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Moniciones

Moniciones para el Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B
Moniciones para la Misa.


Por: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net



Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario


Monición de entrada:


Toda la palabra de Dios es creadora, pero congratula de una manera especial que el Señor al crear todo lo haga nuevo. Él siempre transforma y hace renacer. Cuando optamos por seguir a Cristo desde la fe, enseguida aparece la idea de que esta fe no es una ilusión que se desvanece, ni un entusiasmo momentáneo. Es un sí desde lo profundo del corazón. Es el reconocimiento de ese poder sanador de Cristo, que quita el pecado del mundo. Es tomar conciencia de que Él ha entregado su Cuerpo y su Sangre por la remisión de nuestros pecados. Por eso es un momento importante para dar un salto, ponernos en pie, y como el paralítico, dar gloria a Dios por todo lo que hace por nosotros. Puestos de pie, recibiremos a los ministros de esta eucaristía cantando con alegría.


Primera lectura: Is 43, 18-19.21-22.24b-25 (Por mi cuenta borraba tu crímenes)

La profecía de Isaías, que conforma nuestra primera lectura de hoy, es un mensaje de esperanza sobre la generosidad de Dios, que se adelanta incluso a los sentimientos nobles de los hombres de buena voluntad. También, como no, al arrepentimiento de los pecadores, poniéndoles en línea a recuperar su amistad. Texto interesante este del Capítulo 43 del Profeta Isaías que vamos a escuchar a continuación y que debemos meditar en nuestro interior. Pongan atención.


Segunda lectura: 2 Cor 1,18-22 (Jesús no fue sí y no, sino siempre sí)

Comenzamos hoy la lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios y que estaremos leyendo hasta el domingo catorce de este tiempo ordinario, después, incluso, de la interrupción que la liturgia hace de este tiempo con la llegada de la Cuaresma. Esta carta, toda ella, es un ejercicio de sinceridad total por parte de Pablo y una de las más llamativas de las escritas por el Apóstol de los Gentiles. Escuchen con atención este mensaje.


Tercera lectura: Mc 2,1-12 El Hijo del hombre puede perdonar pecados)

San Marcos, en el Evangelio, nos narra el último de los milagros de Jesús de los que hemos ido escuchando en los domingos anteriores y que es una formidable catequesis bautismal para todos aquellos que deseaban acercarse al seguimiento de Jesús. Lo importante de la curación del paralítico es su salvación integral que beneficia a alma y cuerpo y por la cual sus males físicos y sus pecados desaparecen. Y eso hemos de tenerlo en cuenta nosotros, aquí y ahora: la medicina que nos ofrece Jesús en la Eucaristía nos sana del todo. Tengámoslo en cuenta. De pie para entonar el aleluya, antes de escuchar la Buena Nueva.


Oraciones de los fieles

A cada invocación ustedes contestarán:

Señor, apaga la sed de tu pueblo

1.- Por el Papa, los obispos y sacerdotes, que sigan mostrando al mundo la novedad del mensaje de Amor que nos trajo Jesucristo. OREMOS.

2. - Por los enfermos, los desplazados, los que viven en soledad, para que sientan que la Iglesia los acoge y acompaña en su sufrimiento. OREMOS.

3.- Por la paz en todos los países, ciudades, familias y personas de la tierra. OREMOS.

4.- Por todos los que trabajan en las parroquias y movimientos cristianos, para que tengan la misma actitud de servicio que tuvo Jesús en su vida. OREMOS.

5.- Por todos los cristianos que dejaron este mundo, acógelos, Padre, en tu morada eterna. OREMOS.

6.- Por los que celebramos esta eucaristía, para que al compartir tu mesa nos sintamos más unidos a Cristo y a los hermanos. OREMOS.


Exhortación final

Hoy te bendice nuestro corazón, Dios del perdón y del amor,
Porque en Cristo y por la Iglesia nos reconcilias contigo.
Estábamos rotos por el pecado y doblados por el peso de la culpa,
Pero tú alientas a los que paraliza y atenaza el egoísmo estéril,
La mezquindad y el error, la desesperanza y el desamor.

Gracias, Señor, porque, aunque traicionamos muchas veces
Nuestro bautismo, tú no nos rechazas para siempre sino que
Nos invitas a levantarnos y caminar al ritmo de tu amor de Padre.

Reconcílianos, Señor, contigo y con los hermanos;
Haznos sentir el gozo y la alegría de tu perdón que regenera,
Y concédenos un puesto en la ancha mesa de tu fiesta.

Amén.

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 325)




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