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Lectio Divina

Lectio Divina. 16o Domingo del Tiempo Ordinario
Oración con el Evangelio. Ciclo B.


Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el 16o. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



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    Marcos 6, 30-34

    1. INVOCA

  • Vas a comenzar este rato de oración, de diálogo con el Señor. Trata de concentrarte todo lo posible, porque es un tiempo privilegiado, en el que vas a escuchar la Palabra y vas a responder a ella.
  • Recuerda que la verdadera experiencia de oración lleva consigo una capacidad de enriquecimiento personal para el que ora.
  • La oración no nace de ninguna mente humana, sino del querer divino, pues Él quiere darse a conocer a los humanos.
  • En la oración se purifican todas las limitaciones e imperfecciones.
  • El Espíritu, que es el Amor del Padre y del Hijo, viene en tu ayuda. Invócale. Ábrete a su inspiración, a su fuego y a su impulso.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mc 6, 30-34 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • Los discípulos regresan de su experiencia misionera. Nos podemos imaginar que se juntan con el Maestro llenos de alegría, por las obras extraordinarias que, en el nombre de Jesús, habían realizado. Así aparece en el texto paralelo de Lc 9, 10-17.
  • Jesús los reúne como amigos y les invita a descansar.

    Texto

    1. Vengan… a descansar un poco (v. 31)

     
  • Jesús, llevado de su amistad con los discípulos, los invita a descansar. Sin duda, que tal descanso, en un lugar deshabitado, implicaba entrar en un retiro de oración. Como el mismo Jesús lo hacía repetidamente.
  • Después de la actividad absorbente, es necesario hacer una pausa para evaluar los resultados de la entrega a la tarea apostólica. Y esa evaluación, ¿qué mejor que hacerla en grupo, con la presencia y orientación del Maestro, y en clima de sinceridad y de oración?
  • La tarea apostólica no se fundamenta en técnicas humanas, sino en la comunicación constante con el Señor, que es la fuente y la cumbre, de la que brotan y a la que se dirigen la predicación del Evangelio y la lucha contra el mal.
  • El misionero necesariamente ha de encontrarse con el Señor en todo tiempo. Y el descanso está en “contar” las experiencias apostólicas, en diálogo sincero y orante, a Aquel que los envía.

    2. Como ovejas sin pastor (v. 34)
     
  • Jesús se ve precisado por la gente que le busca, hambrienta de la Palabra y hambrienta también del pan material.
  • Jesús no les deja desamparados. Sintió compasión de ellos (v. 34). El ver a la multitud desprotegida es suficiente razón para atender y ponerse a enseñar. Es la urgencia de un pueblo, que está marginado y que busca con todo anhelo las enseñanzas del Maestro. No se puede dejar olvidados a tantos hambrientos de la Palabra auténtica.
  • En tiempos de Jesús, el pueblo sencillo era despreciado por los maestros de la Ley, por los jefes políticos y religiosos. Era declarado “impuro” e indigno de escuchar las enseñanzas sobre la Alianza y los mandamientos.
  • Jesús, movido a compasión, los atiende y se puso a enseñarles muchas cosas (v. 34).
  • Es la señal evidente de que el Evangelio va dirigido a los sencillos. Y es la razón suficiente por la que la Iglesia de hoy ha de estar con la gente popular, la gente marginada. ¡Cuántos políticos se acuerdan de los pobres solamente en tiempos de campaña electoral y “compran” el voto y su dignidad con una despensa o cualquier promesa, que jamás se cumplirá!
  • Una comunidad cristiana que no es del pueblo, no es la comunidad de Jesús. La Iglesia que no sirve, no sirve para nada.
  • El testimonio de los cristianos que atienden a los marginados y pobres de hoy es necesario para hacer “creíble” el Evangelio. Recordemos el gran testimonio de la Madre Teresa de Calcuta.
  • La fuente de toda esta actividad caritativa y misionera brota del Amor del que debe estar lleno el evangelizador. Como Jesús, el Testigo fiel (Ap 1, 5), que se deja llevar de la compasión. Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, y se puso a enseñarles muchas cosas (v. 34).
  • Jesús atiende a la multitud en su necesidad espiritual y material, alimentándola con la Palabra y con el pan multiplicado milagrosamente.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • De este relato puedo fácilmente extraer varias enseñanzas para mí crecimiento y para mi tarea como evangelizador.
  • Jesús me enseña que:
    - la relación con Dios en la oración es totalmente necesaria para evangelizar. No se puede ser pregonero de la Palabra, si no se intenta vivirla.
    - hay que buscar tiempos de “descanso”, no sólo corporal, sino también encontrar espacios de retiro y oración para confrontar la conducta (valores, criterios, actitudes y actividades…) con la Palabra de Dios.
    - en diálogo de amistad y sinceridad con los hermanos, que sienten la misma vocación de evangelizadores y misioneros.
  • Intento revisar, a la luz de este texto evangélico, mi vocación y dedicación como colaborador de la obra misionera de Jesús.


    4. ORA (Qué le respondo a la Palabra)
     
  • Señor, te agradezco porque me has elegido para ser tu apóstol, al servicio de la Buena Noticia del Reino. Pero, al mismo tiempo, siento mi pequeñez y desánimo para acometer esta empresa con todo entusiasmo y entrega.
  • Ten compasión de mí, Jesús, y haz que yo pueda responder a tu llamada, con mi pequeña parte, como lo hicieron tus discípulos primeros.


    5. CONTEMPLA
     
  • A Jesús, totalmente entregado al bien de la multitud desamparada y olvidada.
  • A muchos misioneros en la historia de la Iglesia, que dedicaron toda su vida a la predicación de la Palabra y al servicio de los pobres.
  • A ti mismo, que quieres seguir tales ejemplos y testimonios. Y que te sientes débil y necesitado.


    6. ACTÚA
     
  • Trataré de reencontrame a mí mismo, en mi vocación de cristiano y de misionero.
  • Recitaré muchas veces: El Señor es mi Pastor, nada me falta (Sal 23 (22).







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  • P. Martín Irure









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