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36. Dios no te abandona cuando te pide una elección espiritual
Devocionario. Oración de abandono

Dios quiere que escuches una llamada personal y una voluntad concreta.


Por: Jean Lafrance | Fuente: Catholic.net




Dios no te abandona a las solas luces de tu razón cuando te llama a hacer una elección espiritual. En la oración es donde verás dibujarse su voluntad.

Estás aquí en el centro de la vida cristiana, pues todo se reduce finalmente, en tu existencia de hombre, a descubrir la voluntad de Dios y cumplirla. Pero si es verdad que te resulta fácil discernir esta voluntad a través de los mandamientos, dudas a menudo de que puedas descubrir lo que Dios espera de ti, en particular en tu situación presente. Cuanto más avances en la vida cristiana auténtica, más elecciones tendrás que hacer las cuales surgen de tu conciencia iluminada por el Espíritu y la ley de las Bienaventuranzas, sin que puedas acogerte a un código, ni a un maestro "que pudiera suponerse que sabe" o estar en posesión de la verdad. Ya se trate de un compromiso político, de un estado de vida, de una profundización de tu oración o de cualquier otra decisión que oriente tu vida, no puedes dispensarte de una elección onerosa que compromete tu fidelidad y tu libertad. Sin embargo, no sería creer en Dios y en su Providencia si pensases que es capaz de abandonarte a tus propias fuerzas en las alternativas de tu vida.

Si quieres conocer la voluntad de Dios, la condición "sine qua non´ es hacerte disponible, es decir, ante una opción que tengas que hacer, el rehusar el preferir tal o cual alternativa, abandonando todo prejuicio que impida a Dios el darte a conocer en qué dirección quiere que te comprometas. En una palabra, no debes tener ninguna idea sobre la cuestión y aceptar entrar en los planes de otro que desvían siempre los tuyos.

Es tal vez la disposición fundamental para realizar una elección según Dios. Pero tal vez te hagas una pregunta: ¿Cómo hacerme disponible si no lo estoy? Te diría que es preciso que te detengas, que te distancies de ti mismo y que interpeles a tu propio juicio. Son otras tantas actitudes que se viven bajo la mirada de Dios, en la oración, para descubrir las resistencias a la voluntad de Dios.

Puede ocurrir que a través de esta oración, Dios te muestre claramente lo que espera de ti, pero no es ésta su costumbre; prefiere hablarte por medio de signos. No tomes demasiado pronto tus buenas intenciones por voluntades de Dios. Una manera de descubrir esta voluntad es analizar los diversos datos y las componentes de la elección, los argumentos en un sentido y otro que se acostumbra a detallar antes de toda decisión. Si haces esto bajo la mirada de Dios, verás cómo las razones en pro o en contra se ordenan según criterios espirituales, por ejemplo el seguir a Cristo por el camino de las Bienaventuranzas; o bien verás aparecer los móviles humanos o egoístas, pues el discernimiento espiritual se refiere también a criterios objetivos: la sabiduría de la Cruz y de las Bienaventuranzas, enunciada por Cristo en el Evangelio. De un lado las razones serán claras, fuertes, ciertas; del otro, sin valor, inconsistentes, turbias o dudosas. No parece que Dios haya respondido a tu pregunta, pero lo ha hecho realmente iluminando y guiando tu inteligencia y tu corazón.

Hay también otra manera de descubrir esta voluntad, y es interrogar a tu afectividad profunda. Si gozas de una paz duradera, y de una verdadera alegría, puedes decir que los proyectos que acompañan a tus sentimientos interiores son queridos por Dios, pues el Espíritu Santo obra siempre en la alegría, la paz y la dulzura. Si por el contrario, estás triste, desanimado e inquieto, puedes suponer que el proyecto formado está inspirado probablemente por la carne o por el espíritu del mal.

En este terreno, lo que parece esencial es la duración y la calidad del deseo. No puedes tener ninguna certeza si te fías del sentimiento de un solo instante. Por el contrario, si, a lo largo de un período más o menos dilatado, tal decisión va siempre ligada a la alegría y su contraria a la tristeza, hay motivo para creer que es Dios quien te envía la consolación del Espíritu y te sugiere que realices la acción correspondiente. Y luego está finalmente el acto libre que te hace elegir esa decisión por Jesucristo. Con mucha frecuencia la paz se estabiliza en tu corazón después de esa opción libre. La experiencia de consolación o de desolación que sigue a la elección confirmará esto último y te indicará claramente si estás en la voluntad de Dios.

Poco a poco lograrás realizar elecciones verdaderamente espirituales, interpretando de manera cada vez más clara los signos de Dios, ya se trate de grandes decisiones que comprometan tu existencia o de opciones relativas a tu vida diaria. Por otra parte esta educación de tu libertad deberá continuarse toda tu vida y cuanto más fiel seas en la respuesta a las solicitaciones del Espíritu, más fácilmente descubrirás lo que te pide.

Para terminar esta meditación puedes leer la llamada de Dios a Samuel (1 Sam 3, 1 a 21); comprenderás la manera cómo Dios habla a los hombres para darles a conocer su voluntad. Samuel vive en el Templo, está al servicio de Eh y le ayuda en el culto, pero no está todavía en íntima relación con Yavé, es decir no ha comprendido la palabra personal y original que Dios le dirige: "Aún no conocía Samuel a Yavé, pues no le había sido revelada la palabra de Yavé" (1 Sam 3, 7). Te pareces a Samuel en que no has percibido la voluntad de Dios sobre ti. Como el joven Samuel, preguntas al sumo sacerdote Eh o a leyes escritas lo que debes hacer.

Pero observa la pedagogía divina. Yavé empieza por llamar tres veces por su nombre, al joven: ":Samuel! ¡Samuel!" Quiere que escuche una llamada personal y una voluntad concreta. Contempla también la disponibilidad de Samuel, a la más mínima llamada, se pone en búsqueda de la voluntad de Dios. ¿Eres sensible a los menores toques del Espíritu que te avisa a través de sucesos aparentemente banales?

Y Samuel va al encuentro del sumo sacerdote; éste no tiene como misión revelarle la voluntad de Dios, no la conoce, pero le pone simplemente en contacto con la palabra de Dios. Así en tu vida, tú preguntas a tu padre espiritual que es experto de la voz de Dios y le pides que te ayude a conectar con la palabra de Dios. Sólo el Espíritu puede hablarle al corazón pero el guía espiritual está allí para ayudarte a verificar la autenticidad de sus llamadas.

Entonces Samuel está pronto para escuchar la voz de Dios pues se ha instalado en una profunda disponibilidad, y no quiere más que una cosa, por encima de sus preferencias, la voluntad de Yavé. Cuando te veas llamado a hacer una elección según el Espíritu, repite a menudo en la oración las palabras del joven Samuel: "Habla, Yavé, que tu siervo escucha". (1 Sam 3, 9). Entonces el Señor te revelará sus secretos .profundos y como Samuel "no dejarás caer en tierra ninguna de sus palabras" (1 Sam 3, 19). Empezarás entonces a ser ese verdadero hombre espiritual, del que habla Pablo, que penetra los secretos de Dios porque está invadido por el Espíritu Santo.



 





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