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Lectio Divina

23o Domingo del Tiempo Ordinario
Oración con el Evangelio. Ciclo B.


Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el 23o. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



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    Marcos 7, 31-37


    1. INVOCA

  • Orar es: entrar con Dios en la apasionante aventura de la fidelidad de cada persona a sí misma. La oración exige pureza, sinceridad y transparencia en la interioridad del orante.
  • Orar es: pensar que todo cuanto en mí no soy yo, me estorba para el abrazo con Dios. Hay que recorrer un largo camino de despojo para llegar a esa transparencia de uno mismo con el Señor.
  • Que mi oración, Padre, sea un exponente siempre de los rayos de tu Pureza, para que esos rayos de tu verdad purifiquen mi conciencia y hagan radiante mi corazón.
  • Hoy quiero sentir el gozo de ser todavía impuro (¿hasta cuándo, Señor?), a fin de que tu Amor me purifique.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mc 7, 31-37 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • El texto evangélico de este domingo se ubica en un ambiente de rechazo de los fariseos al mensaje de Jesús. Como lo vimos en el evangelio del domingo pasado. Los fariseos y escribas se quedan con las prácticas superficiales de la religión.
  • Jesús cura a un sordomudo en tierra de paganos. (La Decápolis - diez ciudades - quedaba al este del lago de Tiberíades). Abre los oídos y la lengua de aquel pagano para la escucha de la Palabra y para la alabanza a Dios por el signo realizado.
  • Los paganos son los que reconocen la presencia del Mesías.

    Texto

    1. Le llevaron a un hombre que era mudo y apenas podía hablar (v. 32)

     
  • La sordera y la mudez, en ese tiempo, eran consideradas como un castigo. El que sufría tal enfermedad era considerado como un pecador. El sordomudo no conoce la Ley.
  • Jesús se acerca a este “pecador” para devolverle la salud corporal y espiritual. Jesús no conoce fronteras ni geográficas ni personales, ni materiales ni espirituales.
  • El sordomudo es el símbolo de todos aquellos que cierran sus oídos para escuchar la Palabra y que, al no escucharla, tampoco pueden responder con su lengua al mensaje de la Palabra y proclamar la alabanza al Señor.
  • Así podemos contemplar hoy a tantos sordos, que no escuchan la Palabra. O que, escuchándola con los oídos externos, no la interiorizan y no se dejan impactar por ella.
  • El diálogo con Dios y con el prójimo está roto cuando la Palabra no es escuchada, cuando no permitimos que la Palabra transforme nuestro interior, para que la lengua se desate en armonía y comunicación con el Creador y con los humanos.
  • El sordomudo se dejó conducir por sus amigos, que le querían bien. Los amigos suplican a Jesús por el sordomudo. ¡Qué bueno es tener amigos/as que nos lleven hasta Jesús y nos introduzcan en su ámbito de amistad, de sanación y de vida!

    2. Jesús lo apartó de la gente... (v. 33)
     
  • Marcos describe los gestos que Jesús hace con el sordomudo:
    - lo aparta de la gente;
    - quedan los dos solos;
    - mete los dedos en los oídos;
    - le toca la lengua;
    - levanta los ojos al cielo,
    - suspira,
    - exclama: Effattha (ábrete).
  • Gestos concretos y significativos:
    - Apartarse de la gente. Para comunicarse con el Señor hace falta dejar a un lado las ocupaciones y preocupaciones.
    - A solas con Dios. Para encontrarnos cara a cara con Él que tiene y ofrece la vida.
    - Dejarse "tocar" espiritualmente, en comunicación total con el Médico divino. Dejar que el Médico divino remueva todas las resistencias a la Palabra y a la nueva vida.
    - Todas las acciones las realiza Jesús. Él tiene la iniciativa. De Él brota la totalidad de la salud;
    - El paciente acoge, espera, recibe, se abre a la acción curativa de Jesús.
    - El milagro se realiza cuando el Señor interviene y hay una respuesta, aunque sea limitada por nuestra parte.
  • Marcos nos describe en estas breves pinceladas todo el proceso de sanación espiritual, hasta llegar a quedar fascinados y maravillados por la acción del Señor.

    3. Effata (ábrete) (v. 34)
     
  • La fuerza de la Palabra se manifiesta en este relato: los oídos quedan abiertos, la lengua se suelta y el que hace un instante no podía ni oír ni hablar, recupera el lenguaje normal de toda persona.
  • Quien se acerca a Jesús con fe, experimentará que todas las trabas (pereza, sensualidad, apatía, indiferencia, miedo, complejos, pecado...), ¡todo! se derrumba ante la acción poderosa y eficaz de la Palabra.

    4. Todo lo ha hecho bien (v. 37)
     
  • Tremendamente admirados decían: Todo lo ha hecho bien.
  • De la acción milagrosa del Señor hacia nosotros ha de brotar: la contemplación, la admiración, la fascinación por las maravillas que el Señor realiza en nuestro favor.
  • Con frecuencia, el mejor remedio para salir de nuestras limitaciones, es reconocer nuestra pequeñez, confiar totalmente en la fuerza liberadora del Señor, entregarnos totalmente a Él, tal como somos y alabarle porque es nuestro Padre, que nos ama siempre.
  • En Jesús, enviado e Hijo predilecto, experimentamos el amor que el Padre nos regala.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Seguramente que de la reflexión anterior de la Palabra, te deja puntos importantes para tu vida. El Señor se acerca a ti con amor, para “tocar” tus lados oscuros y llenarte de su salvación. ¡Agradécele!


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)
     
  • Quédate fascinado y agradecido por todo lo que el Señor realiza a tu favor.


    5. CONTEMPLA
     
  • Contempla los gestos y palabra de Jesús. Hoy eso mismo está haciendo contigo.


    6. ACTÚA
     
  • No te dejes sorprender por el desánimo en este camino de encuentro con Él.
  • Si sientes tu limitación, exclama como Pablo: Todo lo puedo en Cristo que me da la fuerza (Flp 4, 12). Cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte (2 Cor 12, 10).








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  • P. Martín Irure








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