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Derechos sociales y políticos
Dios no ha querido que el hombre viviera en solitario, sino que le dotó de una naturaleza social.


Por: G. Lobo. | Fuente: arbil.org



Nos enseña la Revelación cristiana que Dios

«creó de uno solo todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra» (Hech 17, 26).

Dios no ha querido que el hombre viviera en solitario, sino que le dotó de una naturaleza social, de tal modo que el hombre

«no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás» (Gaudium et Spes, n. 24),

a quienes debe tratar con espíritu fraterno. La convivencia social exige en el hombre el deber de colaborar con sus semejantes, pues

«al ser los hombre sociables por naturaleza, deben convivir unizos con otros y procurar cada uno el bien de los demás. Por esto, una convivencia humana rectamente ordenada exige que se reconozcan v se respeten mutuamente los derechos y los deberes coyi diligeiz- cia v eficacia crecientes» (Juan XXIII, Pacem in Terris, 31).

El Magisterio habla de los siguientes derechos del hombre referentes al campo social y político:

Derecho a la seguridad jurídica

«Del ordenamiento jurídico querido por Dios deriva el inalienable derecho del hombre a la seguridad jurídica y, con ello, a una esfera concreta de derecho, protegida contra todo ataque arbitrario» (Pío XII, rm 24-XII-1942, CE 357139, DP-11 8521[481).

Por su parte, Juan XXIII enseña que

«pertenece a la persona humana la legítima defensa de sus derechos propios: defensa eficaz, igual para todos y en conformidad con las normas verdaderas de la justicia» (Pacem in Terris, 27).


Derecho a la libre fijación de residencia
«Se ha de respetar íntegramente el derecho de cada hombre a conservar o cambiar su residencia dentro de los límites geográficos del país» (Juan XXIII, Pacem in Terris, 25).

Derecho a la libre circulación y movimiento
Corresponde a la dignidad de la persona humana el derecho a moverse y a circular con libertad por todo el país. Este es un derecho derivado del anterior, y es preciso tener en cuenta las posibles limitaciones de algunos lugares en atención al bien público o a la seguridad de la nación.

Derecho a la emigración
(Gaudium el Spes, n. 65). Consiste este derecho en la libertad de toda persona de emigrar a otros países y fijar allí su domicilio, pues

«el hecho de pertenecer como ciudadano a una determinada comunidad política no impide en modo alguno ser miembro de la familia humana y ciudadano de la sociedad y convivencia universal, común a todos los hombres» (Juan XXIII, Pacem in Terris, 25).

Aunque derivado, este derecho merece el mayor respeto, pues la mayor parte de los emigrantes van en busca de los medios necesarios para mantener a su familia, o para librarse de opresiones y de persecuciones injustas (cfr Pío XII, rm 24-XII-1952, CE 439ss/17-22, DP-111 1049ssl[29-411).

Derecho de asilo político
Consiste este derecho en la libertad del ciudadano de fijar su residencia en un país diferente del suyo cuando, por motivos meramente políticos, es perseguido por las autoridades públicas (cfr. Pío XII, aloc 20-11-1946, CE 22418, DP-11 9251[151). Atentan contra este derecho la deportación y la repatriación forzada.

Derecho de libre reunión (Gaudium el Spes, n. 73).
«De la sociabilidad natural de los hombres se deriva el derecho de reunión» (Juan XXIII, Pacem in Terris, 23).

Es evidente que los fines que persiga la reunión han de ser honestos; las autoridades públicas pueden regular este derecho de reunión con exigencias justas para garantizar el bien común de la sociedad.

Derecho de libre asociación (Gaudium el Spes, n. 73).
«De la sociabilidad natural de los hombres se deriva el derecho de asocación; el de dar a las asociaciones que creen, la forma más idónea para obtener los fines propuestos; el de actuar dentro de ellas libremente y con propia responsabilidad, y el de conducirlas a los resultados previstos» (Juan XXIII, Pacem in Terris, 23; cfr León XIII, Rerum Novarum, CE 612ss/38-47, DP-111 288ssl[34-401, OGM 48ss/[34-401; Pío XI, Quadragesimo Anno, CE 629ss/9-12, DP-111 634ssl[29-381, OGM 72ssl[29-381; Pío XII, Sertum Laetitiae, CE 67014, DP-111 8561[151).

Es un testimonio de una vida social rica y dinámica la existencia de muchas asociaciones:

«Es absolutamente preciso que se funden muchas asociaciones u organismos intermedios, capaces de alcanzar los fines que los particulares por sí solos no pueden alcanzar eficazmente. Tales asociaciones y organismos deben considerarse como instrumentos indispensables en grado sumo para defender la dignidad y libertad de la persona humana, dejando a salvo el sentido de la responsabilidad» (Pacem in Terris, 24).

De un modo especial hay que considerar las asociaciones de obreros, por cuanto que más hondamente pueden sufrir los abusos del poder Y de los económicamente dotados. Por eso,

«entre los derechos fundamentales de la persona humana debe contarse el derecho de los obreros a fundar libremente asociaciones que representen auténticamente al trabajador y puedan colaborar en la recta ordenación de la vida económica, así como también el derecho de participar libremente en las actividades de las asociaciones sin riesgo de represalias» (Gaudium et Spes, n. 68).

Derecho de participación activa en la vida pública.
«Es perfectamente conforme con la naturaleza de la persona humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin ninguna discriminación y con perfección creciente, la posibilidad efectiva de participar libre y activamente

* en el establecimiento de los fundamentos jurídicos de la comunidad política,

* en el gobierno del Estado,

*en la determinación del campo de acción y de los fines de los diversos organismos y

*en la elección de los gobernantes» (Gaudium et Spes, n. 75; efr Juan XXIII, Pacem in Terris, 26 y 73; Pío XII, rm 24-XII-1944, CE 37117, DP-11 8751[141).

Derecho de sufragio libre
Se entiende por sufragio el sistema mediante el cual el ciudadano participa en la elección de los gobernantes.

«Todos los ciudadanos tienen el derecho y el deber de votar con libertad para promover el bien común» (Gaudium et Spes, n. 75).
 

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