Moniciones
Moniciones para el Noveno Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B
Por: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net

Tiempo Ordinario
Noveno Domingo – Ciclo B
Monición de entrada
Durante estos domingos ordinarios es bueno reflexionar sobre lo más importante de la vida: La Eucaristía. Es un misterio que no podemos comprender totalmente. Cristo es el Pan del Cielo, es nuestra fuerza en el camino hacia Dios; es Vida. En este sacramento tenemos contacto verdaderamente con Dios. Es posible por el don de la fe que el Padre nos da en nuestro bautismo y que crece con la misma Eucaristía. Estamos libres para aceptar o no a Cristo como el Señor de nuestra vida. Ahora vamos a celebrar este memorial que Cristo nos dejó para ser celebrado durante nuestra peregrinación en esta tierra. De pie, para recibir al celebrante y los ministros de esta Misa.
Primera lectura: I Re 19, 4-8 (Elías camina hasta el Horeb con la fuerza de un pan)
La primera lectura nos presenta al profeta Elías deprimido huyendo por el camino del desierto. Cansado y deseoso de morir, él recibió el alimento de Dios necesario para proseguir el camino hasta el monte de Dios. Como el profeta Elías, nosotros necesitamos fuerzas para superar el cansancio de la fe en la travesía del desierto de la vida al encuentro del Señor. Escuchemos.
Segunda lectura: Ef 4, 30-5, 2 (Vivan en el amor como Cristo los amó)
En su carta a los efesios, Pablo dice que Jesús es nuestro modelo. En concreto nos indica lo que debemos evitar: la amargura, la ira, los enfados, y toda maldad. Debemos ser buenos, comprensivos, perdonándonos unos a otros.
Tercera lectura: Jn 6, 41-51 (Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo)
Al igual que los israelitas se quejaron de Dios en el desierto, así también los judíos se quejaron de Cristo. Cristo les pidió fe; fe en Él, en su palabra. El que cree en Cristo es aquel que recibe, con fe, el pan de la palabra y el pan de la Eucaristía. Esta fe es don de Dios y por eso tenemos que pedirla y aceptarla. Antes de escuchar este profundo mensaje, cantemos el Aleluya, pónganse de pie, por favor.
Oración Universal
A cada invocación, ustedes contestarán: “Santifica, Señor, a tus hermanos”
Por la santa Iglesia de Dios: para que la unidad, la caridad mutua y el fervor reinen entre nosotros. Roguemos al Señor.
Por la humanidad: para que se acaben en el mundo las guerras, las divisiones, los odios, los recelos y las discordias, y recuperemos la esperanza en el amor. Roguemos al Señor.
Por los que conociendo el amor, sufren los frutos del egoísmo: la soledad, la opresión, el desamparo: para que encuentren en su camino quienes les comprendan y ayuden. Roguemos al Señor.
Por nosotros mismos: para que, abandonando todos los ídolos: dinero, prestigio, consumismo, primeros puestos… amemos a Dios con un corazón sincero. Roguemos al Señor.
Para que, saliendo de nuestra mediocridad, sepamos llevar a plenitud la fe recibida en el bautismo, caminando así hacia la santidad que Dios exige de nosotros. Roguemos al Señor.
Exhortación final
Te alabamos y te bendecimos, Dios de nuestros padres,
porque en la travesía azarosa del duro desierto de la vida,
nos brindas el maná y la bebida del cuerpo y la sangre de Cristo
que es el pan de vida en el sacramento de la Eucaristía.
No permitas, Señor, que nuestras viejas rutinas encadenen
la novedad sorprendente de tu Espíritu y la fuerza de tu palabra;
y ayúdanos a superar los momentos de cansancio en la fe.
Atrae hacia ti, Señor, nuestros corazones para que creamos
con estabilidad y firmeza en tu Hijo y enviado, Jesucristo,
y para que, después de seguirlo fielmente día a día,
alcancemos la vida que él nos promete para siempre.
Amén.
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 361)

Gracias a nuestros bienhechores y su generosa ayuda, hacemos posible la publicación de este artículo.
¡Dona Aquí!
















