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Lectio Divina

Lectio Divina. 6o Domingo de Pascua.
Oración con el Evangelio. Ciclo B.


Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el VI Domingo de Pascua Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



    ____________________________________

    Juan 15, 9-17

    1. INVOCA

  • Orar es: conocer a Dios en el Espíritu, que se hace en cada uno gozo para los hermanos.
  • Orar es: conocer al Dios fraterno. Orar para ser hermano. Orar para que el Espíritu de Dios Hermano modele nuestro corazón en sencillez y transparencia.
  • En la oración voy conociendo quién es Dios para mí: Padre, Hermano, Aliento, Vida...
  • El Espíritu nos enseña a orar, a profundizar en el Dios que es Amor.
  • Nos dejamos inundar por ese oleaje de Amor, que el Espíritu nos regala, enviado por el Padre y Jesús.
  • Nos abrimos al soplo de amor del Espíritu. Le invocamos cantando: Veni, Sancte Spiritus:

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Jn 15, 9-17) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • Seguimos leyendo las palabras de Jesús que dirigió a sus discípulos en la Última Cena.
  • En el Evangelio del domingo pasado (Jn 15, 1-8), Jesús había expuesto, con la alegoría de la vida, lo que hoy lo dice con otras palabras. Nos descubre el secreto más íntimo que le movió a Jesús en toda su vida: el amor.

    Texto

    1. Como el Padre me ama así les amo yo a ustedes (v. 9)

     
  • Es el gran círculo del amor. El Padre ama al Hijo y éste nos ama. Todo comienza en lo más profundo del misterio de Dios. Del Padre es la iniciativa, al enviarnos gratuitamente a su Hijo.
  • Así les amo yo a ustedes. Jesús nos regala el amor que él mismo experimenta. El amor divino ya tiene para nosotros rostro y palabras humanas en Jesús. Y su amor es total, hasta el extremo de dar su vida por nosotros.
  • Permanezcan en mi amor. El amor, para muchos, consiste en la relación entre unos y otros. El discípulo de Jesús sabe y experimenta que el amor proviene de Dios. Él es la fuente, el manantial inagotable del amor. Por eso, no hay amor auténtico entre las personas, si no hay vivencia del amor que Dios nos regala.

    2. Mi mandamiento es éste: Ámense los unos a los otros como yo los he amado (v. 12)
     
  • La palabra y el contenido del amor queda devaluado con frecuencia en el trato humano. Se confunde amor con placer. Jesús nos da la verdadera prueba de que su amor es legítimo. Y esta prueba es su entrega hasta la muerte. Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único (Jn 3, 16).
  • Dios es amor (1 Jn 4, 8; 2ª lectura de este domingo). ¡Ésta es la gran definición de Dios! El Señor nos revela que es amor a través de la gran obra que realiza al enviarnos a su Hijo para nuestra salvación.
  • Dios nos ha manifestado el gran amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él (1 Jn 4, 9; 2ª lectura de este domingo).
  • El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero (1 Jn 4, 10; 2ª lectura de este domingo).
  • Comprendemos el mandamiento único de Jesús de “amarnos unos a otros”, cuando experimentamos que lo primero es su Amor entregado a nosotros. Para poder amar, tenemos que dejarnos amar por el mismo Dios. Y la respuesta a ese amor son nuestras obras.
  • Si no hay amor no hay vida, no hay experiencia de la vida íntima de Dios.

    3. Para que participen en mi alegría (v. 11)

    • La verdadera alegría, como el auténtico amor, no se encuentra sino en Dios, en la vida íntima que nos trasmite Jesús el Hijo.
    • Los humanos queremos encontrar la alegría en la abundancia de cosas. Nuestra alegría es frágil y pequeña. Por eso, Jesús, conociendo nuestro modo de ser, nos ofrece su alegría, que brota de sentirse amado por la Trinidad.
    • La vida cristiana no hay que entenderla como una carga pesada de: mandamientos, preceptos, devociones, obligaciones, mortificaciones, prohibiciones. Todo lo contrario. Es camino de liberación de tanta cosa que nos roba la verdadera alegría: dinero, complejos, miedos, egoísmo... Sólo en Jesús encontramos la auténtica alegría.

    4. Les elegí... para que den fruto (v. 16)
     
  • Éste es el deseo de Jesús: lo que hemos recibido gratuitamente, el tesoro que hemos recibido lo hemos de compartir con los demás. Gratis lo han recibido, entréguenlo también gratis (Mt 10, 8).
  • El cristiano debe anunciar, con su testimonio de vida el gozo, que experimenta por dejarse amar del Señor en Jesús.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Experimenta en ti mismo el gran amor que Dios te tiene. Siéntete invadido por ese océano que viene desde la intimidad de Dios.
  • Recuerda la bonita definición de la Trinidad, que la dijo san Agustín: El Padre es el Amante, el Hijo es el Amado, el Espíritu Santo es el Amor.
  • Tú estás sumergido en ese circuito del Amor que va del Padre al Hijo y que llega hasta ti, por el don del Espíritu, que es el Amor.
  • En consecuencia: Ama y haz lo que quieras (San Agustín).
  • ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Porque estoy seguro de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni otras fuerzas sobrenaturales, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes de cualquier clase, ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro (Rom 8, 35-39).


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)
     
  • Gracias, Jesús, por el Amor que en mí has sembrado. Gracias, porque me siento hermano tuyo, y me has dado la mayor prueba de que me amas: el haberte entregado a la muerte por mí.
  • Gracias, Padre, porque pensaste en mí con tu gran amor antes de la creación del mundo.
  • Gracias, Espíritu. Tú eres el amor vivo, injertado en mi vida. Y Tú mueves mis pasos para que trasmita ese amor a mis hermanos.


    5. CONTEMPLA
     
  • A toda la Trinidad, en ese circuito de vida entre los Tres divinos, que es el Amor.
  • A Jesús que viene a la tierra con su mejor regalo: el Amor.
  • A Jesús que nos recomienda vivir y trasmitir el Amor.
  • Al Espíritu que llega hasta ti para decirte las palabras del Padre: Tú eres mi hijo predilecto.


    6. ACTÚA
     
  • Agradece al Señor el Amor recibido. Y en momentos difíciles, experimenta ese infinito Amor con que te envuelve la Trinidad.
  • Escucha con frecuencia en tu interior: ¡Permanece en mi amor!







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  • P. Martín Irure









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