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35. Deja que tu corazón descanse en la paz de Dios
Devocionario. Oración de abandono

La paz y la alegría son siempre las señales de la acción de Dios en ti.


Por: Jean Lafrance | Fuente: Catholic.net




Deja que tu corazón descanse en la paz de Dios y verás cómo aparece su voluntad clara y precisa sobre ti.

Cuando un agua está turbia, hay que dejarla reposar bajo la cálida claridad del sol para que las impurezas se depositen en el fondo y el agua aparezca pura en la superficie. Lo mismo sucede con tu vida cristiana que se decanta poco a poco en la oración, bajo la mirada de Dios. Si eres fiel y vives bajo la luz del Evangelio, las profundas intenciones de tu corazón se clarifican y ves en ti lo que impide la acción de Dios.

También, el Espíritu Santo inclinará tu corazón hacia tal o cual forma de pobreza para mejor orientar tu vida en el sentido de la voluntad de Dios. Sobre todo aprenderás a estar delante de Dios, para él solo. Cuando trabajas o descansas, obras demasiado por un fin. Te olvidas de lo maravilloso que es estar, sencillamente estar, sin pensar en más. La oración te hace estar delante de Dios. Te hace alcanzar ese fondo del corazón más profundo que todo deseo, todo pensamiento, toda imagen y toda acción. De este modo, estás solo contigo, en los orígenes de tu ser, allí donde tu alma salió de las manos de su Creador. Estás a solas con el Absoluto, solo con la soledad del Solo.

Mira bien la diferencia que existe entre esta elección espiritual realizada a la luz del Espíritu, y las decisiones morales que tomas para cambiar tu vida en el plano humano. Por ejemplo, sucede que decides luchar contra tal defecto, entregarte más a la oración o emprender tal obra ascética para servir mejor a Dios. No puedes descuidar este trabajo de mejora de ti si quieres llegar a ser un hombre libre, pero tiene sus límites y sobre todo permanece en el plano humano. Además, puede hacerse fuera de la oración, con la ayuda de alguien que te conoce bien por ejemplo. Pregunta a tus amigos lo que tienen que reprocharte y comprenderás lo que tienes que cambiar en tu vida.

La elección espiritual a la que se te invita se sitúa en el plano de la vida teologal. Se trata de descubrir la voluntad precisa de Dios sobre ti en un momento dado de tu vida para orientarla. No te puedes fiar, pues, de las solas luces de tu razón y de los recursos de tu voluntad, tienes necesidad de una revelación superior del Espíritu para comprender el designio de amor de Dios para contigo. La oración continua, la contemplación del Evangelio purifican tu corazón y te invitan así a entregar a Dios lo más intimo de tu ser.
En el punto de partida, se da la certeza de que el Espíritu Santo quiere realizar en ti algo que te resulta imposible de definir de antemano.

Habitualmente vienes a la oración con problemas precisos para los cuales quieres soluciones inmediatas obtenidas por el análisis o la decisión. No puedes entonces descubrir la voluntad de Dios que exige una ausencia de cuestión previa y un olvido de lo que eres o de lo que haces. Deja, pues, fuera tus problemas y ábrete a Dios para someterte a una presencia activa del Espíritu que quiere realizarte. Tú no fabricas tu ser, sino que lo recibes de Dios. Sólo entonces, podrás comprender una voluntad personal y actual de Dios en el reconocimiento y aceptación de ti mismo.

En la oración, te conviertes en el lugar de paso del Espíritu, dejando caer poco a poco tus defensas y tus seguridades. Partiendo del punto cero es como puedes volver a encontrar tu ser profundo y llegar a ser un adulto libre y no un personaje. La oración permite esta evolución al permitirte alcanzar un nivel más alto que el de tus actuales preocupaciones. Entonces ya no hay problema ni dualidad, sino un tomar a cargo personal y consciente tu vida para entregársela a Cristo aceptando, sin ilusión, el envite del amor.

Por eso la voluntad de Dios no pide habitualmente conductas extraordinarias o sensacionales. Dios trabaja en el tejido mismo de tu existencia, por tanto su voluntad aparecerá a nivel de tu vida diaria. Te pide, sobre todo, que aceptes con plena lucidez tu ser de hombre, con sus limites y sus deficiencias, a través de las cuales te purifica.

Continúa orando, tomando nota en tu vida de las llamadas precisas y de los deseos que el Espíritu te sugiere, pues siempre te habla a través de tus aspiraciones profundas haciéndote descubrir la voluntad de Dios. Y luego, trata concretamente de traducir cómo quieres realizar esa elección, acomodándola a la necesidad. Puede ocurrir que pongas punto final a esta búsqueda inscribiéndola en un pasaje del Evangelio.

En todo caso, si has elegido según Dios, experimentarás una gran alegría en ti. La paz y la alegría son siempre las señales de la acción de Dios en ti, aun cuando esta alegría exija de tu parte un sacrificio real. Al mismo tiempo, poco a poco, se formará en ti ese espíritu de discernimiento espiritual que te hará "sentir" la voluntad de Dios en todos los acontecimientos de tu vida.



 





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