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Moniciones para el Octavo domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B
Moniciones
Moniciones para la Misa.


Por: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net



Octavo domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo B


Monición de entrada:


Hemos de tener en cuenta que existan tantos cristianos afirmando que no van a misa porque se aburren. La misa es para ellos una “fiesta aburrida”. Y yo me pregunto ¿las personas que nos decimos cristianos llevamos en el rostro el mensaje de Cristo o una caricatura de Él? Tenemos que darnos, asimismo, cuenta que lo que caracteriza al cristiano es una vida que muestre a los demás el amor de Cristo. Porque el cristiano no es solamente el que cree, sino el que ama, el que practica las obras de Jesús, ya que las obras son siempre la verificación de la fe. Vamos a ponernos en la presencia del Señor para hacer de la Eucaristía una celebración alegre y liberadora, que nos haga personas nuevas, capaces de llevar al mundo la salvación y el amor. De pie para recibir, cantando, a los ministros de esta celebración.


Primera lectura: Os 2,1b.15.b.19-20 (Me casaré contigo en matrimonio perpetuo)

En la primera lectura del Libro del Profeta Oseas, veremos cómo se necesita silencio para escuchar al Señor. Dios siempre habla al corazón, pero a nosotros nos corresponde escoger ese clima sosegado para escucharle. Y si lo hacemos así nos sorprenderá su amor y su ternura. Pongan atención al siguiente mensaje.


Segunda lectura: 1I Cor 3, 1b-6 (La pura letra mata; en cambio, el Espíritu es vida)

Observemos, como dice la segunda lectura, sacada de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios, que no son las leyes, ni la letra, ni la burocracia lo que prima, sino la relación personal con Dios y con los hermanos, que siempre ha de estar presidida por el Espíritu. Escuchemos.


Tercera lectura: Mc 2,18-22 (A vino nuevo, odres nuevos)

El evangelista san Marcos nos cuenta hoy un episodio más del habitual y persistente encontronazo de los fariseos con Jesús. Le van a preguntar por una norma más: por la del ayuno. Y Él les va a dar una respuesta alegre y festiva: la realidad de los amigos del novio en el momento de las fiestas de una boda. ¿Se puede ayunar en una boda? No, claro que no. Pero la enseñanza de Jesús va mucho más lejos. Y es que el Señor no quiere normas que esclavicen y deshumanicen al ser humano. Quiere corazones que, en cercanía a Dios, sepan superarse y renovarse constantemente. De pie para entonar el aleluya, antes de escuchar la Buena Nueva.


Oraciones de los fieles

A cada invocación ustedes responderán:
ESCÚCHANOS. SEÑOR, DIOS NUESTRO.

1.– Por el Papa, para que siga hablando al corazón del ser humano y llevando su mensaje a todo el mundo. OREMOS.

2. – Por los gobernantes para que el Señor les asista en la búsqueda de nuevas soluciones para los nuevos problemas que se plantean. OREMOS.

3. – Por los matrimonios cristianos, para que tengan en la perpetuidad del sacramento la fuerza que les asista en los momentos de dificultad. OREMOS.

4. – Por todos aquellos que se han alejado de la Iglesia, para que en su desierto, descubran que Dios les está hablando al corazón y respondan a dicha llamada. OREMOS.

5. – Por los jóvenes, especialmente los de nuestra comunidad y parroquia, para que descubran la vocación particular a la que el Señor los está llamando. OREMOS.

6. – Por todos nosotros para que sintiéndonos perdonados por Cristo, llevemos este perdón al resto de los que nos rodean.
OREMOS.

7. – Por los países en guerras, conflictos bélicos, para que reine la paz y la armonía. OREMOS.


Exhortación final

Bendito seas, Padre del cielo, por Cristo Señor nuestro.
Él es el motivo de las bodas de tu nueva alianza con tu pueblo,
la Iglesia, y con toda la humanidad redimida en su sangre.

Nos cuesta, Señor, encajar la alegre noticia de tu reino,
porque estamos instalados a gusto en el inmovilismo de lo viejo:
manto raído, odres inservibles, instituciones anquilosadas.
Haz que el vino nuevo del Espíritu, principio de la fiesta,
reviente nuestros odres envejecidos por la mezquindad y la rutina
para que podamos asimilar la sorprendente novedad del Evangelio.

Así abandonado nuestro estilo enmohecido, podremos, Señor,
vivir en la libertad que dan el amor y la amistad contigo.

Amén.

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 328)


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