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Lectio Divina

Lectio Divina. Sagrada Familia.
Oración con el Evangelio. Ciclo B.


Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



Lc 2, 22-40


1. INVOCA



  • Comienzas este tiempo especial de amistad con el Señor. Es un tiempo necesario para tu vida. Por eso, tienes que poner todo el empeño, dejar a un lado las ocupaciones y preocupaciones para dialogar con el Padre, con Jesús, con el Espíritu.
  • Abre tus oídos a la Palabra, para interiorizarla y dejar que ella te transforme.
  • Invoca al Espíritu, que te ofrecerá el verdadero sentido de la Palabra.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Lc 2, 22-40 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto litúrgico

     
  • En el domingo dentro de la Octava de Navidad, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, con textos propios en la lectura de la Palabra de Dios.

    Contexto bíblico
     
  • El evangelista Lucas es quien nos describe con más detalle la infancia de Jesús.
  • El relato, que hoy leemos, de la Presentación de Jesús en el templo de Jerusalén, nos manifiesta que Él, humanizado, se somete en todo a la condición de cualquier niño judío. Y, además, por las manifestaciones del anciano Simeón y los gestos de acción de gracias de la profetisa Ana, el evangelista nos va abriendo a la otra realidad, que es Jesús, el Mesías, el que inaugura la Nueva Alianza, los nuevos tiempos de salvación.

    1. Llevaron al niño a Jerusalén para presentárselo al Señor (v. 22)
     
  • María y José, como buenos judíos, cumplen la norma de la purificación de la madre a los cuarenta días del parto, para quitar la mancha legal de su impureza. Al mismo tiempo, los judíos debían presentar y consagrar al Señor en el templo de Jerusalén al primogénito si era varón.
  • Es la ofrenda pública al Señor de este Niño, anticipo de la gran ofrenda que hará en el Calvario de sí mismo para la salvación de todos. Podemos recordar el texto de la Carta a los Hebreos 10, 5-7: Al entrar en este mundo, dice Cristo: No has querido sacrificio ni ofrenda, pero me has formado un cuerpo; no has aceptado holocaustos ni sacrificios por el pecado. Entonces yo dije: Aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad.
  • Podemos afirmar que toda la vida terrena de Jesús es un “aquí estoy”, una actitud de entrega, una ofrenda total al Padre para hacer su voluntad, su proyecto de salvación para todos los humanos. Y la Palabra de la Escritura lo va resaltando. “El hombre disponible”, ha dicho de Jesús algún teólogo.
  • María y José son los portadores de la Gran Ofrenda, que es Jesús. La vida de estos santos esposos estuvo siempre en sintonía con la voluntad de Dios.

    2. Mis ojos han visto al Salvador (v. 30)
     
  • Los dos personajes extraños que aparecen en escena, Simeón y Ana, reconocen en este Niño al Mesías esperado. Simeón, en su ancianidad, lleno de júbilo, exclama que, viendo al Salvador, ya puede morir en paz. El cántico de Simeón descubre en el Niño::
    - al Salvador de todos los pueblos;
    - a la Luz que ilumina a todas las naciones;
    - y la gloria del pueblo de Israel.
  • La promesa de salvación de Dios a su pueblo Israel, con tantos siglos de espera, se ha cumplido en este Niño, presentado en el templo. La historia de la salvación ha llegado, no sólo para el pueblo hebreo, sino para todo el mundo.
  • Ana, la profetisa, también reconoce quién es aquel Niño. Y alaba a Dios y pregona a todos que aquel Niño viene para colmar las esperanzas de Israel y liberar de los pecados a la humanidad.

    3. Signo de contradicción (v. 34)
     
  • La sombra de la cruz se perfila en el horizonte de la vida de esta Familia. Este Niño será signo de contradicción. Será causa de que unos caigan y otros se levanten en Israel. Así, vemos por los Evangelios, que Jesús fue para muchos tropiezo y piedra de escándalo para los fariseos y maestros de la Ley, pero también consuelo y ánimo para los que esperaron y confiaron en Él.
  • La cruz está en la vida de Jesús, de su Familia, y de todos aquellos que sinceramente quieran seguirle. Es más. La cruz está en la vida de cada persona, creyente o no. Pero, depende de la fe y la confianza en Dios, para que las cruces sean también, como la de Jesús, causa de salvación para sí y para otros. La ofrende sincera de la existencia, personal y familiar, conduce al sufrimiento. Pero, también desde la esperanza, mantenida y constante, en el Resucitado lleva al cristiano a la Vida verdadera y total.
  • Podemos exclamar con gozo como el anciano Simeón: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto al Salvador (vs. 29-30).


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • La Familia es la escuela de encuentro, armonía, paz, amor y esperanza para toda persona. La Familia cristiana, desde el hogar, ha de ser escuela de sintonía y encuentro permanente con la salvación que Dios nos ofrece.
  • La comunidad cristiana, la familia de la Iglesia, es el lugar de nuestra ofrenda sincera y constante al Señor. En ella crecemos, nos ayudamos y juntos alabamos al nuestro Padre en Jesús y damos testimonio de nuestra fe y alegría.


    4. ORA (Qué le respondo a la Palabra)
     
  • Gracias, Jesús, porque, al nacer y crecer Tú mismo en una Familia, también nos das el testimonio del valor de nuestras familias.
  • Gracias, Jesús, por mi familia, la Iglesia. Por ella y en ella, aprendo a amarte a Ti y a los hermanos.


    5. CONTEMPLA
     
  • A Jesús, Niño, en brazos de María, la Madre, aprendiendo a caminar y a orar.
  • A ti mismo, recordando las escenas de tu hogar, cuando tu mamá te alimentaba y te enseñaba a rezar.
  • A ti mismo, añorando las sesiones de catequesis que recibiste en la iglesia y donde aprendiste a comprender y a querer a otros compañeros.


    6. ACTÚA
     
  • Agradeceré constantemente el don de la familia natural y el don de la familia cristiana.
  • Repetiré: Mis ojos han visto a tu Salvador (v. 30).







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  • P. Martín Irure













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