Él te invita a estar con Él, a escuchar su Palabra, su mensaje.
  • Es lo más importante que puedes realizar en este rato. Haz el silencio exterior, evitando los ruidos, y el silencio interior, dejando a un lado tus planes para después.
  • El Espíritu es el inspirador fiel de la Palabra y el animador para llevarla a la vida.
  • Invócale: Veni, Sancte Spiritus.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Jn 1, 1-18) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • Leemos el prólogo al Evangelio de Juan. Era un himno que algún cristiano anónimo había compuesto y que expresa la fe de la comunidad joanea de los primeros tiempos del cristianismo.
  • El autor hace profesión de fe en Jesucristo como Palabra eterna de Dios. Reconoce el autor que por esta Palabra fueron creados todos los seres.
  • El autor del cuarto Evangelio, al incorporar a su obra este himno, introdujo varias modificaciones. Entre ellas, podemos señalar:
    - vs. 6-9 y 15. Con esto, pretende el autor responder a los discípulos de Juan Bautista, que hacia finales del siglo I, todavía pensaban que Juan Bautista era el Mesías.
    - vs. 14, 17 y 18, para afirmar la condición humana de la Palabra. Con esto quería el autor refutar el pensamiento de algunos que afirmaban que Jesús no tuvo un cuerpo humano verdadero.

    1. Al principio ya existía la palabra (v. 1)
     
  • Este Jesús, que nace en Belén en pobreza y en silencio, es la misma Palabra eterna pronunciada desde siempre en la intimidad de Dios.
  • Éste Infante es la Palabra, la expresión definitiva y total de Dios. En este Infante (“infante” significa que no puede hablar) está la plenitud de la comunicación de Dios a la humanidad. Todo lo ha expresado el Padre por medio de la Palabra humanizada.
  • El que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría un agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra cosa o novedad. Porque le podría responder Dios de esta manera: `Si te tengo ya hablado todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra cosa que te pueda revelar o responder que sea más que eso, pon los ojos en él; porque en él te lo tengo puesto todo y dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas (San Juan de la Cruz, Subida al monte Carmelo, Liturgia de las Horas, Oficio de lectura, lunes II de Adviento).
  • Jesús es la única y total Palabra que el Padre nos ha trasmitido. Por la Palabra fueron hechos todos los seres. Por esta Palabra, hecha carne, se va a realizar la nueva creación, la nueva y eterna Alianza, con el Hombre nuevo, en el nuevo Pueblo de Dios. Esta Palabra es la definitiva. No dirá Dios otra Palabra que no sea Jesús, nacido de María Virgen.
  • Para los creyentes, no hay otra norma de vida que la Palabra que es Jesús. Viéndole a Él, tendremos la respuesta a nuestras preguntas. Contemplando su conducta, sabremos cómo tenemos que comportarnos. Su entrega hasta darlo todo por amor es la ley suprema de su estilo de vida.
  • La Palabra, por medio de la cual, fueron creados todos los seres, en estos últimos tiempos de la historia, es la que está re-creando todas las cosas, para ir gestando los cielos nuevos y la tierra nueva, donde reine la justicia (2 Pe 3, 13). Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud (Jn 10, 10).

    2. La Palabra se hizo carne (v. 14)
     
  • Jesús es el perfecto Revelador del Padre. Y lo hace desde nuestra realidad humana. En sus palabras, signos, gestos, conducta. Jesús se hace visible. Y se mete en lo más hondo de nuestra pobreza y limitación. No viene como Mesías poderoso, milagrero. Llega como Niño desvalidos, desprotegido, desconocido.
  • Este es el gran misterio de la nueva creación. Dios, al crear los seres, también creó al ser humano. En aquel tiempo, el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre fue un ser viviente (Gn 2, 7).
  • En los tiempos definitivos, Dios se hace carne y cuerpo humanos. Ya, podemos decir, Dios se re-crea a imagen y semejanza del hombre. Para vivir en total cercanía y sintonía con el hombre, necesitado, tentado, difamado, escarnecido y asesinado. Jesús viene para manifestar la gloria de Dios en la pequeñez de su condición humana.
  • Buscamos a Dios en los cielos, en los templos, en los prodigios. Pero, Dios aparece en lugares donde la religión no le busca. Sólo la fe puede captar toda la grandeza de un Dios, humanizado y empobrecido, despojado de su grandeza, junto a una mujer y a un hombre sencillos campesinos, manifestándose a unos olvidados pastores.
  • Así, en Jesús, bebé e infante mudo, habitó entre nosotros (Jn 1, 14). Se nos ha manifestado la gloria de Dios, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad (Jn 1, 14). Para hacer que el hombre tenga vida en abundancia. Y para llevar a cabo el proyecto de Dios: salvar a todos los humanos. La gloria de Dios es que el hombre viva y la vida del hombre es la gloria de Dios (San Ireneo).
  • El gran misterio de la encarnación es que Dios tomo en Jesús la carne humana, a fin de que toda carne humana pudiera revestirse de la vida divina (H. J. M. Nouwen).


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Toma conciencia del gran amor con que te ama el Padre al entregarte a su Hijo Jesús como Hermano, compañero de tu vida, amigo siempre.
  • Agradece a Jesús su opción por ser humano. Como Dios, todo lo tenía, era perfecto. Sin embargo, quiso hacerse como uno de nosotros. Porque era Hijo, aprendió sufriendo a obedecer (Heb 5, 8).
  • La Palabra es también nuestra palabra. Con nuestras palabras, santificadas por la Palabra, ya tenemos total acceso al Padre. ¡Gracias, Palabra encarnada!


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)
     
  • Gracias, Padre, porque nos has enviado lo mejor de Ti en tu Hijo Jesús, nuestro Hermano.
  • Gracias, Jesús, por habitar entre y con nosotros. Tú eres el Dios-con- nosotros (Emmanuel).
  • Gracias, Espíritu, porque hiciste posible que el Verbo se hiciera humano.
  • Gracias, María, Madre de la Palabra, porque ofreciste todo tu ser para que Dios se hiciera totalmente cercano en Jesús tu Hijo.


    5. CONTEMPLA
     
  • Al Señor presente siempre en nuestro mundo. Abre los ojos y los oídos de la fe para descubrir la presencia viva de la Palabra.


    6. ACTÚA
     
  • Repite: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
  • Con esta frase podemos recitar el salmo 147: Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión.






  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Martín Irure






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