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33. Ser cristiano, es estar abierto al Padre y a los demás
Devocionario. Oración de abandono

En la oración, déjate identificar con Cristo que es tu relación con el Padre y con los hombres.


Por: Jean Lafrance | Fuente: Catholic.net




En Jesús, contemplas un ser de pura relación; viene del Padre y se ordena al hombre. Ser cristiano, es ser como el Hijo totalmente abierto al Padre y a los demás.

Cuanto más avances en la contemplación del misterio de Dios más descubrirás que no es tan sólo "logos" sino "dialogos", es decir, que para Dios, ser, es esencialmente salir de sí y "decirse" en su Palabra hecha carne. El Evangelio de san Juan, que debes leer bajo esta Óptica, no hace más que traducir el diálogo de Jesús con el Padre y del Padre con Jesús. El descubrir este diálogo en Dios, te lleva, naturalmente, a contemplar en él un "Yo" y un "Tú". Dios es Trinidad de Personas distintas y relativas unas a otras en movimiento de reciprocidad. Para hacernos comprender esto, los teólogos emplean un barbarismo: dicen que en Dios las Personas son "relaciones subsistentes" pues subsisten en una relación de amor.

En Dios la Persona es relación. Cuando invocas al Padre, no lo puedes separar de su Hijo Jesús: "El padre es llamado así, no respecto de si mismo, sino respecto de su Hijo; respecto de sí mismo es simplemente Dios". En Dios, no hay más que sustancia y relación. Esta es una forma original del ser.

Cuando te vuelves hacia Jesús descubres igualmente que esta totalmente orientado al Padre: "El Padre está en mi y yo en el Padre." (Jn. 10, 38). El ser de Jesús es totalmente abierto, es un ser-a-partir-del-otro, un ser "que viene de" y "ordenado a” (J. Ratzinger). Jesús es totalmente relación, sabe de dónde viene y a dónde va (Jn 8, 14).

Jesús viene del Padre del que recibe todo lo que es. Se refiere sin cesar al Padre que es su fuente original. Por eso obra para cumplir la voluntad de aquél que le ha enviado. Pero está también ordenado al hombre al cual quiere introducir en esta fuente original, es decir, en la vida trinitaria: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Esta vida que el Hijo te comunica no es extraña a tu existencia de hombre, constituye el pleno desarrollo en un movimiento de trascendencia. Por eso estar en relación con Jesús, es realizar tu plena vocación de hombre, es entrar en la auténtica existencia. Al crearte a su imagen, la Santísima Trinidad ha hecho de ti un ser dialogal: en el fondo, estás, como Cristo, totalmente abierto al Otro, al Padre, y abierto a los otros, tus hermanos. No puedes realizar tu ser de hombre, sino en una relación de amor y de comunicación con la Persona suprema que fundamenta tu ser.

Si estás así abierto a Cristo en el corazón de tu vida humana, no puedes cortar tu relación con el Padre, pues Jesús está abierto al Padre por "arriba" y a los hombres por "abajo". No serás plenamente hombre sino a condición de unirte al Padre en Jesús. Si descuidas esta relación de adoración filial, tu existencia quedará truncada, pues la vida del hombre consiste en ver y contemplar el rostro de Dios.
En la oración, déjate identificar con Cristo que es pura relación al Padre y a los hombres. Orar, es ser como el Hijo, es hacerse hijo. Para esto, no te apoyes en ti mismo, no te fíes de ti, sino, sé totalmente abierto en los dos sentidos.

Cuanto más persona eres, más ordenado estás al otro, a aquél que es de verdad el Otro, es decir a Dios. Tanto más eres tú mismo cuanto más cerca estés del Único, de Dios. Asimismo, el Padre te envía, como a su Hijo, hacia tus hermanos. Eres totalmente tú mismo el día en que dejas de replegarte sobre ti mismo para ser pura apertura a Dios.

"Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo." (Jn 17, 3). En esta palabra de Jesús tienes la realización de tu verdadera vocación. Al encontrarte, Cristo te introduce en la vida eterna, que es pleno desarrollo de tu vida humana llevada a su perfección, pero, para ti, vivir una existencia auténtica, es, ante todo, entrar en relación de amor con el Padre. En la oración Cristo te invita a compartir su diálogo de amistad con el Padre; esto es lo que da a tu vida su valor de eternidad.



 





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