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Lectio Divina

Lectio Divina. 8o Domingo del Tiempo Ordinario
Oración con el Evangelio. Ciclo B.


Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



Mc 2, 18-22


1. INVOCA



  • El Señor desea establecer una comunión contigo. Así nos recuerda el profeta Oseas en la primera lectura de este domingo (Os 2, 16; 17, 21-22). El Señor viene a celebrar un desposorio con su Iglesia y con cada uno de los bautizados.
  • Éste es uno de los momentos adecuados para entrar en ese diálogo de amistad (de enamorados) con el Señor, que nos presenta lo positivo de la relación con Él.
  • Entremos en el desierto de la oración, lugar de manifestación de nuestro Padre, con cada uno de nosotros: Yo la seduciré; la llevaré al desierto y le hablaré al corazón (Os 2, 16).
  • Entremos con ánimo y alegría en este diálogo amoroso que el Señor quiere establecer con nosotros. Su Espíritu está listo para inspirarnos, animarnos y desposarnos con la Trinidad. Le invocamos: Veni, Sancte Spiritus.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mc 2, 18-22 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto litúrgico

     
  • Los domingos del Tiempo Ordinario quedan interrumpidos por la Cuaresma a partir de este domingo. De nuevo los reiniciaremos pasadas las fiestas de Pascua y Pentecostés.

    Texto
     
  • Las polémicas entre los fariseos y Jesús se centran en este texto por el tema del ayuno. Los discípulos de Juan Bautista y de los fariseos eran muy estrictos en cumplir esta práctica de religiosidad. Por eso, se escandalizan de que Jesús sea tan amplio al no obligar a sus discípulos a las prácticas prescritas sobre el ayuno.

    1. ¿Por qué tus discípulos no ayunan? (v. 18)
     
  • Detrás de esta pregunta se esconde el estilo de Jesús respecto a las prácticas religiosas, como el ayuno (en este caso), la oración, la limosna, las purificaciones, el descanso sabático, comer con los pecadores, relaciones con los leprosos, etc...En todos estos puntos es criticado Jesús, pues sus palabras y sus gestos eran muy diferentes de los propuestos por los fariseos y maestros de la ley.
  • El estilo de Jesús va por una moral más liberadora, alegre, amplia. Jesús propone a sus seguidores la moral del Reino, que Él lleva a su plenitud. El banquete de bodas es la imagen que Jesús describe para subrayar la alegría, la comunicación, la alegría con la que deben vivir sus seguidores el Evangelio.
  • Por sus actuaciones, Jesús es difamado como comilón y borracho y amigo de los pecadores (Lc 7, 34). Pero, Él quiere presentar otro modo de relacionarse con Dios y con los humanos: cercano, fraterno, festivo, de servicio, de amor.

    2. ¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda...? (v. 19)
     
  • Hasta este capítulo, Marcos nos presenta a Jesús en relación de servicio, sanación y perdón de los pecados de los marginados que se acercaban a Él. En este texto, Marcos nos describe la razón profunda de por qué Jesús se comporta así.
  • El Reino de Dios, que Jesús viene a establecer plenamente, es otro modo radicalmente diferente de entender y vivir el mensaje de Jesús. En la más pura línea de algunos profetas (entre ellos, Oseas), Jesús habla de: banquete de bodas, de la presencia del novio (esposo) entre ellos, de alegría, de tela nueva y vino nuevos.
  • Jesús no viene a invitarnos a la tristeza. Viene a que desaparezca de nosotros todo rastro de inquietud, amargura, complejos. Viene a invitarnos a la vida. No a un funeral. Viene para que vivamos en su mismo ámbito, estilo y actitud. Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tenga en plenitud (Jn 10, 10).

    3. A vino nuevo, odres nuevos (v. 22)
     
  • Las viejas instituciones judías no pueden entender ni contener el vino espléndido y generoso que nos ofrece Jesús. No bastan los remiendos o parches. El cambio ha de ser total. Es necesario romper con muchas mentalidades religiosas que siguen aferradas a las tradiciones más obsoletas y caducas.
  • Jesús no ha venido a remendar el judaísmo. Lo que Él nos trae no encaja en aquellas leyes e interpretaciones de los maestros de la ley. Es algo totalmente nuevo y diferente. En todo caso, hay que profundizar en lo fundamental que la Alianza propone: amar a Dios y al prójimo.
  • La vida cristiana es una fiesta. Seguir a Jesús es una fiesta continua. No se puede ser discípulo de Jesús a base de preceptos, prohibiciones, ritos externos, que no conducen a la conversión del corazón y de la vida.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Dios desde antiguo estableció una Alianza de amor con el pueblo de Israel. Por medio de Moisés, presentó al pueblo el mandamiento del Amor: a Dios y al prójimo. Los profetas hablan de esa Alianza matrimonial que Israel, esposa infiel, quebranta muchas veces, siguiendo y adorando a falsos dioses.
  • Jesús viene a profundizar en lo más puro de la Alianza. Y toda su actuación y palabras van en este sentido.
  • El discípulo de Jesús debe insertarse en su misma vida, que nos lleva a la comunión e intimidad con la Trinidad. Ustedes no han recibido un Espíritu que los haga esclavos, para caer de nuevo en el temor, sino que han recibido un Espíritu que los hace hijos adoptivos y nos permite clamar: `Abbá´, es decir, `Padre´ (Rom 8, 15-16).


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)
     
  • Gracias, Jesús, Palabra del Padre, por habernos descubierto nuestra vocación a la alegría y a la felicidad.
  • Gracias, Jesús, porque nos das la apertura enorme hacia una relación de libertad y de comunión con la Trinidad.
  • Quisiera desprenderme de tanta “hojarasca” que, en mi formación cristiana, he recibido, incluidas aquellas duras y erróneas enseñanzas de lo que en verdad no es el Señor. La Palabra me lo dice con toda claridad: Dios es Amor (1 Jn 4, 8 y 16), todo Amor y nada más que Amor. En el amor no hay lugar para el temor (1 Jn 4, 18).
  • Hoy quiero vivir mi vocación cristiana en una fiesta continua. Pues estar contigo, Padre, es estar ya en el cielo, en camino de plenitud, alegría y glorificación.
  • Jesús, que yo sepa responder a ese proyecto maravilloso que has preparado para mí: ser un himno de alabanza (Ef 1, 6). Haz que aprenda a vivir como Tú, Jesús, en la total libertad de los hijos de Dios. Para ser libres, Cristo nos ha liberado (Gal 5, 1).


    5. CONTEMPLA
     
  • Al Padre, que te ama con todo su amor desde antes de la creación del mundo.
  • A Jesús, compañero de camino, que te invita al banquete del Reino.
  • Al Espíritu, que pone en nuestro interior todo el ánimo para seguir a Jesús.
  • A ti mismo, con frecuencia dominado por miedos, complejos y pecados.


    6. ACTÚA
     
  • En mi conciencia, iré trabajando para vivir la fe como una invitación constante a la fiesta del Señor.
  • Ayudaré a otros hermanos a que entiendan la vida cristiana, no como un montón de preceptos y prohibiciones, sino como el único Camino para la verdadera Vida.
  • Repetiré: Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir (Jr 20, 7).







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  • P. Martín Irure









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